Publicado en El plumilla, Periodismo

Octubre en El Diario – CV

Este mes he empezado a colaborar con El Diario. es – Comunidad Valenciana. La versión local está impulsada por un grupo de periodistas con mucha mili a sus espaldas que ha creído necesario sumar una voz crítica al triste panorama mediático que tenemos por aquí.

Yo contribuyo – en lo que puedo – con una columna semanal. Espero que no se arrepientan de habérmelo pedido 😉

Las publicadas en octubre son:

  • Eppur si mouve‘: Una bienvenida a la cabecera y todos los ánimos posibles para el equipo que ha decidido poner en marcha el proyecto.
  • Temblores: O por qué hay empresas horadando el suelo que pisamos sin que realmente nadie nos haya informado del grave riesgo que eso supone.
  • La ciudad estúpida: Porque la administración es, a menudo, el primer escollo para lograr una SmartCity.
  • La (des)honrada mujer del César: Cuando el dinero manda la clase política ni siquiera se preocupa de aparentar un mínimo de decencia.
Publicado en Comunicación, Pataletas

¿Quién vigila al vigilante?

Esta mañana a primera hora, como todos los días, le he echado un ojo a la prensa (en internet) mientras me tomaba el re-desayuno 🙂 y casi le escupo el café a la pobre pantalla: Los editores, en contra del plan de ayudas a la prensa del Gobierno. Llevo varios días (quizá incluso meses) poniendo a caldo los medios de comuniación por lo mal que están encajando la cacareada crisis de la prensa. Me indigna la actitud, la verdad, porque he pasado muchos años dando tumbos por redacciones de prensa, radio y televisión y sé que son ellos los que están cavando su propia tumba. Pero no voy a volver sobre el tema otra vez, sobretodo cuando el periodista Manuel M. Almeida ha hecho uno de los análisis más lúcidos de lo que él llama el fracaso de la prensa.

Lo que me ha parecido ya el colmo de la desfachatez es que la Asociación Española de Editores (AEDE), según cita El Mundo, argumente su crítica diciendo que “las medidas no suponen un plan estructural para un sector que es garante de derechos y libertades y no se acercan ni remotamente a las ayudas de otros países” (la negrita es del original). O sea que, para garantizar la independencia de la prensa, el gobierno debe intervenir en su economía y, de paso, extender un cheque en blanco a los editores para que puedan seguir empleando sus medios para felicitarle el cumpleaños al Pato Donald (otro adalid de los derechos y las libertades, dónde va a parar).

Me parece un planteamiento, cuanto menos egoísta; eso por no decir que es de un cinismo vergonzante. A los medios les (nos) encanta aparecer como adalides de la liberté, la egalité y la fraternité pero la verdad es que hace ya mucho que han perdido el compromiso con la información. Hemos llegado a un punto en el que incluso los intentos de una gran empresa por adoptar una estrategia de comunicación más transparente se considera un ataque a la exclusividad de la prensa como gestor del monopolio de la información.

Los medios de comunicación, como institucion, están ya muy lejos de ejercer ese cuarto poder del que habló Burke. Y no creo que debamos ser los ciudadanos, y los periodistas, de a pie los que les sufraguemos la respiración asistida. Sobre todo cuando otro tipo de prensa es posible.

Publicado en Comunicación

Tres siglos de prensa española en Internet

Parece que, además de demonizar a los internautas y alentar a que las entidades de gestión de derechos de autor hagan el cafre, el ínclito señor Molina encuentra algún huequecillo para salir en la foto abanderando iniciativas realmente interesantes.

Acabo de leer en El País que el Ministerio de Cultura ha hecho algo útil: publicar en Internet cuatro millones de páginas de prensa, publicadas entre los siglos XVIII y XXI.

Para los que hemos pasado parte de nuestra vida académica rebuscando en viajas hemerotecas es una notica de esas que te hacen saltar la lagrimita. No sólo se trata de divulgar parte de nuestro patrimonio histórico y cultural. Para mi el gran avance de esta iniciativa es que hace accesible nuestro pasado: permite a cualquier persona ver qué temas interesaban en una determinada época, qué opinaron los protagonistas de determinado hecho histórico e, incluso, qué productos se anunciaban en la prensa.

La base de datos está accesible aquí

Publicado en Comunicación

Nos gusta el jurgoooooool!!!!

Lunes, 8.15 de la mañana. Yaaaaaawwwwwnnnnnn!!!!!! (monumental bostezo)

Abro el SAGE para echarle un ojo a lo que me he perdido el fin de semana y, poco a poco, me voy quedando anonadado por lo que ven mis ojos. ¿Las elecciones vascas? No ¿las gallegas? Tampoco. Ah, entonces seguro que es la creciente tensión internacional que amenaza con desestabilizar el statu quo entre las dos Coreas. ¡¡Qué va!!

Me deja boquiabierto el jurgol.

Pero no me entendáis mal. Lo que me alucina no es ningún resultado; ni mucho menos. Creo que sólo he visto un partido entero en mi vida y lo hice porque la crónica deportiva era parte del temario obligatorio de redacción periodística.

Lo que ahora me sorprende es que en los diarios españoles – esos que se autodenominan ‘de prestigio’ – las elecciones autonómicas han tenido que pelearse con el fútbol por un hueco en primera página. En El País hay seis noticias dedicadas a este deporte; en El Mundo, cinco. Teniendo en cuenta que en ambos medios hay cerca de veinte noticias en portada, el fútbol (sí, no hablo de otros deportes) protagoniza el 25% de la actualidad.

Alguno me dirá: es que el fútbol es actualidad. Bueeeeeno. En la BBC también tienen su sección de deportes. Y en el NY Times. Es cierto, en todos los medios del mundo el deporte es un elemento informativo más (menos en Le Monde, pero ya sabéis que los franceses ni corren ni sudan; sólo leen a Camus, comen baguette y fuman Galoises), pero ubicado en su justa medida: en un menú inferior, en una barra lateral…

Además, le doy cinco duros (de los brillantes del agujerico, qué no se diga) a quien encuentre por ahí titulares que derrochen estilo, brillantez y saber hacer periodístico como: El Valencia se raya, La madre de todas las remontadas rojiblancas o, y este me encanta, El gran clásico de todas las emociones.