Publicado en Pataletas

Karaokes televisados

Cuando una gran estrella muere los medios, ávidos de e mociones que enganchen a la audiencia, diseccionan cada aspecto de su vida. Michael Jackson no ha sido una excepción, ni mucho menos. Sin embargo toda esta saturación informativa me ha servido para darme cuenta de dos cosas: que soy capaz de tararear más canciones de Jackson de las que pensaba y que por encima de todo Jacko era único e irrepetible.

Supongo que este segundo aspecto es una auténtica perogrullada pero creo que muchas de las mentes pensantes que mueven los hilos de la industria cultural, musical y cinematográfica sobretodo, no se detienen a pensar lo importante que resulta. Ayer, paseando por un centro comercial, descubrí que todo lo que sonaba en la tienda eran versiones de grandes éxitos del pop español en los que la voz original había sido sustituída por el ganador de algún concurso de televisión.

No voy a ponerme a darle vueltas  a la SGAE, los derechos de autor y la murga de siempre; sin embargo si que creo que, cuando la industria discográfica se queja de los pocos discos que se venden debería plantearse qué tipo de discos se pretende vender y sobre todo deberían analizar qué tipo de música está dispuesta la gente a comprar. Las versiones, por ejemplo, no tienen sentido si no aportan nada a la ejecución original; yo soy un gran aficionado a las versiones de canciones clásicas (del rock, del pop, del jazz…) pero siempre que los nuevos intérpretes revisen la pieza original enriqueciéndola con su visión particular.

Desde luego los modelos de distribución ya no son los mismos que hicieron millonario a Jackson pero sigue siendo posible vender discos si la propuesta es interesante. Hace unas semanas me sorprendió la maravillosa fiesta de la música que se celebra en París; en cada esquina un grupo interpretaba a su manera y, casi todos los que tenían sus discos con ellos vendieron unos cuantos ejemplares. Muchos, además, promocionaban sus blogs, sus páginas en MySpace o, incluso, las de los grupos a los que idolatran.  Y el público estaba entusiasmado. La gente está ávida de música, de buena música, y si las discográficas no están dispuestas a dársela ya se preocuparán ellos de buscarla. Aunque sea en la calle.

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The man in the mirror

Llevaba unos días dándole vueltas a qué escribir cuando volviese de vacaciones; a fin de cuentas, diez días en París entre literatura, gastronomía y cine dan para muchas líneas. Sin embargo creo que el primer post de mi regreso debe ser una nota de duelo para quien, sin duda alguna, ha sido y será uno de los mayores fenómenos de la historia de la música. Quizá uno de los últimos. Creo que ya sabréis todos que hablo de Michael Jackson.

No tengo demasiado aprecio por el pop y nunca fui un gran fan suyo pero al César lo que es del César: Jacko revolucionó el concepto de la música de masas como en su día hicieron los Beatles y estoy convencido de que el mundo no sería hoy igual sin su toque y su desmesura. Y es que esa nota exagerada, histriónica y totalmente desmedida son parte de su mérito y de su leyenda. Jackson supo convertir la música en un auténtico espectáculo sin precedentes. Su sentido cinematográfico de la interpretación logró elevar sus videoclips a la categoría de auténticas piezas fílmicas. Para ello incluso supo convencer al mismísimo Martin Scorsese para que se pusiese tras las cámaras en el video de Bad.

Y desde luego no fue el único director importante con el que contó; Thriller estuvo dirigido por John Landis, Remember the Time por John Singleton y The don´t care about us por Spike Lee. Su relación con el cine fue incluso más lejos, además de hacer sus pinitos como actor – emulando al espantapájaros de el Mago de Oz o haciendo un cameo en los dos MIB – produjo sus propias películas o innovó con técnicas de efectos especiales nunca vistas (como el morphing de Black or White)

Para su música, por supuesto, también era un perfeccionista obsesivo y, como me ha recordado el único uzbeko de la Olivereta que habita en Arizona, Michael Jackson supo buscar a los mejores músicos para dotar a sus trabajos de una ejecución técnica impecable. Por eso, incluso los que no hemos sido grandes seguidores suyos, somos capaces de recitar de carrerilla la letra de más de una docena de canciones; de hecho creo que todos tenemos al menos una entre nuestras favoritas (la mía es Give in to me, con esos fills de Slash que arropan al Rey del Pop aprovechando el último tirón del Glam Metal).

Desde luego, un personaje tan desmedido sólo podía tener un final trágico y triste; era la única manera de no hunidirse en su propia miseria, de no verse arrastrado por escándalos sexuales y deudas vergonzosas. Ha sido el único modo de trascender definitivamente de la normalidad y pasar, para siempre, a formar parte de la leyenda. Bueno pues va por él, va por la leyenda: Gonna Make A Difference / Gonna Make It Right