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Invictos sin épica

Invictus es la mejor película que he visto últimamente en el cine y, sin embargo, me ha defraudado. Supongo que las expectativas con las que fui a verla era demasiado altas. Claro que, tratándose de Clint Eastwood, es normal crearse esas expectativas. También es normal que después de Gran Torino, El Intercambio y Cartas desde Iwo Jima (quizá una de las mejores películas bélicas de la historia) uno esté acostumbrado a esperar películas con una calidad excepcional, muy por encima del mediocre panorama cinematográfico habitual. Si, además, la historia que vas a ver cuenta la historia de un personaje de la talla de Nelson Mandela el listón queda por las nubes.

Invictus tiene una factura impecable y un ritmo excepcionalmente bien llevado. Morgan Freeman mimetiza a Mandela de tal modo que brilla muy por encima del resto del reparto (incluído un Matt Damon con cuyo personaje no acabé de empatizar en ningún momento). Sin embargo la sensacion que deja la película es de absoluta superficialidad. Pese a la grandeza y la trascendencia del momento histórico del que habla apenas podemos llegar a entender lo que supuso la presidencia de Mandela; yo eché de menos una mayor profundidad a la hora de retratar el fenómeno del apartheid, de hacernos entender la división entre las dos sociedades surafricanas…

Sin ese retrato, sin ese trasfondo (que se esboza pero apenas se concreta) no podemos entender la épica que hay detrás de la figura de Mandela y el símbolo que debe ser ese equipo de rugby se queda cojo. Lo que me defraudó de Invictus fue precisamente eso, que la gran metáfora sobre el perdón, el compromiso y la grandeza que estábamos esperando ver se queda en una simple anécdota deportiva.

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In Pixar We Trust

Llevo tiempo quejándome de lo lamentable que es la programación cinematográfica últimamente (y por últimamente me refiero a los últimos cuatro o cinco años). Y lo malo del caso es que, después del chasco que me llevé con Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, empiezo a perder las esperanzas incluso en los valores seguros que más horas de entretenimiento me han proporcionado.

Pero entonces llega Pixar y estrena una nueva película. Y el cine vuelve a ser un espectáculo maravilloso. Acabo de ver Up y me parece la mejor película que se ha estrenado en España desde Gran Torino.

Sin llegar a la perfección absoluta que para mi tiene Wall-E, Up es el retorno al cine de aventuras más clásico. El ritmo, la acción, los personajes… todo encaja a la perfección para trazar un espectáculo clásico que, además, la gente de Pixar ha sabido dotar de una impresionante profundidad humana. Me emocionó mucho la manera de trazar la biografía del personaje a través del prólogo; me fascinó como la perfección técnica de la animación sostiene parte de la narrativa; incluso me convenció en alguno de sus aspectos más convencionales (el desahogo cómico, la resolución de ciertos aspectos…).

Ojalá se hiciesen más películas como Up. Ojalá todos los estudios tuviesen el amor al cine que muestra Pixar. Ojalá todos los cineastas fuesen tan delicados con su trabajo. Ojalá encontrase más razones como esta para poder volver al cine todas las semanas.