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Sin preguntas, sin cobertura y sin vergüenza

A los políticos les molesta la prensa. Corrijo: a los políticos – esa buena gente que usa tu dinero para vivir del cuento mientras te dice lo que debes hacer – les molesta que los medios no se limiten a ejercer de correa de transmisión de su propaganda. Si dudas eres el enemigo. Y al enemigo ni agua. La semana pasada comentaba algo de Goebbels y su alargada sombra

Me parece genial que la APM y la FAPE hayan decidido plantarse. Nuestra benemérita clase política ya lleva demasiado tiempo ejerciendo con nosotros, periodistas y ciudadanos, el derecho de pernada. Sólo espero que esto no quede en una pose por el día de la Libertad de Prensa. Por lo menos en Comarcàlia.info nos hemos aplicado el cuento.

¿Alguien se imagina un apagón de propaganda en mitad de las elecciones? Pues eso…

(NOTA – Me he agenciado, vilmente, de la imagen de este recomendable post de 1001 Medios)

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Tener un buen plan…

Cuando uno se ha pasado buena parte de su vida profesional escribiendo y, además, ha tenido que hacerlo rápido, con presión y sometido a todo tipo de condicionantes externos, se acostumbra a producir líneas como una máquina de churros: tiene claros los ingredientes, tiene claro el objetivo y lo que queda en medio, el texto, lo improvisa al vuelo confiando en su capacidad para conseguir un resultado aceptable.

A lo largo de las dos últimas semanas he estado trabajando en el guión del documental del que he hablado últimamente. En un principio, con poco tiempo disponible por el día a día, me estaba temiendo no estar a la altura. Pensaba que tendría que escribir a toda máquina forzando un poco los contenidos para cumplir con los plazos. Sin embargo no ha sido así. No puedo decir que haya sido un paseo, el tiempo apremiaba y tuve que escribir el primer borrador casi de un tirón (una tarea imposible, por cierto, si no hubiese contado con la ayuda de Gemma), pero afortunadamente tuve un salvavidas que me mantuvo a flote durante todo el proceso de redacción: el tratamiento. El hecho de tener un plan maestro, una hoja de ruta que me llevaba del punto A al punto B y de ahí al C, me permitió concentrarme en la literatura sabiendo perfectamente de dónde venía y a dónde debía llegar.

La experiencia me ha recordado lo importante que es la información y la planificación previa. No sólo a la hora de escribir; cualquier acción con un objetivo concreto que exige un desarrollo táctico escalonado va a salir mejor si está planificada de antemano. Sobre todo si los implicados en su desarrollo conocen el plan. Si después surgen inconvenientes – que surgirán – la capacidad de reacción del equipo y su flexibilidad serán capitales, pero no cabe duda de que incluso estas producirán mejores resultados si se ejecutan de acuerdo a un buen plan.

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Memoria selectiva

Estos días estoy enfrascado en la escritura del guión del documental que estamos preparando. Me está costando horrores porque estoy escribiendo contrarreloj y robando tiempo de donde puedo pero, aún así, es una parte que estoy disfrutando. No sólo por el hecho en sí de darle forma a la historia; también porque que estoy descubriendo un periodo histórico que conocemos muy por encima. Cuando se trata de guerras mundiales, la Segunda domina las estanterías de las bibliotecas, la ficción cinematográfica y nuestro imaginario colectivo. Sin embargo me está resultando sorprendente la influencia que tuvo aquella ‘Gran Guerra‘ en la historia de España. Además de lo determinante que resulto la Primera Guerra Mundial para la evolución de la economía española – con lo que esto supuso para los acontecimientos históricos que se desarrollaron en los años 20 y 30 – resulta que durante el conflicto España fue uno de los territorios donde hubo un mayor despliegue de misiones secretas de espionaje y sabotaje.

Como el país era neutral tanto los agentes alemanes como los ingleses podían desarrollar sus actividades sin demasiado miedo a ser descubiertos por las autoridades locales. Además ambos bandos usaban a las empresas españolas para evadir los respectivos bloqueos económicos y conseguir mantener abiertas las líneas de suministro. Los armadores españoles hicieron fortuna llevando carbón y cereales a los aliados y minerales a los Imperios Centrales.

En la Península Ibérica se desarrollaron algunas acciones encubiertas realmente sorprendentes. Una de las que me ha llamado la atención fue un rocambolesco plan alemán para desencadenar una guerra biológica contra Inglaterra. El objetivo de los germanos era entregar a una espía que viajaba a Sudamérica varios viales con Ántrax. Ella debía localizar en el continente americano una partida de ganado destinada a Inglaterra e inocular la plaga a los animales. Los alemanes querían, de este modo, extender la bacteria entre las granjas inglesas para minar la moral británica y crear escasez de alimentos. No he conseguido averiguar si el plan tuvo éxito o no. Por lo que sé los viales de Ántrax entraron en España ocultos en un submarino y dos agentes alemanes consiguieron llevarlo a su embajada y entregárselo a la espía encargada de trasportarlos hasta Buenos Aires donde su pista se pierde.

Me sorprende que historias como esta, que se desarrollaron, en nuestro país hayan caído en el olvido más absoluto. Y es una lástima porque siempre que escarbo un poco me doy cuenta de lo rica, interesante, abierta y absolutamente desconocida que es nuestra historia, más allá de los episodios que todo el mundo conoce y a los que siempre estamos dándoles vueltas. A veces parece que ni políticos, ni escritores, ni periodistas, ni investigadores sean capaces de mirar más allá de su propio ombligo y me da pena porque siempre me queda la sensación de que nos estamos perdiendo algo ¿no os parece?

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Una historia que contar

Recuerdo hace mucho tiempo que, en mis primeros años de universidad, me marcó mucho una frase que siempre he visto atribuída a García Márquez pero cuya autoría no he conseguido confirmar nunca: el fracaso del periodismo se debe a que los periodistas han perdido la facultad de contar historias.

Después de pasar 10 años escribiendo para diferentes medios, y pasando la mitad de estos trabajando en televisión, doy fe de que los periodistas vivimos cada vez más alejados de la realidad y más obsesionados con la actualidad (que en el 90% de los casos se limita a lo que marcan las agendas oficiales). Quizá sólo en un par ocasiones el día a día de la redacción me permitió rozar apenas una historia de verdad, de esas que ayudan a encajar un poco mejor las piezas mostrándote el mosaico desde otra perspectiva.

Cuando dejé de trabajar directamente en medios pensé que echaría de menos la posibilidad de cruzarme con esas historias pero, por suerte, es difícil echar de menos algo que en realidad no has tenido nunca.

Ahora, desvinculado del periodismo y de la tecla como modo de vida, resulta que me he encontrado con una historia de las buenas. Realmente ha sido ella la que me ha encontrado a mi: ha llegado y me ha sacudido un puñetazo en la barriga. Es una historia que te lleva a otras historias, es una historia vieja, es una historia dura y amarga, es una historia épica… Es una historia que me apetece mucho contar.

De momento no puedo contar mucho más al respecto porque hay que cerrar un montón de cosas aunque si una cosa tengo clara es que me voy a tener que esforzar escribiendo un buen guión. Espero acordarme de cómo se hacía…