Publicado en Comunicación, Periodismo

Periodismo y marca personal

Esta semana la Universidad Cardenal Herrera y el Hotel Astoria han organizado uno de sus desayunos “Coffee&Talk” que en este caso giraba en torno a la Marca Personal y las Redes Sociales. Conducido por la  la profesora Elvira García de Torres, el desayuno contó con una amplia representación de todos los actores de la ciudad implicados de algún modo en el sector de la comunicación, desde periodistas a responsables de comunicación pasando por empresas y, por supuesto, instituciones.

A lo largo de una interesante presentación, Elvira ligó el concepto de marca personal de los periodistas al potencial de desarrollo de los propios medios. Tal y como afirmó ella misma:  “Las marcas personales dan valor a las empresas”. Es algo que los propios medios empiezan a ver y así pudimos comprobarlo gracias a los testimonios de periodistas en activo que comentaron cómo en sus propios medios se estaba viviendo esa transición, a veces a la fuerza, para tratar de recimentar el prestigio del medio – perdido en muchas ocasiones debido a su falta de contacto con la realidad – en una relación más estrecha con su público.

Esto, no obstante genera nuevas tensiones. Por un lado los periodistas no saben hasta qué punto son dueños de sus perfiles sociales. Tal y como coincidieron en reconocer Sergi Pitarch – redactor de Levante-EMV y presidente de la Unión de Periodistes – , Vicente Andreu – ex responsable de contenidos del departamento multimedia de RTVV – o Manuel Furió – director de Hortanoticias y Presidente de la Asociación de Medios Digitales -, los medios condicionan lo que publican sus periodistas en sus perfiles y eso influye también en lo que dicen o dejan de decir a título personal.

Este condicionamiento es bastante delicado por las propias características de la empresa periodística – donde a menudo se presupone que los trabajadores comulgan con la línea editorial de su medio aunque con frecuencia no sea así – sin embargo es algo a lo que los profesionales que trabajamos en comunicación corporativa estamos bastante acostumbrados.

No son frecuentes las oportunidades de compartir un rato distendido con compañeros del sector de la comunicación en el que poder compartir ideas, experiencias y opiniones desde una perspectiva transversal a todos los actores implicados. Fue una gran experiencia, muy didáctica y que ojalá pueda tener continuidad.

Aquí os dejó el vídeo de la cobertura que ha realizado la Universidad Cardenal Herrera sobre el evento:

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Google Media Tools – Una aproximación

Las herramientas de Google Media Tools
Las herramientas de Google Media Tools

Google acaba de lanzar Media Tools, una recopilación de recursos para periodistas. No se trata de una aplicación nueva ni de una suite pensada exclusivamente para plumillas. Es más bien una recopilación de herramientas ya lanzadas y consolidadas por Google a lo largo de los últimos años. La novedad es que todas estas aplicaciones se presentan organizadas en función del papel que pueden jugar en el trabajo diario del periodista. De este modo, hay una categoría dedicada a hacer más efectivas las búsquedas, otra a poner a disposición de los profesionales herramientas de interacción con la audiencia, otra que promueve el uso de mapas y elementos gráficos generados a través de las soluciones de Google, etcétera.

Pese a que no hay novedades en sí en el abanico de soluciones, creo que la manera de sistematizar el acceso a los recursos informativos que ha acometido el buscador es muy útil. Media Tools también supone un espaldarazo al papel que deben y pueden jugar los periodistas en el ecosistema informativo digital: la noticia no está en el simple dato o en el hecho. La información se distribuye de manera casi libre y todo el mundo puede acceder a ella. El papel del profesional está en el del análisis, la contextualización y la reflexión sobre una ingente cantidad de hechos e informaciones que nos llegan a desbordar.

Me ha gustado la iniciativa de Google y creo que algunas de las herramientas que se listan en Media Tools son especialmente útiles. Si me tuviese que quedar con media docena de aplicaciones imprescindibles, escogería estas:

  • Advanced Search: Es el buscador hipervitaminado, con todas las opciones para restringir búsquedas y evitar el ruido o la injerencia de Webs muy agresivas en sus campañas de posicionamiento.
  • Public Data Explorer: Reúne datos sobre estadísticas públicas a nivel mundial
  • Google Trends: Permite conocer tendencias de búsqueda y comparar términos, periodos y lugares.
  • Drive: La suite para gestionar documentos en la nube de Google.
  • Analytics: El otro canal de feedback. La puerta trasera para conocer qué hace el lector, cómo interactúa con la información, qué le gusta y qué no.
  • Crisis Response: Google se pone solidario y, desde aquí, promete hacer accesible y en tiempo real toda la información sobre catástrofes y desastres naturales.

Pero cada periodista debería echarle un vistazo a las diferentes categorías y probar las aplicaciones de Media Tools. Es la única manera de configurar la paleta de herramientas con la que cada uno  llegue a estar más cómodo.

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Y la verdad salvó el periodismo

Ayer se celebraron las V Jornadas de Periodismo Digital que anualmente organiza OIMED. Bajo el título “La era del periodismo social”, a lo largo del día se hablo mucho de periodismo pero también de interactividad, de entornos abiertos, de movimientos sociales, de redes, de problemas pero, también, de oportunidades. En un entorno de crisis y de malas noticias en el que los periodistas se han convertido en un colectivo seriamente amenazado resulta que no todo está perdido.

No quiero pecar de ingenuo pero el terremoto comunicativo que vivimos desde finales de los 90 debe desembocar en un ecosistema en el que los periodistas, en tanto que profesionales de la información, son más necesarios que nunca. Para mi esa debería ser la principal conclusión de la mesa redonda Luces y sombras: la información en entornos abiertos e interactivos que tuve ocasión de moderar en la Jornada. En ella Yolanda Quintana habló de algunas de las ideas que recoge en su libro “Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” y apuntó que, efectivamente, el público ha dejado de permanecer inactivo. Produce, comparte y distribuye información continuamente y en tiempo real. Sin embargo se trata de información en bruto. Sin procesar, sin contrastar y sin verificar. Información sesgada o errónea que en ocasiones, como apuntó la profesora Elvira García al hilo del seguimiento de los incendios en Valencia este verano, distorsiona tremendamente la realidad.

En un entorno así es muy necesario el filtro profesional de alguien con el suficiente criterio y profesionalidad como para sistematizar la información que emite el público y contrastarla debidamente. En este flujo de contenido el papel del periodista como alguien capaz de certificar la autenticidad de un hecho cobra un papel clave tal y como insistió en la misma mesa Ximo Clemente, presidente de la Unió de Periodistes.

Ojo, el periodista y no el medio porque, precisamente, los medios no acaban de sentirse cómodos con este flujo de información ciudadana y, además, los propios ciudadanos no terminan de fiarse de cabeceras que saben condicionadas de antemano. Es el profesional el que tiene ahora que reivindicar ese valor y, tal y como se apuntó en la mesa, debe hacerlo precisamente trabajando la información para lograr esa confianza verificando fuentes y datos. Porque su honestidad, su coherencia y su compromiso democrático son más importantes que nunca.

Efectivamente todavía es necesario aclarar cuestiones tan peliagudas como los modelos de negocio que puedan derivarse del ejercicio del periodismo y, en consecuencia, cómo podemos hacer económicamente viable  esta información contrastada que necesitamos. Sin embargo sí que nos da argumentos más que sobrados para seguir reivindicando una profesión que, aunque denostada, es todavía imprescindible si queremos vivir en una verdadera democracia.

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Periodismo SoLoMo

Esta semana tuve la oportunidad de participar en una de las mesas redondas de la III Jornada Democracia 2.0. que organiza AVAPOL.

Fue una ocasión interesante de contrastar algunas ideas que desde la red se van imponiendo en el sector de la comunicación y que suponen cambios y oportunidades inauditos no solo para los medios sino también para el resto de la sociedad.

A fin de cuentas, tal y como comenté en mi turno de exposición, la llegada de las TIC supone una revolución cultural de implicaciones similares a las que trajo consigo la imprenta en 1450. Y, en última instancia, este invento contribuyó a la ola de revoluciones burguesas que sacudió Europa y América desde finales del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX.

Ante esa perspectiva no podemos ni siquiera imaginar hasta donde sacudirá Internet nuestras estructuras sociales. Aún así ya hay algunos sectores que han cambiado totalmente debido a ella.

El de los medios es uno de los que más frecuentemente se lamenta del daño que ha hecho la red en la industria. Y en cierto sentido no le falta razón puesto que si hay algo que Internet está haciendo saltar por los aires es la industria periodística. La industria, pero no el periodismo. Si comparamos las cifras del EGM con las de hace diez años vemos que el número de lectores de prensa y oyentes de radio ha aumentado y este incremento se debe a que el estudio contempla tanto soportes on como offline.

Los medios, tal y como los conocemos, están condenados. Son estructuras pesadas, caras y alejadas de la realidad cotidiana y hoy en día eso los deja sin una auténtica razón de ser. Pero el hecho de que los medios convencionales estén desmoronándose no implica, en absoluto, que desaparezca el periodismo. Claro que será muy diferente del que conocemos. Debe serlo, por fuerza. Un periodismo más pequeño, más cercano, más versátil y, sobretodo, más pendiente del ciudadano.

En cierto modo, al menos desde lo que vengo observando como parte de la Asociación de Medios Digitales, es la traslación al medio de comunicación de las tres tendencias que marcarán la evolución de la red para los próximos años: SoLoMo, o lo que es lo mismo, Social Local Mobile.

La razón de ser de los medios es que estén hechos de abajo arriba y desde la periferia al centro. Entendido así el periodismo funciona porque el público es perfectamente capaz de ver el valor que el medio aporta. Es cierto que todavía existen muchos interrogantes en torno al modelo de negocio que lo pueda sustentar, en torno a la profesionalización y en torno a la estructura de lo soporte pero también lo es que la sociedad ha cambiado y los ciudadanos exigen, como debe ser, una responsabilidad a los medios.

Aquí podéis ver el Prezi de la presentación:

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¡Enséñame la pasta!

A través de mi ex profe (y compañera en la Junta de la AMDComVal) Elvira García me llega el estudio de GAD3 sobre la presencia de los medios de comunicación en las redes sociales. La investigación me ha hecho darle vueltas a algunas ideas. No las toméis demasiado en serio. Sólo son reflexiones en voz alta.

A primera vista parece un estudio interesante aunque desde el primer momento he echado en falta cualquier referencia a los beneficios económicos de esa presencia en redes sociales. El contenido es muy difícil de rentabilizar así que el trabajo periodístico apenas es un negocio hoy en día. Y, sin embargo, ante esta coyuntura, cada vez se invierte más en la difusión de este contenido a través de medios sociales sin una aparente contraprestración económica.

También es cierto que, en primera instancia, la rentabilidad de estos soportes puede ser otra. Javier Ruiz, director de la Red Comarcal, nos contaba hace poco en una sesión de trabajo con otros responsables de medios que la cobertura que hicieron en su periódico del incendio de Cortes de Pallás en Twitter les supuso un incremento del 30% en el número de seguidores. Seguidores que, obviamente, no computaban en su cuenta de resultados puesto que no accedían, en princpio, al periódico y no incrementaban el número de visitas (por las que les pagan sus anunciantes). Aún así la cobertura les reporta un incremento en el nivel de exposición. Algo que, para medios pequeños, es crucial. A partir de ahí supongo que entra dentro de la estrategia de cada cual el llegar a fidelizar a esos potenciales lectores que han caído en su órbita.

Hasta cierto punto la aplicación se puede llevar también a todos los soportes. Los grandes medios están en contacto directo con sus lectores a través de los medios sociales pero ¿es todo a lo que podemos aspirar? A veces parece como si el tener una página en Facebook o una cuenta en Twitter fuese un fin en sí mismo para un medio de comunicación. Pero ¿acaso la presencia en las redes y el contacto con los lectores no es más que otro medio para cumplir con la función de informar?

Creo que ese es el foco que hay que habría que mantener y, en una realidad ideal, lo que habría que luchar por hacer rentable. Tal y como están las cosas, si el medio no es capaz de sostenerse a sí mismo, no tiene opción de existir. Aunque, por otro lado, quizá la vinculación con la audiencia a través de las redes haga a esta más dependiente del medio. Otra cosa en la que no entran los estudios (ni este ni otros) es en la capacidad de movilizar a estas bases de audiencia. Quizá, en entornos locales o especializados en los que el medio cumpla con una función bien reconocida, habría una vía para el crowdfunding

Pocas respuestas y muchas preguntas.

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BBC o la (aparente) honestidad de los medios públicos

Leo en 233grados que la BBC ha encargado una auditoría de la calidad de su cobertura sobre los acontecimientos de la llamada Primavera Árabe. 

Parece que el análisis responde a un mecanismo de autoevaluación. La cadena pública inglesa quiere saber qué tal lo han hecho informativamente y si hubiese sido posible mejorar el trabajo periodístico durante estos sucesos históricos. 

Yo tengo que aplaudir públicamente la iniciativa. Más allá de la eficacia de un análisis de este tipo y de las conclusiones a las que se llegue esta voluntad pública de autocrítica es algo inaudito en los medios de otros países. Sobre todo en el nuestro. 

¿Será verdad que otro periodismo es posible?

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Moralistas y correveidiles

Tovía no acabo de creerme la tontuna que se ha montado con Herman Tertsch. O mejor dicho, la tontuna que le han montado al Gran Wyoming los popes de la libertad de expresión. Justo los mismos que se callan y otorgan cuando un gobierno que les cae manifiestamente mal se pasa la susodicha por el forro de los anteproyectos dejando en manos de un comité de expertos el cerrojazo a los medios de comunicación que, en el fondo, es una página Web.

Pero esa es otra historia y me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Esta pataleta venía por el absurdo de una polémica absurda que, para mi, viene a ratificar que los que se consideran periodistas serios en este país no dejan de ser un hatajo de fariseos moralistas y correveidiles. En el  fondo me demuestran que, efectivamente, sólo los cínicos sirven ya para el oficio. Y es que lo de Tertsch es un auténtico ejercicio de cinismo: el implicado ha sido el primero que ha echado tierra sobre el asunto y no ha denunciado nada oficialmente sobre una agresión que cada vez me huele más a pelea de borrachos; eso sí, también ha sido el primero en rasgarse las vestiduras y hacerse la víctima en televisión. En la misma televisión donde unos días atrás no tuvo ningún problema en justificar el terrorismo de estado.

A mi el programa de Wyoming hace tiempo que dejó de hacerme gracia. Sin embargo con ese vídeo que algunos consideran tan aberrante sí me reí. Es muy difícil obtener una sonrisa de una barbaridad como la que dijo Tertsch y el que lo logró fue, simplemente, un programa de humor. Como tal hay que tomárselo y así hay que entenderlo. Porque si en este país fuésemos capaces de reirnos más y de más cosas – aunque sean las barbaridades que dice Tertsch – quizá nos tomásemos menos en serio las vestiduras rasgadas y los adalides de la libertad de expresión no tendrían más remedio que buscar notoriedad ocupándose de lo que nunca deberían haber dejado de ocuparse: meter en cintura a las instituciones que les dan cobijo y a las que tanto se cuidan de criticar.