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Tener un buen plan…

Cuando uno se ha pasado buena parte de su vida profesional escribiendo y, además, ha tenido que hacerlo rápido, con presión y sometido a todo tipo de condicionantes externos, se acostumbra a producir líneas como una máquina de churros: tiene claros los ingredientes, tiene claro el objetivo y lo que queda en medio, el texto, lo improvisa al vuelo confiando en su capacidad para conseguir un resultado aceptable.

A lo largo de las dos últimas semanas he estado trabajando en el guión del documental del que he hablado últimamente. En un principio, con poco tiempo disponible por el día a día, me estaba temiendo no estar a la altura. Pensaba que tendría que escribir a toda máquina forzando un poco los contenidos para cumplir con los plazos. Sin embargo no ha sido así. No puedo decir que haya sido un paseo, el tiempo apremiaba y tuve que escribir el primer borrador casi de un tirón (una tarea imposible, por cierto, si no hubiese contado con la ayuda de Gemma), pero afortunadamente tuve un salvavidas que me mantuvo a flote durante todo el proceso de redacción: el tratamiento. El hecho de tener un plan maestro, una hoja de ruta que me llevaba del punto A al punto B y de ahí al C, me permitió concentrarme en la literatura sabiendo perfectamente de dónde venía y a dónde debía llegar.

La experiencia me ha recordado lo importante que es la información y la planificación previa. No sólo a la hora de escribir; cualquier acción con un objetivo concreto que exige un desarrollo táctico escalonado va a salir mejor si está planificada de antemano. Sobre todo si los implicados en su desarrollo conocen el plan. Si después surgen inconvenientes – que surgirán – la capacidad de reacción del equipo y su flexibilidad serán capitales, pero no cabe duda de que incluso estas producirán mejores resultados si se ejecutan de acuerdo a un buen plan.

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Buceando en la historia…

Hace cosa de un mes avanzaba aquí que una historia me tenía fascinado. Han pasado casi treinta días desde que comenté en voz alta lo que llevaba tiempo rumiando y que, en ese momento, no tenía visos de llegar más allá del papel. Sin embargo las cosas han evolucionado de una manera curiosa y ayer cerramos por fin la escaleta del que será mi primer documental como guionista. Realmente era muy escéptico con la viabilidad del proyecto y ya daba por perdido ya que pudiésemos llevar a buen puerto la idea pero, afortunadamente, detrás de todo esto hay un director más optimista y mucho más valiente que yo. Gracias a él ya puedo decir que estamos en marcha.

Es un proyecto que me hace especial ilusión por dos razones: en primer lugar porque voy a colaborar con un equipo formado por viejos, y nuevos, amigos de los que he aprendido mucho; en segundo lugar porque este proyecto me va a permitir bucear en un periodo histórico que tuvo una influencia sorprendente – y muy poco conocida – en las costas españolas, la I Guerra Mundial. De hecho el mayor reto ahora está en la investigación histórica porque, antes de cerrar el guión definitivo, tenemos que convertir en certezas un buen puñado de suposiciones y sospechas.

Y poco más puedo contar de momento; a finales de mes esperamos tenerlo todo listo para empezar a gravar pero eso dependerá de lo bien que se den las visitas a archivos y hemerotecas que, en los próximos días, se van a volver ser bastante habituales…

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Una historia que contar

Recuerdo hace mucho tiempo que, en mis primeros años de universidad, me marcó mucho una frase que siempre he visto atribuída a García Márquez pero cuya autoría no he conseguido confirmar nunca: el fracaso del periodismo se debe a que los periodistas han perdido la facultad de contar historias.

Después de pasar 10 años escribiendo para diferentes medios, y pasando la mitad de estos trabajando en televisión, doy fe de que los periodistas vivimos cada vez más alejados de la realidad y más obsesionados con la actualidad (que en el 90% de los casos se limita a lo que marcan las agendas oficiales). Quizá sólo en un par ocasiones el día a día de la redacción me permitió rozar apenas una historia de verdad, de esas que ayudan a encajar un poco mejor las piezas mostrándote el mosaico desde otra perspectiva.

Cuando dejé de trabajar directamente en medios pensé que echaría de menos la posibilidad de cruzarme con esas historias pero, por suerte, es difícil echar de menos algo que en realidad no has tenido nunca.

Ahora, desvinculado del periodismo y de la tecla como modo de vida, resulta que me he encontrado con una historia de las buenas. Realmente ha sido ella la que me ha encontrado a mi: ha llegado y me ha sacudido un puñetazo en la barriga. Es una historia que te lleva a otras historias, es una historia vieja, es una historia dura y amarga, es una historia épica… Es una historia que me apetece mucho contar.

De momento no puedo contar mucho más al respecto porque hay que cerrar un montón de cosas aunque si una cosa tengo clara es que me voy a tener que esforzar escribiendo un buen guión. Espero acordarme de cómo se hacía…