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The Badass Vampires!

Hace la friolera de 17 años (uf!) aparecieron por la gran pantalla un Tom Cruise rubio (más uf!) y un Brad Pitt de lo más coquetón haciéndose el vampiro. Recuerdo que vi Entrevista con el Vampiro (Neil jordan, 1994) en su estreno y recuerdo también que no me gustó nada. Entonces yo tenía quince añicos y el gusto cinematográfico un poco por civilizar (ese año también vi de estreno Dos Tontos muy tontos…) pero los años, y las revisiones, no han mejorado mucho mi opinión. Es cierto que la peli no está mal. Está considerablemente bien ejecutada y, además, a mi me gustan los vampiros ¿Entonces donde está el problema?

Pues me ha costado pero casi veinte años después lo he encontrado. El problema es el puñetero vampiro guaperas con chorreras. De verdad. Que haya tenido que venir la familia Cullen a despertar mi más absoluto desprecio para darme cuenta… Aunque realmente no han sido los emochupasangres los que me han puesto sobre la pista. Qué va. Quien me ha ayudado a entender que esos vampiros no molaban nada ha sido el Príncipe de las Tinieblas ¿Drácula? No, no. Alguien aún más perverso: Stephen King. Bueno, realmente el culpable ha sido Scott Snyder pero King también andaba por allí y nunca hay que desperdiciar la oportunidad de agradecerle al maestro los escalofríos.

En narrativa es habitual utilizar la antítesis como herramienta para realzar las cualidades de un personaje. Cuando enfrentas a alguien a su némesis esperas que el lector o el espectador entienda lo bueno de un personaje visualizando la maldad de su contrario. Pues bien, en mi caso hay un bicho parido por Scott Snyder, y bendecido por King , que me ha ayudado a ver que los Cullen, Louis, Lestat y el resto de emovampiros son una panda de nenazas.

Drácula, también el de Coppola, es un caballero, es un tipo refinado y sofisticado que, sin embargo, disfrutaba como un cochino en una charca abriendo gaznates. La grandeza de la criaturita de Stoker, de la de Polidori es su brutal naturaleza. La civilización, la pose aristocrática, sólo es un leve camuflaje para los instintos más animales. Por eso molan. Porque son una bestia liberada. Snyder lo entiende. Y lo mangifica. Su vampiro da miedo. Da mucho miedo. Además, en su caso, ni siquiera se molesta en disimularlo con una pátina de civilización.

Me parece que American Vampire es un tomo imprescindible para la biblioteca comiquera de cualquier aficionado al terror. Pero no sólo al terror. Mención a parte del arte (todo un descubrimiento el señor Albuquerque) creo que hará disfrutar como enanos a los que alguna vez echaron una partida de la llamada de Chtulhu o vieron al Grupo Salvaje sembrar el caos en la frontera. He tardado en hacerme con él pero no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Es más, ya estoy esperando que salga más material. Me gusta mucho ese Badass Vampire. Ya era hora de devolverle la dignidad al chupasangres.

American Vampire 6 Cover by *rafaelalbuquerqueart on deviantART

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Vampiros de serie B

No sé muy bien por qué pero, desde que recuerdo, me han fascinado los vampiros. Incluso cuando era un nano y se supone que los monstruitos debían aterrorizarme, me recuerdo lector voraz de libros como El pequeño vampiro. Luego la fascinación se enriqueció gracias a los cuentos clásicos, las viejas pelis de la Hammer que emitían en La 2, al Salem’s Lot de Stephen King o a los tebeos del CreepShow que leía en el barbero al que me llevaba mi abuelo.

Supongo que, con estos antecedentes (y pese a que mi interés por el mito abarca también revisiones y vueltas de tuerca como el universo de La Mascarada o ese interesante experimiento de marketing que ha sido True Blood), es normal que toda referencia al vampiro clásico – el de la capa y el acento transilvano – capte de inmediato mi interés. Por eso, cuando en Zona Fandom me descubrieron El Príncipe de la Noche, decidí rascarme el bolsillo y pasarme por una tienda de cómics para buscarlo.

Me he pasado el fin de semana dando cuenta de él en la playa y tengo que decir que no me han dolido los 24€. La verdad es que el guión no es una maravilla y contiene un par de escenas con diálogos un poco vergonzantes de puro ridículo (por cierto, a los chicos de Glénat se les han escapado algunas erratas). Aún asi me ha gustado mucho. Swolfs recupera el sabor del vampiro clásico recurriendo a todos los arquetipos de la serie B. La apuesta era arriesgada porque podría haberle quedado un refrito un poco lamentable pero le ha funcionado muy bien. En el cómic esta simpleza de planteamientos da más agilidad y permite crear un relato dinámico.

En el apartado gráfico es una joya. Los dibujos de Swolfs son una pasada pero, además, la reconstrucción de los escenarios históricos y de ese París de los años 30 es soberbia. También me ha sorprendido mucho el uso narrativo que se hace del color: las gamas frías y grisáceas para la soledad de un castillo, el resplandor dorado para las noches en el teatro de la ópera o el rojo y el negro para las veladasde invierno  junto a la hoguera.  En ocasiones es casi cinematográfico.

El Príncipe de la noche no es ni mucho menos original y en ocasiones cae en algún que otro tópico prescindible pero desde luego es una buena obra. La estructura del relato es muy ágil, el dibujo de Swolfes es esmerado y minucioso y la sensación que te queda después de haberla acabado es la de haber disfrutado considerablemente.

BSO recomendada:

The Butcher’s Ballroom, Diablo Swing Orchestra