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Versiones Bizarras: Like a rolling stone

Tengo esto abandonado. No, abandonadísimo en realidad. Ya sabéis el dicho: en casa de herrero… Y yo, entre contenidos, blogs, informes y relatos varios (ahí no fallo; la segunda novela está en cocina, que conste) tengo mi blog en huelga de hambre desde hace meses. No es la primera vez que me pasa y, me temo, no será la última. La falta de tiempo es la razón principal, no lo niego; pero junto a ella hay otras que, si bien no son determinantes, se suman a lastrar todo intento de volver a reactivarme. Paradójicamente una de ellas es la falta de ideas. Sí, es triste que alguien que se dedica a buscar excusas de comunicación para sus clientes alegue que se ha quedado sin temas. Y en realidad es falso que no sepa qué escribir. El problema es, más bien, que no termino por decidirme a escoger un tema. Nada me parece lo suficiente determinante para reactivar el espacio.

Tal vez por eso he decidido sentar las bases para evitar que en un futuro sea esa ausencia de ideas la que me sirva de excusa para no darle un rato a la tecla. ¿Cómo? Muy fácil, inventándome un contenido recurrente. Muchos bloggers lo hacen. Creas una serie y así te garantizas tener algo sobre lo que ir escribiendo a lo largo de varias entradas. No se trata de hacer como una serie de televisión cualquiera y sacarte de la manga media docena de temporadas cuando el tema está agotado (y no miro a nadie ¿eh? gente de Dexter). Lo mío va a ser más bien una sección intermitente que me permita utilizar el comodín de la llamada cuando el polvo empiece a acumularse entre los artículos y no acabe de saber por dónde salir.

¿Y cuál puede ser ese tema recurrente? Bueno, he de decir que después de un año haciendo reseñas de tebeos en 360 Grados Press esa fue mi primera opción. Pero luego me di cuenta de que ya había escrito allí sobre todos los tebeos sobre los que, de momento, me apetecía escribir. ¿Películas? ¿Libros?…. Nah. Todo muy visto. ¿Música? ¡Bingo! En realidad hablar de canciones tampoco es el colmo de la originalidad. Y jamás llegaré a currarme un artículo tan enciclopédico como los de JotDown. Pero creo que aún me queda un hueco: las versiones.

Adoro las versiones de canciones. Me encanta que los músicos sean valientes, que cojan aquello que adoran porque han oído mil veces interpretarlo a sus ídolos y, sin ningún tipo de escrúpulo ni miramiento, se apresten a destrozarlo en una reinterpretación propia. No, es broma. No voy a escribir sobre el In the Ghetto de El Príncipe Gitano. Porque las versiones no tienen por qué ser sacrilegios musicales. A veces, con mucha más frecuencia de lo que pensamos, son homenajes sinceros de un músico a otro. Un reconocimiento de que tal vez sin esa canción tú jamás habrías aprendido a tocar un instrumento. Todos los que tocamos algo (sí, no os riáis; darle mamporros a los timbales, aunque sea a duras penas, ES tocar algo) practicamos, nos ilusionamos e incluso mejoramos un poquito recurriendo a las obras maestras de otros.

Por eso voy a abrir aquí un rinconcito esporádico dedicado a esas versiones valientes, curiosas, divertidas y, principalmente, de ese espíritu de homenaje desde la reinterpretación personal que hacen genial una versión. De ahí lo de bizarras que, para el que esté demasiado contaminado por el inglés, en castellano no significa extraño sino valiente. Porque espero que todas las canciones a las que le eche un vistazo por aquí tengan esa capacidad de darle un punto diferenciador de tocar una pieza de otro de una manera tan diferente que se acabe convirtiendo en un descubrimiento nuevo.

Y para empezar en esto de las versiones bizarras nada como una declaración de intenciones. Ya he escrito sobre ella pero es que me encanta. De cómo los Rolling Stones cogieron a Dylan y lo hicieron más suyo que el propio Bob Dylan. ¿Se puede pedir más? 😉