Publicado en Comunicación

El arte de la manipulación

Propaganda feature image

Ya es tarde para recomendarle a nadie la Exposición Propaganda: Power and Persuasion. Termina el próximo martes. Además, está en Londres. Ha permanecido en la Biblioteca Británica desde mayo pero yo me enteré de que existía por casualidad. Turisteando por el feo edificio rojo de la biblioteca me encontré con el cartelón del Tío Sam. Estaba ahí, haciéndome sentir culpable por no correr a alistarme a luchar contra los boches en las trincheras del norte de Francia.

El resultado del descubrimiento fue que mi maleta se volvió con unos cuantos kilos de más y ahora tengo que hacerle sitio en la estantería al catálogo de la exposición y a algún que otro compañero suyo.

Como ya he dicho, no voy a recomendar la visita, porque no apenas hay tiempo. Pero sí que voy a recomendar leer un poco sobre el tema. Hoy en día, que se habla tanto de engagement, marketing de contenidos, branded journalism y demás conceptos que asocian el mensaje y el contenido a la venta de ideas, marcas y conceptos, creo que es útil y hasta sano, bucear un poco en los orígenes. La llamaban propaganda científica y tuvo algunos grandes fans como aquél alemán bajito y renqueante que fue el Ministro de Propaganda de Hitler. Por ellos se usó alegremente para justificar guerras, purgas, políticas demenciales y líderes dementes.

Sin embargo el concepto trasciende épocas y fronteras. Todavía se utilizan eslóganes, principios y argumentos que llevan más de 100 años tratando de doblegar conciencias. Y aunque principalmente se haga en política resulta sorprendente ver cómo casi ningún ámbito de la comunicación puede renegar hoy en día de ser discípulo, directo o indirecto, de ese arte de la manipulación.

IMAGEN: British Library

Publicado en Periodismo

La obsesión por la cifra

A trade group says that newspapers like the New York Times have seen large increases in circulation, but that’s partly because they are allowed to count their readers multiple times. The industry needs to do better.

Es un extracto de un post en PaidContent firmado por Mathew Ingram. Es así de triste pero es cierto. Y pasa lo mismo en todas partes. Si uno echa un vistazo a las cifras de lectura de prensa en el EGM de hace diez años verá como los lectores de prensa se han incrementado de manera importante. ¿Los periódicos han incrementado su difusión? No, pero hay más lectores de noticias gracias a Internet.

En España la prensa también trata de engañarse a sí misma contando en el mismo saco a los lectores de periódicos en papel y de  versiones digitales con el único objetivo de engordar sus cifras. Obviamente el objetivo es seguir apareciendo como una plataforma atractiva para poder vender el mismo formato de publicidad de siempre.

If newspapers are competing with online publishers and digital-native content companies for both readers and advertising, which they clearly are, then they have to be better than their competition — being just as inaccurate is hardly helping their cause. And they should be spending a lot more time on trying to measure real engagement (repeat visits, time spent, etc.) than on simplistic and flawed vanity metrics like raw circulation numbers.

La conclusión de PaidContent me parece interesante porque creo que ese es el valor diferencial. Ya no es una cuestión únicamente de volúmenes es una cuestión de interacción. De engagement. Ese es el único valor por el que un anunciante debería pagar. Al menos es valor por el que recomiendo que paguen a mis clientes.