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Zombies, palomitas y heavy metal

Después de pasarme media vida consumiendo cine he llegado a la conclusión de que sólo me gustan dos tipos de películas: las que son buenas y las que no aspiran a serlo. Y estas segundas, si están bien hechas, me gustan mucho. El cine nació como un entretenimiento de barraca de feria y, pese a que todas las obras maestras que ha generado desde entonces lo han convertido en un arte por méritos propios, a mi también me gusta comprarme un enorme cucurucho de palomitas y ver una peli gamberra y sin pretensiones que aspire únicamente a hacerme pasar un buen rato.

Ayer pasé uno de esos buenos ratos gracias a Bienvenidos a Zombieland. Me imagino que no sorprenderé a nadie si digo que no es una buena película. Sin embargo es una película honesta que, precisamente, no aspira a nada más que a resultar divertida. Y lo consigue. La historia es simple, los personajes están son bastante esquemáticos y la película es muy salvaje, pero Bienvenidos a Zombieland es también una road-movie llena de humor, de guiños cinéfilos impagables y con una banda sonora muy potente.

Desde unos títulos de crédito – geniales en su montaje a ritmo de For Whom The Bell Tolls de Metallica – visualmente impactantes, la película marca un tono gamberro que se acentúa con diálogos bordes y con un Woody Harrelson que ha disfrutado a fondo, y se nota, haciendo la película. Me encantó toda la secuencia de la mansión de Beverly Hills y creo que la aparición de Bill Murray es todo un homenaje a ese gran cine de entretenimiento que se hacía en los 80.

Para mi, Bienvenidos a Zombieland ha sido todo lo que Grindhouse podría haber llegado a ser si Tarantino y Rodriguez no la hubiesen inflado de pretensiones: un entretenimiento fácil y simpático cargado de balas, zombies y heavy metal. Tampoco se le puede pedir mucho más ¿no?

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In Pixar We Trust

Llevo tiempo quejándome de lo lamentable que es la programación cinematográfica últimamente (y por últimamente me refiero a los últimos cuatro o cinco años). Y lo malo del caso es que, después del chasco que me llevé con Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, empiezo a perder las esperanzas incluso en los valores seguros que más horas de entretenimiento me han proporcionado.

Pero entonces llega Pixar y estrena una nueva película. Y el cine vuelve a ser un espectáculo maravilloso. Acabo de ver Up y me parece la mejor película que se ha estrenado en España desde Gran Torino.

Sin llegar a la perfección absoluta que para mi tiene Wall-E, Up es el retorno al cine de aventuras más clásico. El ritmo, la acción, los personajes… todo encaja a la perfección para trazar un espectáculo clásico que, además, la gente de Pixar ha sabido dotar de una impresionante profundidad humana. Me emocionó mucho la manera de trazar la biografía del personaje a través del prólogo; me fascinó como la perfección técnica de la animación sostiene parte de la narrativa; incluso me convenció en alguno de sus aspectos más convencionales (el desahogo cómico, la resolución de ciertos aspectos…).

Ojalá se hiciesen más películas como Up. Ojalá todos los estudios tuviesen el amor al cine que muestra Pixar. Ojalá todos los cineastas fuesen tan delicados con su trabajo. Ojalá encontrase más razones como esta para poder volver al cine todas las semanas.

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Karaokes televisados

Cuando una gran estrella muere los medios, ávidos de e mociones que enganchen a la audiencia, diseccionan cada aspecto de su vida. Michael Jackson no ha sido una excepción, ni mucho menos. Sin embargo toda esta saturación informativa me ha servido para darme cuenta de dos cosas: que soy capaz de tararear más canciones de Jackson de las que pensaba y que por encima de todo Jacko era único e irrepetible.

Supongo que este segundo aspecto es una auténtica perogrullada pero creo que muchas de las mentes pensantes que mueven los hilos de la industria cultural, musical y cinematográfica sobretodo, no se detienen a pensar lo importante que resulta. Ayer, paseando por un centro comercial, descubrí que todo lo que sonaba en la tienda eran versiones de grandes éxitos del pop español en los que la voz original había sido sustituída por el ganador de algún concurso de televisión.

No voy a ponerme a darle vueltas  a la SGAE, los derechos de autor y la murga de siempre; sin embargo si que creo que, cuando la industria discográfica se queja de los pocos discos que se venden debería plantearse qué tipo de discos se pretende vender y sobre todo deberían analizar qué tipo de música está dispuesta la gente a comprar. Las versiones, por ejemplo, no tienen sentido si no aportan nada a la ejecución original; yo soy un gran aficionado a las versiones de canciones clásicas (del rock, del pop, del jazz…) pero siempre que los nuevos intérpretes revisen la pieza original enriqueciéndola con su visión particular.

Desde luego los modelos de distribución ya no son los mismos que hicieron millonario a Jackson pero sigue siendo posible vender discos si la propuesta es interesante. Hace unas semanas me sorprendió la maravillosa fiesta de la música que se celebra en París; en cada esquina un grupo interpretaba a su manera y, casi todos los que tenían sus discos con ellos vendieron unos cuantos ejemplares. Muchos, además, promocionaban sus blogs, sus páginas en MySpace o, incluso, las de los grupos a los que idolatran.  Y el público estaba entusiasmado. La gente está ávida de música, de buena música, y si las discográficas no están dispuestas a dársela ya se preocuparán ellos de buscarla. Aunque sea en la calle.

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Ángeles y palomitas

Ayer por la noche Lucía y yo nos dimos una sesión de cine en sala grande. No es algo excepcional; cualquiera que nos conozca sabe que es raro que una semana no nos demos alguna dosis. Por eso, y por retomar viejos tiempos, voy a intentar que con cada visitilla al cine caiga un comentario en el blog. Me ha animado a empezar el hecho de que ayer viese una peli que las críticas no tardarán en poner a caldo pero que a mi me ha gustado bastante: Ángeles y Demonios.

Vaya por delante que no estamos ante un peliculón de los que harán historia. Pero yo tampoco me fui al cine buscando eso, la verdad. Ángeles y Demonios es, simplemente, un ejercicio de entretenimiento palomitero. Mejorando los resultados de El Código Da Vinci (que tampoco está tan mal) Ron Howard ha consiguido recuperar el espíritu de un cine de aventuras que la puñetera industria de Hollywood se empeña en matar.

Hacer películas para entretener no significa tratar al espectador como si fuese gilipollas, pasarse la coherencia interna del relato por salva sea la parte y aburrir hasta el ronquido con explosiones, persecuciones y frases que dan vergüenza ajena. No creo que haga falta hacer más mala sangre poniendo algunos ejemplos de bodrios en esta línea porque aquí no se salva ni el maestro Spielberg.

Frente a esta tónica mayoritaria en el cine de entretenimiento que invade las carteleras  Ángeles y Demonios tiene el mérito de conseguir meterte en la historia. No sabría decir cual es la combinación exacta de elementos que logran este meritorio resultado pero, sin duda, entre ellos están la producción impecable, el fantástico empleo de las localizaciones romanas, un tempo narrativo muy bien llevado y unos secundarios impecables.

La película tiene además la virtud de, pese a ser espectacular, no abusar de la grandilocuencia. Se nota el presupuesto y hay planos y efectos visuales realmente llamativos, pero la película no se basa en ellos para mantener la atención, al contrario; el aspecto visual es sólo una herramienta más al servicio de la narrativa. Creo que ese es el acierto de Ángeles y Demonios recuperar la estructura dramática típica del género de aventuras basada en los puntos de giro

Por supuesto que la película no es perfecta: el guión fuerza bastante algunos hechos (encajándolos casi que a martillazos) y, en general, varias de las premisas sobre las que se construyen las situaciones no se sostienen si las analizas detalladamente. Pero eso es un ejercicio que tienes que hacer a posteriori (si tienes ganas) porque mientras dura el film todo parece fluir a la perfección, el ritmo te arrastra y pasas dos horas recorriendo los secretos de las iglesias de Roma y disfrutando como un crío.

Para pasar un buen rato, entretenido y sin pretensiones.

Ah, se me olvidaba. No entiendo en absoluto la polémica que ha habido con el Vaticano. La Iglesia sale de esta película bastante bien parada ¿será que en la Santa Sede no se tomó nadie la molestia de leer el guión?