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Vampiros de serie B

No sé muy bien por qué pero, desde que recuerdo, me han fascinado los vampiros. Incluso cuando era un nano y se supone que los monstruitos debían aterrorizarme, me recuerdo lector voraz de libros como El pequeño vampiro. Luego la fascinación se enriqueció gracias a los cuentos clásicos, las viejas pelis de la Hammer que emitían en La 2, al Salem’s Lot de Stephen King o a los tebeos del CreepShow que leía en el barbero al que me llevaba mi abuelo.

Supongo que, con estos antecedentes (y pese a que mi interés por el mito abarca también revisiones y vueltas de tuerca como el universo de La Mascarada o ese interesante experimiento de marketing que ha sido True Blood), es normal que toda referencia al vampiro clásico – el de la capa y el acento transilvano – capte de inmediato mi interés. Por eso, cuando en Zona Fandom me descubrieron El Príncipe de la Noche, decidí rascarme el bolsillo y pasarme por una tienda de cómics para buscarlo.

Me he pasado el fin de semana dando cuenta de él en la playa y tengo que decir que no me han dolido los 24€. La verdad es que el guión no es una maravilla y contiene un par de escenas con diálogos un poco vergonzantes de puro ridículo (por cierto, a los chicos de Glénat se les han escapado algunas erratas). Aún asi me ha gustado mucho. Swolfs recupera el sabor del vampiro clásico recurriendo a todos los arquetipos de la serie B. La apuesta era arriesgada porque podría haberle quedado un refrito un poco lamentable pero le ha funcionado muy bien. En el cómic esta simpleza de planteamientos da más agilidad y permite crear un relato dinámico.

En el apartado gráfico es una joya. Los dibujos de Swolfs son una pasada pero, además, la reconstrucción de los escenarios históricos y de ese París de los años 30 es soberbia. También me ha sorprendido mucho el uso narrativo que se hace del color: las gamas frías y grisáceas para la soledad de un castillo, el resplandor dorado para las noches en el teatro de la ópera o el rojo y el negro para las veladasde invierno  junto a la hoguera.  En ocasiones es casi cinematográfico.

El Príncipe de la noche no es ni mucho menos original y en ocasiones cae en algún que otro tópico prescindible pero desde luego es una buena obra. La estructura del relato es muy ágil, el dibujo de Swolfes es esmerado y minucioso y la sensación que te queda después de haberla acabado es la de haber disfrutado considerablemente.

BSO recomendada:

The Butcher’s Ballroom, Diablo Swing Orchestra