Publicado en Comic

Muertos Vivientes

Ya he escrito aquí, alguna vez, sobre mi extraña afición a los zombies. No es que me atraiga el gore ni que sea uno de esos aficionados a, una vez al año, darse un garbeo por ahí a la caza de cerebros. Es, simplemente, que el genero me despierta, a partes iguales,  cierto terror atávico y cierta simpatía. Aunque tampoco me vale cualquier excusa para sacar a los muertos de las tumbas y ponerlos a arrastar sus muñones sanguinolentos 😛

Me gustan las historias que siguen el canon de George Romero tanto para dar risa como para dar miedo.  De estos últimos descubrí casi por casualidad la serie de comic Los Muertos Vivientes, escrita por Robert Kirkman y dibujada por Tony Moore primero y Charlie Adlar  después.  No recuerdo exactamente qué es lo que me atrajo de un planteamiento trilladísimo (los muertos se levantan de sus tumbas, se desencadena el apocalipsis, un grupo de personas trata de sobrevivir a toda costa frente a las hordas de cadáveres hambrientos, bla, bla, bla) y de un dibujo en blanco y negro correcto pero sin alardes. Si embargo me compré el primero, busqué el segundo, devoré el tercero y el cuarto y, ayer, empecé con el quinto.

Es una serie que me tiene cada vez más enganchado. ¿Por los zombies? No, los zombies son lo de menos. Una excusa argumental. Un McGuffin. Lo increíblemente bueno de Los Muertos Vivientes es su guión. La descripción de los personajes y su erosión física y psíquica es espectacular. Todavía trato de explicarme como consigue Kirkman meterte tan bien y tan profundamente en la cabeza de unas personas cada vez más demenciadas por la situación absurda y totalmente desesperada en la que viven. Pero el caso es que lo hace. Y lo hace muy bien.

Los Muertos Vivientes es una dosis brutal de literatura: es tensión, es desesperanza, es empatía y es una profunda angustia. En el fondo es genial por su capacidad para generar emociones. Por eso este fin de semana le han dado un premio Eisner (uno de los galardones más prestigiosos del mundo del cómic). Por eso Frank Darabont ha comprado los derechos para hacer una serie de TV. En la ComicCon de San Diego se proyecto el primer tráiler; la imagen es un asco pero el contenido promete

Actualización 13/09/2010 ya está disponible el trailer en YouTube y, además, la gente de Fox se ha tomado la molestia de crear una página también para el público español de la serie, con sus correspondientes cuentas en Facebook y Twitter.

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Publicado en Cine

Zombies, palomitas y heavy metal

Después de pasarme media vida consumiendo cine he llegado a la conclusión de que sólo me gustan dos tipos de películas: las que son buenas y las que no aspiran a serlo. Y estas segundas, si están bien hechas, me gustan mucho. El cine nació como un entretenimiento de barraca de feria y, pese a que todas las obras maestras que ha generado desde entonces lo han convertido en un arte por méritos propios, a mi también me gusta comprarme un enorme cucurucho de palomitas y ver una peli gamberra y sin pretensiones que aspire únicamente a hacerme pasar un buen rato.

Ayer pasé uno de esos buenos ratos gracias a Bienvenidos a Zombieland. Me imagino que no sorprenderé a nadie si digo que no es una buena película. Sin embargo es una película honesta que, precisamente, no aspira a nada más que a resultar divertida. Y lo consigue. La historia es simple, los personajes están son bastante esquemáticos y la película es muy salvaje, pero Bienvenidos a Zombieland es también una road-movie llena de humor, de guiños cinéfilos impagables y con una banda sonora muy potente.

Desde unos títulos de crédito – geniales en su montaje a ritmo de For Whom The Bell Tolls de Metallica – visualmente impactantes, la película marca un tono gamberro que se acentúa con diálogos bordes y con un Woody Harrelson que ha disfrutado a fondo, y se nota, haciendo la película. Me encantó toda la secuencia de la mansión de Beverly Hills y creo que la aparición de Bill Murray es todo un homenaje a ese gran cine de entretenimiento que se hacía en los 80.

Para mi, Bienvenidos a Zombieland ha sido todo lo que Grindhouse podría haber llegado a ser si Tarantino y Rodriguez no la hubiesen inflado de pretensiones: un entretenimiento fácil y simpático cargado de balas, zombies y heavy metal. Tampoco se le puede pedir mucho más ¿no?