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10 cómics que ya deberías haber leído

Sé que no te has enterado, o que te haces el remolón. Pero desde hace ya un año los amigos de 360 Grados Press han tenido la gentileza -o la temeridad- de dejarme publicar bajo su cabecera una reseña semanal sobre cómics. Cualquiera que me conozca, y aun quienes no, saben que me gustan los tebeos. Me gustan mucho, de hecho, y procuro tener alguno siempre en danza metido en mi dieta lectora.

Cada vez es más habitual que los lectores se aficionen al cómic. Sobre todo en una cultura tan audiovisual como la nuestra en la que a fuerza de ver imágenes nos hemos vuelto tan dependientes de ellas. El cómic tiene una narrativa cinematográfica, directa y en ocasiones espectacular; por eso es normal que cada vez tenga más seguidores entre los más jóvenes. Hasta las grandes superficies se han dado cuenta de ello y les han dedicado parte de su precioso espacio.

Sin embargo todavía hay gente, de mi generación para atrás, que no termina de hacerse a eso de la narrativa con dibujitos. Por eso, y aprovechando el año que cumple la columna de clásicos del cómic en 360 Grados Press he querido rescatar 10 títulos imprescindibles que todo aficionado a la literatura debería conocer.

Por supuesto se trata de una selección personal y hay muchos otros títulos imprescindibles. Pero las 47 reseñas que han aparecido este año son ya de por sí una muestra parcial así que, de ella, me quedo con esta decena para que aquellos a los que les guste disfrutar con una buena historia le pierdan el miedo al cómic:

 

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Historias Dibujadas en 360Grados

Este mes he cumplido gracias a los amigos de 360Grados un viejo anhelo: escribir sobre cómics. En honor a la verdad ya había dejado aquí alguna reseña de vez en cuando sobre viñetas e historias dibujadas pero la columna que inauguro en este digital nace con vocación de continuidad y, sobre todo, con el compromiso autoimpuesto de revisar cada siete días un título relevante del Noveno Arte.

Esta es la entradilla de la primera columna.

Pese a haber pasado más de treinta años, recuerdo perfectamente que las primeras viñetas fueron, para mí, las de Mortadelo. En las tardes de Espinete y Nocilla todavía eran de Bruguera los tebeos que me compraba mi abuelo a la salida del cole: Zipi y Zape, Pepe Gotera, Superlópez y, por supuesto, Mortadelo y Filemón. Docenas de casos imposibles a cada cual más esperpéntico: el Caso del Bacalao, Contra el Gang del Chicharrón, Los inventos del profesor Bacterio… Yo entonces no lo sabía pero con cada una de esas páginas asentaba una relación que todavía perdura.

El resto podéis encontrarlo en el artículo Historias Dibujadas publicado en 360Grados.

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Muertos Vivientes

Ya he escrito aquí, alguna vez, sobre mi extraña afición a los zombies. No es que me atraiga el gore ni que sea uno de esos aficionados a, una vez al año, darse un garbeo por ahí a la caza de cerebros. Es, simplemente, que el genero me despierta, a partes iguales,  cierto terror atávico y cierta simpatía. Aunque tampoco me vale cualquier excusa para sacar a los muertos de las tumbas y ponerlos a arrastar sus muñones sanguinolentos 😛

Me gustan las historias que siguen el canon de George Romero tanto para dar risa como para dar miedo.  De estos últimos descubrí casi por casualidad la serie de comic Los Muertos Vivientes, escrita por Robert Kirkman y dibujada por Tony Moore primero y Charlie Adlar  después.  No recuerdo exactamente qué es lo que me atrajo de un planteamiento trilladísimo (los muertos se levantan de sus tumbas, se desencadena el apocalipsis, un grupo de personas trata de sobrevivir a toda costa frente a las hordas de cadáveres hambrientos, bla, bla, bla) y de un dibujo en blanco y negro correcto pero sin alardes. Si embargo me compré el primero, busqué el segundo, devoré el tercero y el cuarto y, ayer, empecé con el quinto.

Es una serie que me tiene cada vez más enganchado. ¿Por los zombies? No, los zombies son lo de menos. Una excusa argumental. Un McGuffin. Lo increíblemente bueno de Los Muertos Vivientes es su guión. La descripción de los personajes y su erosión física y psíquica es espectacular. Todavía trato de explicarme como consigue Kirkman meterte tan bien y tan profundamente en la cabeza de unas personas cada vez más demenciadas por la situación absurda y totalmente desesperada en la que viven. Pero el caso es que lo hace. Y lo hace muy bien.

Los Muertos Vivientes es una dosis brutal de literatura: es tensión, es desesperanza, es empatía y es una profunda angustia. En el fondo es genial por su capacidad para generar emociones. Por eso este fin de semana le han dado un premio Eisner (uno de los galardones más prestigiosos del mundo del cómic). Por eso Frank Darabont ha comprado los derechos para hacer una serie de TV. En la ComicCon de San Diego se proyecto el primer tráiler; la imagen es un asco pero el contenido promete

Actualización 13/09/2010 ya está disponible el trailer en YouTube y, además, la gente de Fox se ha tomado la molestia de crear una página también para el público español de la serie, con sus correspondientes cuentas en Facebook y Twitter.

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Entre trolls y mandobles

Si tengo que buscar culpables para mi afición al cómic, los mayores responsables son, sin duda, Ibañez y Roy Thomas. Por ese orden. Recuerdo perfectamente que el primer cómic que tuve en mis manos fue el Mortadelo que hizo Ibañez para el mundial de 1982 (y recuerdo también que me lo regaló mi abuelo, supongo que tratando ya de despertar en mi una afición futbolera que nunca llegó).

Mortadelo y Filemón se apoderaron de mi infancia (quitándole tiempo a Superlópez, Zipi y Zape y el Guerro del Antifaz) pero en mi adolescencia el que se llevaba todos mis ahorros era Conan. Entonces se editaba La Espada Salvaje en un sobrio blanco y negro que le daba a las viñetas un aire como antiguo.

Devoraba las páginas escritas por Roy Thomas y dibujadas por Buscema, Doherty, Alcalá, Chan… y, poco a poco, iba asimilando un universo vasto, épico. Un universo donde todo era posible. Me pasaba con las aventuras de Conan lo mismo que me pasó con las obras de Tolkien: me engancharon al género fantástico.

Los años – y la mala literatura – me alejaron del género pero las obras fantásticas siempre han estado entre mis favoritas. Lamentablemente se trata de un género poblado de clichés y de refritos pero todavía miro busco con curiosidad algo que atraiga de nuevo mi atención hacia el género. Y gracias al buen momento que vive el cómic ‘adulto’ estoy encontrado excusas para volver a la épica. Hace un tiempo me convertí en fan absoluto de esa obra maestra que es Fábulas. Esta semana he descubierto otra agradable sorpresa: Lanfeust de Troy.

Más simple y algo más infantil que la obra de Willingham, este cómic francés tiene la virtud de recuperar las grandes sagas fantásticas herederas de la tradición inglesa de Tolkien, como gran padre del género, pero también de Pratchett, como auténtico renovador de la temática fantástica. Lanfeust de Troy está dibujado de manera clásica pero sin renunciar a algunos elementos caricaturescos (con un estilo muy francés diría yo).

He leído el integral publicado por Planeta, que recoge el primer arco argumental. La historia en sí recurre a los temas habituales – que si un campesino alberga un gran poder, que si ha de recorrer medio mundo con excusas algo peregrinas, que si hay un malo malísimo que quiere dominar el mundo… – pero adornados con las suficientes pinceladas de humor y emplazadas en universo con elementos lo suficientemente originales para que Lanfeust de Troy resulte interesante. A mi, desde luego, me ha gustado bastante y creo que voy a seguir con la serie; si con el resto de números disfruto de la misma manera que con los cuatro primeros creo que habrá sido un gran descubrimiento.

BSO recomendada: Demons and Wizards de Uriah Heep