Publicado en Otras cosas, Pataletas

Hacer historia

Entre todos los topicazos que estos días he escuchado con respecto al mundial me ha hecho mucha gracia lo que se ha insistido en que la selección ha hecho historia. Sé que el periodismo en general y el periodismo deportivo en particular se nutre de simplificaciones y de lugares comunes. Sin embargo lo de hacer historia me ha parecido el colmo de la simpleza.

Cierto, es la primera vez en la historia que España no sólo llega a una final sino que, además, la gana. Estupendo, somos campeones del mundo y bla, bla, bla. Pero de ahí a hacer historia…. buf. No sé, yo pensaba que hacer historia era desafiar al Senado y cruzar el Rubicón, pulverizando los dogmas morales sobre los que se asentaba la república romana. Hacer historia es poner la Tierra girando alrededor del Sol y arriesgarse a morir en la hoguera por ello. Hacer historia es encontrarse con América o descubrir la penicilina, aunque sea por accidente.

Sin quitarle mérito a los que se han batido el cobre en Sudáfrica, esta gente sólo (¡sólo!) ha hecho un buen trabajo. Uno que en España nunca nadie había hecho tan bien. Es cierto. Pero no han logrado nada cuyas implicaciones sean tan vastas y tan profundas que vayan a cambiar nuestra forma de ver las cosas. Mañana seguiremos teniendo un 20% de parados, nuestros políticos continuarán siendo un hatajo de incompetentes mezquinos y egoístas, todavía seremos el eslabón más débil de la cadena europea y, por supuesto, los holandeses continuarán usándonos como su destino de turismo basura.

Sólo he visto, de forma fugaz, un destello de esperanza en el periplo sudafricano. Durante una semana, por primera vez en bastante tiempo, todos hemos sentido una bandera, una identidad, una idea; pero fue una ilusión efímera que desapareció como vino. Vale, España ya ha ganado el mundial. Estupendo. Y ahora ¿qué?

Publicado en El plumilla, Otras cosas, Proyectos

Memoria selectiva

Estos días estoy enfrascado en la escritura del guión del documental que estamos preparando. Me está costando horrores porque estoy escribiendo contrarreloj y robando tiempo de donde puedo pero, aún así, es una parte que estoy disfrutando. No sólo por el hecho en sí de darle forma a la historia; también porque que estoy descubriendo un periodo histórico que conocemos muy por encima. Cuando se trata de guerras mundiales, la Segunda domina las estanterías de las bibliotecas, la ficción cinematográfica y nuestro imaginario colectivo. Sin embargo me está resultando sorprendente la influencia que tuvo aquella ‘Gran Guerra‘ en la historia de España. Además de lo determinante que resulto la Primera Guerra Mundial para la evolución de la economía española – con lo que esto supuso para los acontecimientos históricos que se desarrollaron en los años 20 y 30 – resulta que durante el conflicto España fue uno de los territorios donde hubo un mayor despliegue de misiones secretas de espionaje y sabotaje.

Como el país era neutral tanto los agentes alemanes como los ingleses podían desarrollar sus actividades sin demasiado miedo a ser descubiertos por las autoridades locales. Además ambos bandos usaban a las empresas españolas para evadir los respectivos bloqueos económicos y conseguir mantener abiertas las líneas de suministro. Los armadores españoles hicieron fortuna llevando carbón y cereales a los aliados y minerales a los Imperios Centrales.

En la Península Ibérica se desarrollaron algunas acciones encubiertas realmente sorprendentes. Una de las que me ha llamado la atención fue un rocambolesco plan alemán para desencadenar una guerra biológica contra Inglaterra. El objetivo de los germanos era entregar a una espía que viajaba a Sudamérica varios viales con Ántrax. Ella debía localizar en el continente americano una partida de ganado destinada a Inglaterra e inocular la plaga a los animales. Los alemanes querían, de este modo, extender la bacteria entre las granjas inglesas para minar la moral británica y crear escasez de alimentos. No he conseguido averiguar si el plan tuvo éxito o no. Por lo que sé los viales de Ántrax entraron en España ocultos en un submarino y dos agentes alemanes consiguieron llevarlo a su embajada y entregárselo a la espía encargada de trasportarlos hasta Buenos Aires donde su pista se pierde.

Me sorprende que historias como esta, que se desarrollaron, en nuestro país hayan caído en el olvido más absoluto. Y es una lástima porque siempre que escarbo un poco me doy cuenta de lo rica, interesante, abierta y absolutamente desconocida que es nuestra historia, más allá de los episodios que todo el mundo conoce y a los que siempre estamos dándoles vueltas. A veces parece que ni políticos, ni escritores, ni periodistas, ni investigadores sean capaces de mirar más allá de su propio ombligo y me da pena porque siempre me queda la sensación de que nos estamos perdiendo algo ¿no os parece?

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Tijeras

Debía haber escrito y publicado este post el miércoles, para poner mi granito de arena virtual a la iniciativa que puso en marcha Javier Peláez desde La Aldea Irreductible. Obviamente esta contribución no iba añadir nada en absoluto a la campaña ‘la ciencia española no necesita tijeras’, que ha hecho bastante ruido en Internet, pero es que yo también estoy harto de que las tijeras siempre corten por el mismo sitio.

Tengo la enorme suerte de conocer unos cuantos investigadores y algunos de ellos me dejan decir por ahí que son amigos míos. Uno de ellos, después de pasar unos cuantos años como becario en una universidad española, pasó a uno de los laboratorios genéticos más avanzados del mundo (en EEUU) y, de ahí, a incorporarse como investigador titular a una importante universidad británica. Otro de ellos es jefe de proyectos de I+D en una multinacional después de haberse doctorado en Francia gracias a una beca del gobierno galo. Creo que son dos personas brillantes – que me deberán una cerveveza 🙂 – y, sin embargo, los dos tienen un futuro que, al menos a medio plazo, se desarrollará lejos de España.

No he buscado estos ejemplos para dar la brasa con la puñetera fuga de cerebros. Ya se encargan los medios de volver sobre el tema porque, al parecer, es lo único que la gente ve cuando se habla de I+D. Yo he querido hablar de mis amigos porque ambos me han ayudado a entender cómo funcionan otros modelos económicos más avanzados en los que la investigación es una pieza clave.

Aunque mi cabeza es absolutamente impermeable a los conocimientos macroeconómicos, hasta yo entiendo que en una crisis los modelos más competitivos salen adelante mientras que los modelos menos productivos se estancan. Si, cuando Francia y Alemania empiezan a levantar cabeza, la OCDE nos tira de las orejas, no hay que ser muy listo para adivinar qué es blanco y viene en botella.

Realmente el sistema universitario español es un coladero en el que el dinero público se desperdicia a mano llenas (como en el resto de la administración). En las dotaciones presupuestarias de los proyectos pesan más los criterios políticos que la rentabilidad de los proyectos y la conexión con el mundo de la empresa es prácticamente inexistente. Sin embargo el núcleo de la investigación científica española se realiza en los institutos públicos porque, en el sector privado, el estímulo a la inversión es prácticamente cero. Y lo es porque en España no ha rentado nunca destinar parte del presupuesto a I+D: no hay deducciones fiscales para investigación y desarrollo, los inversores en innovación apenas encuentran estímulo y, encima, el sistema de subvenciones públicas es inoperante y amiguista.

Si la administración no está dispuesta a reformar el sistema fiscal viejo para atraer inversiones, si en los presupuestos van a primar las ‘prestaciones sociales’ totalmente improductivas (¿a nadie se le ha ocurrido utilizar esas partidas para inyectar líquido a las empresas que creen empleo?), si no se va a meter mano en las universidades para evitar la escasa productividad científica de gran parte del profesorado perpetuaremos un economía improductiva, desfasada y expuesta. No creo que en estas circunstancias la mejor opción sea emprenderla a tijeretazos con la ciencia.

Publicado en El plumilla, Pataletas

Plumilla in itinere

Estoy estos días un poco alejado del mundanal ruido porque, entre otras cosas estaré un tiempo recorriendo media España (tiempo en el que seguramente aprovecharé para pasar por el SIMO y en el que voy a conocer dos iniciativas rurales de periodismo ciudadano bastante interesantes

El caso es que he querido escribir esta entrada para comprobar si WP funciona en un smartphone (y lo hace sorprendentemente bien, al menos con un S60) y para ver si es posible trabajar online desde un pueblo muy, muy pequeño de la provincia de Guadalajara. Lamentablemente he tenido que venir hasta aquí para cerciorarme de que la penetración de la red en el interior de España deja mucho que desear. Y el mayor problema está en los accesos. La gente de aqui, a la que le vendría muy bien no tener que hacer 50 o 100 kilómetros para los trámites burocráticos, está navegando con conexiones de hace 10 años de manera que, para ellos, la administración electrónica es cosa de ciencia ficción (y eso que a los agricultores el ministerio les exige trabajar con mapas satélite que sólo pueden conseguir en la Web del catastro). Yo escribo estas líneas gracias al acceso GPRS – nada de 3G, claro – que, de vez en cuando, me deja navegar.

Creo que este problema de los accesos en las áreas rurales es uno de los principales escollos ante la penetración de la red que hacen, aún más profunda, la brecha digital.