Publicado en Comunicación

Afán de superación

Es fascinante la capacidad de superación del ser humano. Y sorprendente. Incluso cuando piensas que no se puede gestionar peor la comunicación de un personaje el tiempo, y los hechos, te demuestran que sí, que se puede. Se puede ser más torpe todavía. Y meter la pata de una manera todavía más antológica.

Para que luego digan que en este país no tenemos afán de superación. Un nuevo #epicfail de los productores de “comparece como puedas“: llegan las condolencias de copypaste.

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Y mientras tanto yo, perdiendo el tiempo en lecturas sobre gestión de crisis y en informes de reputación…

Publicado en Comunicación, Pataletas

Mesas vacías

He tratado de mantenerme al margen. En la medida de lo posible. Y ha sido difícil porque el tema me despierta sentimientos contradictorios. Hasta que alguien puso en Facebook un enlace. Veo muchos últimamente sobre este tema. Pero este en concreto, sin contar nada nuevo, sin ser especialmente fiable, sin aportar nada más al tema que un montón de habladurías, me dolió. Fue esa foto, de mesas vacías y sillas abandonadas, la que me devolvió allí. Años atrás, cuando yo también me sentaba en una de esas mesas. O en otra parecida.

Fueron seis años los que pasé allí, de manera intermitente. Seis años en los que, efectivamente, fui testigo de docenas de desmanes y de derroches. En los que padecí a sindicatos incompetentes y a incompetentes no sindicados que ladraban mucho y mordían poco con tal de mantener la poltrona. Pero también fueron seis años en los que aprendí y disfruté. Compartí mi vida con un montón de gente increíble. Gente que me enseñó a trabajar en equipo. A ver la tele de otra manera. A disfrutar del subidón de adrenalina en un directo. A cazar falleras en una ofrenda. A currar. Y a reírme de todo en la medida de lo posible, aunque fuese editando un vídeo sobre John Ford a las dos de la mañana.

Aún me acuerdo de todos. En cierto modo, añoro aquellos momentos. Porque, aunque no me arrepiento en absoluto de haber dejado atrás esa época, los años que pasé entre esas mesas no volverán. En esta vida, para bien o para mal, todo tiene fecha de caducidad. Todo salvo la impunidad vergonzante de la que gozan algunos. Los mismos a los que nunca les importó llegar a esta situación. Porque en este caso, como en tantos otros últimamente  siempre pagan los mismos.

Va por ellos. Un abrazo compañeros. Aún desde el tiempo y la distancia se os recuerda. Y se os echa de menos.

 

Publicado en Comunicación

Sí, The Guardian lo ha vuelto a hacer…

Si hay algo que me fascina de los anglosajones (a parte de su ¿peculiar? concepción de la gastronomía) es su capacidad para arremangarse y ponerse manos a la obra mientras nosotros, los españolitos, somos tan de rasgarnos las vestiduras y lloriquear un buen rato. 

El comentario anglófilo viene al caso porque los señores de The Guardian lo han vuelto a hacer. Cuando uno pensaba que ya habían dado casi todos los pasos posibles para llevar el periodismo al siglo XXI ahora van y se sacan de la manga lo que ellos han bautizado como The Open Newsdesk.  ¿Y eso qué es? Pues básicamente la apertura del proceso de selección de temas al público a través de lnternet. 

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Ahora hay que ver cómo influye la idea en las rutinas de producción periodísticas y, lo más importante, en la configuración de la agenda. Aún así no se les puede negar el mérito a la hora de buscar soluciones para repensar el funcionamiento del periodismo.

(Imagen: Nieman Journalism Lab)

 

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¿Quién vigila al vigilante?

Esta mañana a primera hora, como todos los días, le he echado un ojo a la prensa (en internet) mientras me tomaba el re-desayuno 🙂 y casi le escupo el café a la pobre pantalla: Los editores, en contra del plan de ayudas a la prensa del Gobierno. Llevo varios días (quizá incluso meses) poniendo a caldo los medios de comuniación por lo mal que están encajando la cacareada crisis de la prensa. Me indigna la actitud, la verdad, porque he pasado muchos años dando tumbos por redacciones de prensa, radio y televisión y sé que son ellos los que están cavando su propia tumba. Pero no voy a volver sobre el tema otra vez, sobretodo cuando el periodista Manuel M. Almeida ha hecho uno de los análisis más lúcidos de lo que él llama el fracaso de la prensa.

Lo que me ha parecido ya el colmo de la desfachatez es que la Asociación Española de Editores (AEDE), según cita El Mundo, argumente su crítica diciendo que “las medidas no suponen un plan estructural para un sector que es garante de derechos y libertades y no se acercan ni remotamente a las ayudas de otros países” (la negrita es del original). O sea que, para garantizar la independencia de la prensa, el gobierno debe intervenir en su economía y, de paso, extender un cheque en blanco a los editores para que puedan seguir empleando sus medios para felicitarle el cumpleaños al Pato Donald (otro adalid de los derechos y las libertades, dónde va a parar).

Me parece un planteamiento, cuanto menos egoísta; eso por no decir que es de un cinismo vergonzante. A los medios les (nos) encanta aparecer como adalides de la liberté, la egalité y la fraternité pero la verdad es que hace ya mucho que han perdido el compromiso con la información. Hemos llegado a un punto en el que incluso los intentos de una gran empresa por adoptar una estrategia de comunicación más transparente se considera un ataque a la exclusividad de la prensa como gestor del monopolio de la información.

Los medios de comunicación, como institucion, están ya muy lejos de ejercer ese cuarto poder del que habló Burke. Y no creo que debamos ser los ciudadanos, y los periodistas, de a pie los que les sufraguemos la respiración asistida. Sobre todo cuando otro tipo de prensa es posible.