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Mesas vacías

He tratado de mantenerme al margen. En la medida de lo posible. Y ha sido difícil porque el tema me despierta sentimientos contradictorios. Hasta que alguien puso en Facebook un enlace. Veo muchos últimamente sobre este tema. Pero este en concreto, sin contar nada nuevo, sin ser especialmente fiable, sin aportar nada más al tema que un montón de habladurías, me dolió. Fue esa foto, de mesas vacías y sillas abandonadas, la que me devolvió allí. Años atrás, cuando yo también me sentaba en una de esas mesas. O en otra parecida.

Fueron seis años los que pasé allí, de manera intermitente. Seis años en los que, efectivamente, fui testigo de docenas de desmanes y de derroches. En los que padecí a sindicatos incompetentes y a incompetentes no sindicados que ladraban mucho y mordían poco con tal de mantener la poltrona. Pero también fueron seis años en los que aprendí y disfruté. Compartí mi vida con un montón de gente increíble. Gente que me enseñó a trabajar en equipo. A ver la tele de otra manera. A disfrutar del subidón de adrenalina en un directo. A cazar falleras en una ofrenda. A currar. Y a reírme de todo en la medida de lo posible, aunque fuese editando un vídeo sobre John Ford a las dos de la mañana.

Aún me acuerdo de todos. En cierto modo, añoro aquellos momentos. Porque, aunque no me arrepiento en absoluto de haber dejado atrás esa época, los años que pasé entre esas mesas no volverán. En esta vida, para bien o para mal, todo tiene fecha de caducidad. Todo salvo la impunidad vergonzante de la que gozan algunos. Los mismos a los que nunca les importó llegar a esta situación. Porque en este caso, como en tantos otros últimamente  siempre pagan los mismos.

Va por ellos. Un abrazo compañeros. Aún desde el tiempo y la distancia se os recuerda. Y se os echa de menos.

 

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Sons of Anarchy: Shakespeare, Proudhom y Harley Davidson

Creo que fue una columna de Pepe Colubi en El Jueves la que me puso en alerta sobre Sons of Anarchy. No recuerdo qué me llamó la atención exactamente sobre la serie. De hecho creo que la referencia tampoco me impactó excesivamente así que me bajé, digo…. pedí prestados un par de capítulos y los dejé en barbecho hasta momentos más propicios…

Y quien me iba a decir que el momento propicio llegaría con los desvelos de la paternidad. Todo el mundo me había repetido, por activa y por pasiva, que ser padre es una experiencia que te cambia la vida. Un cambio que empieza con un método de tortura que se llama privación de sueño. Como me paso unas cuantas horas en blanco mientras trato de dormir a las niñas, he aprovechado para ver más series y más pelis.

Tiré mano de esos capítulos de Sons of Anarchy como recurso temporal y… me he quedado totalmente enganchado. ¿Por qué? Buf, por todo. El tío Tower habló en un comentario a otro post de las motos y el Rock&Roll pero es solo la punta del iceberg.

Debajo hay referencias clásicas. Las más evidentes son las ‘shakespeareanas’ (pedazo de palabro) que combinan la familia de Hamlet con algo de Ricardo III, Falstaff y un poquito de MacBeth (de Lady MacBeth para ser más exactos).

Pero hay mucho más. La serie está impregnada de una profunda reflexión sobre el uso de la violencia, sobre la autoridad y sobre el respeto. El respeto que hay que ganarse a culatazos de AK47. Las memorias del padre de Jaxs son un tratado profundamente ético sobre las servidumbres – ¡vaya paradoja! – de la anarquía. Y las Harleys, a través de la desértica frontera californiana, rememoran los centauros de John Ford cabalgando por Monumental Valley.

No me quiero poner más pedante. Sons of Anarchy es una de las mejores series que he visto en mucho tiempo.  Ya lo he dicho. Me he ventilado la primera temporada en una semana y, pese a lo que lamentaré después que se me acaben los capítulos, no puedo esperar a empezar con la segunda.

Ahí os dejo un adelanto de lo que me espera…

Actualización 15/09/2010

¡¡¿¿Cómo se puede acabar una temporada así??!! Ya ha caido la segunda y me ha dejado todavía más ansioso. Y yo que pensaba que el final de la cuarta de Dexter era crispante…

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Sólo los cínicos sirven para este oficio

Este fin de semana he leído un post en Sin Futuro y Sin un Duro (un blog que debería leer más de un pope mediático, por cierto) que me ha hecho reflexionar sobre el papel que ha jugado la prensa en al cacareado caso Gürtel y, por extensión, en todas las tropelías diarias que cometen nuestra nunca suficientemente denostada clase política.

Recuerdo que, en la facultad, nos hablaban de Montesquieu, de Habermas y del cuarto poder (qué gran película). Entonces yo trabajaba en prensa local y me parecía que lo de que un alcalde se reuniese en privado con un grupo de constructores era una excepción y una lacra en el fiable sistema democrático. Tiempo después di con el trasero en la televisión autonómica y allí descubrí no sólo que la corrupción existe si no que es generalizada y descaradamente conocida: desde los directivos que discuten en la cafetería por ver quien tiene el despacho más grande hasta los sindicatos que torpedean a los opositores más capaces a cambio de funcionalizar a unos cuantos afiliados más; cubre todas las esferas, salpica a todos los departamentos y sólo la critican aquellos que no pueden participar de ella.

Conozco gente en otras televisión autonómicas y me consta que la situación es generalizada. Y no creo que sean la única empresas públicas podridas hasta el tuétano (de hecho lo sé). ¿Por qué no se dice nada? ¿Por que los medios sólo se hacen eco de la corrupción política cuando salpica a los grandes personajes de los grandes partidos? Pues quizá porque entonces la basura le huele tan mal a tanta gente que resulta imposible esconderla más. Y, en ese caso, todos sabemos que según el medio la información se sesgará en función de los intereses editoriales.

Y es que muy a menudo se nos olvida que los medios son empresas y son sus intereses empresariales los que guían sus contenidos. Por eso vemos atónitos como el grupo PRISA carga contra el gobierno sólo cuando éste aprueba una ley que perjudica sus intereses con respecto a las retrasmisiones deportivas. Los partidos usan sus medios afines como aparato de propaganda externo y, cuando están en el poder, los retribuyen o los castigan en base a no se sabe muy bien qué criterios. Y todos los periodistas lo saben y todos los periodistas se callan (nos callamos). Por que quien más y quien menos tiene hipoteca o hijos o se cree las mentiras que escribe a fuerza de repetirlas.

Por eso se publican las notas de prensa sin contrastar, por eso se cubren las declaraciones institucionales sin preguntas. Porque en España (que es el país que conozco y del que puedo hablar) los medios no informan, ni denuncian, ni combaten. Sólo atacan con saña si creen que pueden obtener del ataque algún beneficio.

Recuerdo haber devorado hace años un maravilloso libro de Ryszard Kapuscinski llamado Los cínicos no sirven para este oficio. Sin embargo hoy en día parece que sólo los cínicos pueden seguir este ejerciendo este oficio. A las empresas periodísticas no les interesa el derecho a la información, ni la libertad de prensa ni la democracia. Sólo están obsesionadas por mantener su cuota de mercado y de audiencia.

Y sin embargo parece que cada vez es más fácil comunicar, informar y transmitir. Las barreras de entrada han desaparecido y por primera vez los periodistas tenemos la oportunidad de convertirnos en el medio. Cuando todo el mundo tiene la capacidad de producir información nosotros tenemos la experiencia para editarla, para constrarla y para mejorarla. Ya hay muchas voces que empiezana a mostrar cómo hacer posible otro periodismo. Es muy difícil entre otras cosas porque, de nuevo, quien más y quien menos tiene hipoteca o hijos o ambas cosas y, además, todos tenemos la fea cosatumbre de comer a diario y todavía está por ver cómo la democracia y el derecho a la información real generan puestos de trabajo. Además, no creo que ninguno de los que alguna vez dijo que quería ser periodista pensaba en hacerse rico con esto.

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La tele, los medios y Twitter…

Esta mañana he estado en unas jornadas en la Cámara de Comercio de Valencia sobre marketing online en las que hemos podido escuchar a gente de Google, Microsoft, PayPal y Tuenti. Realmente el tema en sí de las jornadas es lo de menos; lo que ocurre es que durante las charlas he ido tomando conciencia de las posibilidades periodísticas de Twitter.

Hace casi una semana me quedé enganchado a la retransmisión que hizo 233 Grados de la presentación de los premios INVI de RTVE. Fui siguiendo el desarrollo de todo el acto a través de los Tweets que enviaba la persona encargada de cubrir el evento y tengo que darle mi enhorabuena porque supo captar mi atención desde el primer momento.

Aunque apenas llevo unos meses usando Twitter pero no es la primera vez que veo un uso de este tipo. Muchos usuarios del pajarico informan a los que los siguen cuando están en un acto interesante y les cuentan como se desarrolla éste.

Periodísticamente el canal ofrece unas posibilidades espectaculares, eso sí, si los profesionales de la información son capaces de adaptarse al código específico de Twitter. No lo digo sólo por los 140 caracterese; hay muchos medios cuya actitud de cara a  este canal consiste en hacer un volcado de titulares (que termina convirtiéndose en otro tipo de spam).

Twitter para mi es una gran conversación en tiempo real y esa es clave de la revolución periodística que ofrece. Se puede narrar un acontecimiento in situ pero, además, permite a quienes lo están siguiendo interaccionar con el informador.

En el caso de las Jornadas de la Cámara de Comercio, Twitter permitió que los compañeros que se habían quedado en la oficina se echasen una risas a costa del representante de Microsoft (que no lograba hacer funcionar su .pptx en un Office 2003). Esa fue la excusa para iniciar la conversación; a partir de ahí ellos participaron incluso y en el acto, nos enviaron algunas dudas y nos plantearon preguntas para los ponentes.

Creo que esa es la clave periodística de Twitter: tiene la capacidad de hacer al público partícipe, a través de los periodistas,de un acontecimiento; los lectores pueden preguntar, realizar peticiones o transmitir sus dudas. En lugar de tomarla con Google, los medios deberían darse cuenta de que no sólo es posible otro periodismo, si no que, además, se puede llevar a cabo sin ellos…

ACTUALIZACIÓN 9/06/2009

Por lo visto Twitter sirve hasta para hacer entrevistas en directo. Brandlife le ha hecho hoy una a Julio Alonso y la verdad es que ha sido muy interesante ir siguiédola mientras estaba en marcha.