Publicado en Otras cosas

The American Jesus

El fin de semana pasado tuve la suerte de colarme de ponente en una sesión del Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías de la Fundación COSO. Hablamos mucho sobre emprendedores y sobre periodismo. Y como suele suceder siempre que se habla de comunicación, de tecnología y de empresa, todas las miradas terminaban fijándose en el amigo americano.

A lo largo de los últimos años he asistido a muchos eventos relacionados con el mundo del emprendedor (palabra, por cierto, que no es más que una traslación desde el inglés – que a su vez la tomó del francés – de la palabra ‘entrepreneur‘ que, de toda la vida, los diccionarios han traducido como empresario). He aprendido mucho en ellos. Me han ayudado a construir una visión más positiva y más dinámica de la realidad. Sin embargo todavía me sorprende la fijación que existe con EEUU en general y con Silicon Valley en particular.

No voy a pecar de ombliguista. Aunque durante gran parte de mi vida me sumé gustoso a la moda, tan europea ella, de la americanofobia hace tiempo que se me pasaron los prejuicios. Lo quiera o no, mi generación ha sido socializada y aculturizada a base de productos culturales norteamericanos y  tres de las cosas que más disfruto hoy en día –  el cine, los comics y la música rock – no serían tal y como a mi  me gustan sin la imprenta de los USA. Sólo he estado una vez en EEUU. Apenas fueron quince días y apenas fui más allá de Manhattan (que no es, ni de lejos, un reflejo del resto del país). Aún así traté de abarcar, en la medida de lo posible, toda la complejidad del lugar y creo que volví totalmente seducido por el país. Para bien y para mal.

Quiero decir con esto que no estoy escribiendo este post desde el chovinismo; todo lo contrario. Lo escribo desde la perplejidad ante la obsesión por tratar de imitar un modelo que no es, ni de lejos, aplicable por estos andurriales. En multitud de presentaciones he visto frases, vídeos y fotografías que tratan de resultar inspiradores pero que, para lograrlo, recurren a tópicos muy arraigados en la cultura norteamericana – emprendedora – que en estas Españas nuestras quedan de lo más fuera de lugar. Nuestra sociedad no se construyó sobre el mismo tipo de esfuerzo, no tuvimos reinventar un mundo; la meritocracia y el consumo son algo todavía muy nuevo aquí y en la Vieja Europa todavía pesa más un apellido que una patente.

¿A dónde quiero llegar? A que los USA no son el Mesías. Su Mensaje no es el nuestro y, pese a que podemos encontrar allí algunas prácticas que podríamos – de hecho, deberíamos – copiar, hay que tener mucho cuidado con los paralelismos: la política, los medios, la empresa, las personas… todo funciona aquí de una manera diferente. EEUU puede ser una fuente de inspiración porque su sociedad es mucho más dinámica que la nuestra pero hay que tener bien presente que en España no tendremos nunca un Silicon Valley. Ni un presidente negro. Ni un juez elegido democráticamente. Somos un país construido sobre la ira, sobre la superstición y, a veces, sobre la servidumbre mucho más viejo, más cínico y más cansado.

Eso no es ni bueno, ni malo. Simplemente es lo que somos. Y lo que no debemos olvidar. Si queremos cambiar las cosas no podemos engañarnos a nosotros mismos. Ni construir castillos en el aire. Tenemos un solar sucio, viejo y orgulloso. Pero es el terreno que tenemos nuestro terreno. Es lo único con lo que podemos empezar a trabajar. Creo que comprenderlo y aceptarlo es el primer paso para empezar a cambiar las cosas.

A fin de cuentas nadie es perfecto. Cada uno tiene lo suyo. Incluso el amigo americano…

Publicado en Internet, Pataletas

Tijeras

Debía haber escrito y publicado este post el miércoles, para poner mi granito de arena virtual a la iniciativa que puso en marcha Javier Peláez desde La Aldea Irreductible. Obviamente esta contribución no iba añadir nada en absoluto a la campaña ‘la ciencia española no necesita tijeras’, que ha hecho bastante ruido en Internet, pero es que yo también estoy harto de que las tijeras siempre corten por el mismo sitio.

Tengo la enorme suerte de conocer unos cuantos investigadores y algunos de ellos me dejan decir por ahí que son amigos míos. Uno de ellos, después de pasar unos cuantos años como becario en una universidad española, pasó a uno de los laboratorios genéticos más avanzados del mundo (en EEUU) y, de ahí, a incorporarse como investigador titular a una importante universidad británica. Otro de ellos es jefe de proyectos de I+D en una multinacional después de haberse doctorado en Francia gracias a una beca del gobierno galo. Creo que son dos personas brillantes – que me deberán una cerveveza 🙂 – y, sin embargo, los dos tienen un futuro que, al menos a medio plazo, se desarrollará lejos de España.

No he buscado estos ejemplos para dar la brasa con la puñetera fuga de cerebros. Ya se encargan los medios de volver sobre el tema porque, al parecer, es lo único que la gente ve cuando se habla de I+D. Yo he querido hablar de mis amigos porque ambos me han ayudado a entender cómo funcionan otros modelos económicos más avanzados en los que la investigación es una pieza clave.

Aunque mi cabeza es absolutamente impermeable a los conocimientos macroeconómicos, hasta yo entiendo que en una crisis los modelos más competitivos salen adelante mientras que los modelos menos productivos se estancan. Si, cuando Francia y Alemania empiezan a levantar cabeza, la OCDE nos tira de las orejas, no hay que ser muy listo para adivinar qué es blanco y viene en botella.

Realmente el sistema universitario español es un coladero en el que el dinero público se desperdicia a mano llenas (como en el resto de la administración). En las dotaciones presupuestarias de los proyectos pesan más los criterios políticos que la rentabilidad de los proyectos y la conexión con el mundo de la empresa es prácticamente inexistente. Sin embargo el núcleo de la investigación científica española se realiza en los institutos públicos porque, en el sector privado, el estímulo a la inversión es prácticamente cero. Y lo es porque en España no ha rentado nunca destinar parte del presupuesto a I+D: no hay deducciones fiscales para investigación y desarrollo, los inversores en innovación apenas encuentran estímulo y, encima, el sistema de subvenciones públicas es inoperante y amiguista.

Si la administración no está dispuesta a reformar el sistema fiscal viejo para atraer inversiones, si en los presupuestos van a primar las ‘prestaciones sociales’ totalmente improductivas (¿a nadie se le ha ocurrido utilizar esas partidas para inyectar líquido a las empresas que creen empleo?), si no se va a meter mano en las universidades para evitar la escasa productividad científica de gran parte del profesorado perpetuaremos un economía improductiva, desfasada y expuesta. No creo que en estas circunstancias la mejor opción sea emprenderla a tijeretazos con la ciencia.

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Yes, they could

Bueno, pues han podido. Que conste en acta que yo ni me lo creía ni me lo esperaba. En ese sentido debo asumir mi error de perspectiva y decir que me equivoqué: Barak Obama ha ganado las elecciones y será el próximo presidente de los Estados Unidos. Espero que esta disculpa pública demuestre a mi buen amigo Vicemon que sé admitir mis errores. Bueno; ojalá todos mis errores tuviesen unas consecuencias a priori tan interesantes…

No soy uno de esos merluzos que ven en él poco menos que una especie de mesías. Obama es un hombre del sistema y ni de coña va a actuar contra el sistema. Pero el hecho de que un hombre negro – bueno, más o menos -, liberal – según los estándares de EEUU – y que conoce algo más de mundo que su Estado natal vaya a sentarse en el Despacho Oval es una buena noticia. Para mi significa que, aún con el arcaico sistema electoral estadounidense, el inquilino de la Casa Blanca puede ser una persona que no guste en absoluto a los votantes más traidicionales y conservadores del Sur, Oeste y Medio Oeste.

Obviamente Obama no va cambiar EEUU (por mucho que haya gente que aún defienda lo contrario) pero, al menos, puede introducir alguna que otra idea nueva en un sistema que se ha mantenido ajeno a las corrientes de pensamiento externas a su Establishment desde que Roosvelt (Franklin D.) llegó a la presidencia