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Rock The Fall!

Después de unas cuantas entradas bastante espesas he decidido desengrasar un poco y darle caña a la música.  En vistas del feed-back que, por varios canales, me llegó del post de Los Bastardos Finlandeses, y dado que he tenido un otoño de lo más musical (y no lo digo por el llanto en estéreo que me ameniza las tardes ;D) me ha parecido una buena idea recopilar repasar tres grupos que me he encontrado el último mes.

Todos ellos, como muchos otros que ya he comentado alguna vez, los he descubierto gracias a Spotify y me han supuesto una sorpresa agradable: hoy en día se sigue haciendo música muy buena (según mi criterio, o sea: rock duro y malcarado :P).

Sin más rollos, ahí van cinco grandes descubrimientos musicales:

  1. Them Croocked Vultures: No se puede decir que sea un proyecto de nuevos valores. De hecho estos tres tienen mucha mili a sus espaldas, sobre todo dos de ellos: John Paul Jones y David Grohl. El primero fue uno de los fundadores de Led Zeppelin, el segundo es un de los músicos más influyentes de los últimos 15 años. Los dos se han unido al ex Queens of the Stone Age, Josh Homme en un supergrupo…. particular. Es que es la única palabra que se me ocurre para lo que hacen. Es rock,  sí; recuerda a Led Zeppelin o Queens of Stone Age, también. Pero es, es… es Them Croocked Vultures 🙂
  2. Aibourne: Al que no le guste AC/DC que no siga leyendo. Son australianos, son bastante duros y, como dice su bio en Spotify, ‘nunca llevarían una camisa rosa’.
  3. Volbeat: Aunque los descubrí en verano estoy escuchándolos mucho estos días. La culpa la tiene un proyectillo que he recuperado tangencialmente al que le pega mucho sus historias neo-noir. Son bastante heavy y, aún así, tienen un toque rock muy clásico. Michael Poulsen, su alma mater, define su estilo como ‘elvis metal’. Yo os recomiendo su tercer disco, Guitars Gangsters and Cadillac Blood. De hecho os dejo un vídeo de una canción, de ese disco, que me gusta especialmente. Por cierto ¿soy el único al que le recuerda al universo de 100 balas?
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¡Malditos bastardos (finlandeses)!

Diga lo que diga el anteriormente conocido como Símbolo de Mineapolis, también llamado como señor Príncipe de la lluvia púrpura y de cuyo nombre de ahora no puedo ni quiero acordarme, ni Internet está muerto ni desde luego él tiene idea de lo bueno que está siendo para la música. Al menos está siendo una gran bendición para aquellos a los que nos entusiasma  la música (como lo es para los entusiastas del cine o del cómic, aunque de eso escribiré otro día…).

Hasta hace diez o doce años los que teníamos gustos musicales poco ortodoxos (por no decir abiertamente raritos) teníamos pocas opciones: cintas piratas sacadas de la discoteca de algún amigo y la sección de importación de las tiendas especializadas. Punto. Aún así mi generación tuvo la suerte de poder acceder a muchísima más música que la de mis padres. Sin embargo las opciones más comerciales dejaban fuera todo aquello que no estuviese dentro (aunque fuese tangencialmente) de los circuitos mayoritarios.

La Red, sin embargo, ha permitido que el acceso a los contenidos se haga global. Para mi eso, musicalmente hablando, ha significado tener a mi disposición grupos y discos de mercados que desconocía. Gracias a este acceso he descubierto el j-rock, el rock alternativo que se hace en europa y, sobretodo, el espectacular hard rock que se está haciendo en Escandinavia. Conocía los proyectos más o menos relacionados con el metal sinfónico, como Therion o Nightwish. Sin embargo gracias a LastFM,primero, y a Spotify, después, he encontrado algunos grupos que se han convertido en imprescindibles en mis listas de reproducción. Primero fueron los heterodoxos Diablo Swing Orchestra, cuya mezcla caótica y genial de metal con swing y arreglos sinfónicos me dejaron con la boca abierta.

Hace poco he añadido a mi listado de favoritos a los Bastardos Finlandeses (ni es una traducción ni una adaptación, os juro que se llaman así); son un remedo boreal de Motorhead, pero me parecen absolutamente geniales.  Ahí va una muestra de lo que son capaces de hacer este hatajo de extras de Sons of Anarchy 🙂

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Karaokes televisados

Cuando una gran estrella muere los medios, ávidos de e mociones que enganchen a la audiencia, diseccionan cada aspecto de su vida. Michael Jackson no ha sido una excepción, ni mucho menos. Sin embargo toda esta saturación informativa me ha servido para darme cuenta de dos cosas: que soy capaz de tararear más canciones de Jackson de las que pensaba y que por encima de todo Jacko era único e irrepetible.

Supongo que este segundo aspecto es una auténtica perogrullada pero creo que muchas de las mentes pensantes que mueven los hilos de la industria cultural, musical y cinematográfica sobretodo, no se detienen a pensar lo importante que resulta. Ayer, paseando por un centro comercial, descubrí que todo lo que sonaba en la tienda eran versiones de grandes éxitos del pop español en los que la voz original había sido sustituída por el ganador de algún concurso de televisión.

No voy a ponerme a darle vueltas  a la SGAE, los derechos de autor y la murga de siempre; sin embargo si que creo que, cuando la industria discográfica se queja de los pocos discos que se venden debería plantearse qué tipo de discos se pretende vender y sobre todo deberían analizar qué tipo de música está dispuesta la gente a comprar. Las versiones, por ejemplo, no tienen sentido si no aportan nada a la ejecución original; yo soy un gran aficionado a las versiones de canciones clásicas (del rock, del pop, del jazz…) pero siempre que los nuevos intérpretes revisen la pieza original enriqueciéndola con su visión particular.

Desde luego los modelos de distribución ya no son los mismos que hicieron millonario a Jackson pero sigue siendo posible vender discos si la propuesta es interesante. Hace unas semanas me sorprendió la maravillosa fiesta de la música que se celebra en París; en cada esquina un grupo interpretaba a su manera y, casi todos los que tenían sus discos con ellos vendieron unos cuantos ejemplares. Muchos, además, promocionaban sus blogs, sus páginas en MySpace o, incluso, las de los grupos a los que idolatran.  Y el público estaba entusiasmado. La gente está ávida de música, de buena música, y si las discográficas no están dispuestas a dársela ya se preocuparán ellos de buscarla. Aunque sea en la calle.