Publicado en Internet, Pataletas

Tijeras

Debía haber escrito y publicado este post el miércoles, para poner mi granito de arena virtual a la iniciativa que puso en marcha Javier Peláez desde La Aldea Irreductible. Obviamente esta contribución no iba añadir nada en absoluto a la campaña ‘la ciencia española no necesita tijeras’, que ha hecho bastante ruido en Internet, pero es que yo también estoy harto de que las tijeras siempre corten por el mismo sitio.

Tengo la enorme suerte de conocer unos cuantos investigadores y algunos de ellos me dejan decir por ahí que son amigos míos. Uno de ellos, después de pasar unos cuantos años como becario en una universidad española, pasó a uno de los laboratorios genéticos más avanzados del mundo (en EEUU) y, de ahí, a incorporarse como investigador titular a una importante universidad británica. Otro de ellos es jefe de proyectos de I+D en una multinacional después de haberse doctorado en Francia gracias a una beca del gobierno galo. Creo que son dos personas brillantes – que me deberán una cerveveza 🙂 – y, sin embargo, los dos tienen un futuro que, al menos a medio plazo, se desarrollará lejos de España.

No he buscado estos ejemplos para dar la brasa con la puñetera fuga de cerebros. Ya se encargan los medios de volver sobre el tema porque, al parecer, es lo único que la gente ve cuando se habla de I+D. Yo he querido hablar de mis amigos porque ambos me han ayudado a entender cómo funcionan otros modelos económicos más avanzados en los que la investigación es una pieza clave.

Aunque mi cabeza es absolutamente impermeable a los conocimientos macroeconómicos, hasta yo entiendo que en una crisis los modelos más competitivos salen adelante mientras que los modelos menos productivos se estancan. Si, cuando Francia y Alemania empiezan a levantar cabeza, la OCDE nos tira de las orejas, no hay que ser muy listo para adivinar qué es blanco y viene en botella.

Realmente el sistema universitario español es un coladero en el que el dinero público se desperdicia a mano llenas (como en el resto de la administración). En las dotaciones presupuestarias de los proyectos pesan más los criterios políticos que la rentabilidad de los proyectos y la conexión con el mundo de la empresa es prácticamente inexistente. Sin embargo el núcleo de la investigación científica española se realiza en los institutos públicos porque, en el sector privado, el estímulo a la inversión es prácticamente cero. Y lo es porque en España no ha rentado nunca destinar parte del presupuesto a I+D: no hay deducciones fiscales para investigación y desarrollo, los inversores en innovación apenas encuentran estímulo y, encima, el sistema de subvenciones públicas es inoperante y amiguista.

Si la administración no está dispuesta a reformar el sistema fiscal viejo para atraer inversiones, si en los presupuestos van a primar las ‘prestaciones sociales’ totalmente improductivas (¿a nadie se le ha ocurrido utilizar esas partidas para inyectar líquido a las empresas que creen empleo?), si no se va a meter mano en las universidades para evitar la escasa productividad científica de gran parte del profesorado perpetuaremos un economía improductiva, desfasada y expuesta. No creo que en estas circunstancias la mejor opción sea emprenderla a tijeretazos con la ciencia.

Publicado en El plumilla, Pataletas

Plumilla in itinere

Estoy estos días un poco alejado del mundanal ruido porque, entre otras cosas estaré un tiempo recorriendo media España (tiempo en el que seguramente aprovecharé para pasar por el SIMO y en el que voy a conocer dos iniciativas rurales de periodismo ciudadano bastante interesantes

El caso es que he querido escribir esta entrada para comprobar si WP funciona en un smartphone (y lo hace sorprendentemente bien, al menos con un S60) y para ver si es posible trabajar online desde un pueblo muy, muy pequeño de la provincia de Guadalajara. Lamentablemente he tenido que venir hasta aquí para cerciorarme de que la penetración de la red en el interior de España deja mucho que desear. Y el mayor problema está en los accesos. La gente de aqui, a la que le vendría muy bien no tener que hacer 50 o 100 kilómetros para los trámites burocráticos, está navegando con conexiones de hace 10 años de manera que, para ellos, la administración electrónica es cosa de ciencia ficción (y eso que a los agricultores el ministerio les exige trabajar con mapas satélite que sólo pueden conseguir en la Web del catastro). Yo escribo estas líneas gracias al acceso GPRS – nada de 3G, claro – que, de vez en cuando, me deja navegar.

Creo que este problema de los accesos en las áreas rurales es uno de los principales escollos ante la penetración de la red que hacen, aún más profunda, la brecha digital.

Publicado en Comunicación, Pataletas

Quien siembra vientos…

Llevo varios días leyendo en la prensa y oyendo en la radio que la profesión periodística anda muy indignada por las ‘declaraciones institucionales’ que han hecho los políticos estos días. Declaración institucional es el eufemismo que se han inventado para referirse a los comunicados audiovisuales – unilaterales, a puerta cerrada y sin medios que pregunten – que han emitido en los últimos seis días Camps, De Cospedal y Blanco.

La práctica no deja de ser una evolución de esas ruedas de prensa sin preguntas que llevan años celebrándose y que hace unos meses les dio por denunciar a los directores de periódicos. Desde luego es una práctica tirana, oscurantista y cargada de desprecio que lo único que viene a ratificar es que los políticos se creen por encima del bien y del mal; sus gabinetes se afanan en proclamar la beatitud de sus líderes y la duda y las preguntas, por nimias que sean, se contemplan como un atentado punible (es que los gabinetes de prensa políticos no son muy dados al 2.0).

Lo que  no entiendo es por qué ahora, en agosto y con poca densidad informativa, los tertulianos profesionales se rasgan las vestiduras y se quejan del desprecio que muestran los políticos hacia los medios. Hace años que este desprecio es patente y manifiesto y la descarada politización de las empresas periodísticas han contribuido a esta tiranía.

Desde luego, ante esta actitud, los medios deberían haberse plantado hace tiempo y, tras una queja pública y formal, deberían haberse negado a emitir estos mensajes explicando sus razones. La noticia se hubiese distribuido por otros medios (aunque ellos no se hayan dado cuenta, ya no tienen el monopolio de la información) pero el sistema mediático hubiese salvaguardado la dignidad desde el primer momento y, sobretodo, hubiese mantenido firmes unas posiciones y unos principios. Entonces sí que tendrían derecho a protestar y, sobretodo, podrían demostrar que lo que les importa es ejercer en nombre del ciudadano el derecho a la información y a la fiscalización de los poderes públicos.

Porque para replicar teletipos, difundir notas de prensa y reproducir ‘declaraciones institucionales’ ya está GoogleNews. El derecho a hacerse el ofendido hay que ganárselo dando el cayo frente al chantaje institucional porque si no, y como dice el refrán, al sembrador de vientos sólo le espera una buena cosecha de huracanes.

ACTUALIZACIÓN 11/08/2009 (¡ni 24 hrs. después!)

Acabo de descubrir vía Twitter (@360gradospress, @PabloHerreros y @233grados) que hay una protesta en marcha  contra las ruedas de prensa sin preguntas, con un grupo en Facebook al que yo ya me he apuntado.

ACTUALIZACIÓN 17/08/2009

El grupo de Facebook de No sin preguntas ya ha llegado a los 3.000 usuarios y los mismos medios están empezando a prestarle atención a la iniciativa.

Publicado en Otras cosas, Pataletas

La paletilla y el guardia civil

No soy muy aficionado a hablar de política por aquí porque, entre otras cosas, estoy hasta salva sea la parte (que queda más abajo del ombligo, eso sí) de la desvergüenza, la inutilidad y el morro desmedido de nuestra clase política. Hecho el oportuno disclaimer, me vais a permitir que me despache a gusto con los puñeteros trajecitos del Molt Honorable Sr. Camps.

Realmente los trajes no son el problema real; es que el tema ha puesto de manifiesto la sinvergonzonería y el rostro que le echan los políticos – todos los políticos, ojo, no sólo los correligionarios del susodicho porque creo que el caso Gürtel sólo es un ejemplo más en la larga historia de la corrupción política española – a la hora de hacer de su capa un sayo y aprovecharse de manera obscena de la res publica. Si no qué sentido tiene la defensa corporativa que se ha hecho del regalo como cortesía política.

Hace unos días me contaron una historia real que para mi representa lo que es vocación de servicio público frente al afán por aprovecharse del cargo. La anécdota se remonta a la dura época de la postguerra española, a los años de la ‘jambre’ (pronunciada con esa h impecablemente aspirada que sólo son capaces de pronunciar los sevillanos). Por aquel entonces un guardia civil de origen humilde, que había entrado en el cuerpo para tener un magro salario con el que alimentar a la familia, acababa de ser ascendido a comandante de puesto. Como tal estaba al mando de un pequeño cuartel de un pueblecito del interior de Jaén y, como por arte de magia, se acababa de convertir en eso que entonces se conocía como ‘las fuerzas vivas’.

En la postguerra, además de hambre, se pasaba miedo y todo el mundo quería congraciarse con la autoridad no sea que, de repente, alguien lo tildara de poco adepto. Por este motivo, cuando la mujer y la cuñada del nuevo comandante de la guardia civil hicieron su primera visita al colmado del pueblo, el tendero les ofreció, como ‘cortesía política’ una hermosa paletilla de cordero. Ambas regresaron a la casa-cuartél relamiéndose pues la única carne que habían visto en los últimos años era la que quedaba en los espinazos de gallina con los que hacían el caldo.

Sin embargo cuando el guardia civil llegó a casa y se encontró con el regalo de cortesía se indignó profundamente. Cogió la paletilla y se la devolvió al tendero agradeciéndole su deferencia pero dejándole claro que su deber era estar al servicio del pueblo, que percibía un salario – escaso – por su trabajo y que, de momento, éste sólo alcanzaba para los garbanzos del cocido.

50 años después me gustaría saber cuál de nuestros próceres sería capaz de sostener la misma actitud del guardia civil.

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Karaokes televisados

Cuando una gran estrella muere los medios, ávidos de e mociones que enganchen a la audiencia, diseccionan cada aspecto de su vida. Michael Jackson no ha sido una excepción, ni mucho menos. Sin embargo toda esta saturación informativa me ha servido para darme cuenta de dos cosas: que soy capaz de tararear más canciones de Jackson de las que pensaba y que por encima de todo Jacko era único e irrepetible.

Supongo que este segundo aspecto es una auténtica perogrullada pero creo que muchas de las mentes pensantes que mueven los hilos de la industria cultural, musical y cinematográfica sobretodo, no se detienen a pensar lo importante que resulta. Ayer, paseando por un centro comercial, descubrí que todo lo que sonaba en la tienda eran versiones de grandes éxitos del pop español en los que la voz original había sido sustituída por el ganador de algún concurso de televisión.

No voy a ponerme a darle vueltas  a la SGAE, los derechos de autor y la murga de siempre; sin embargo si que creo que, cuando la industria discográfica se queja de los pocos discos que se venden debería plantearse qué tipo de discos se pretende vender y sobre todo deberían analizar qué tipo de música está dispuesta la gente a comprar. Las versiones, por ejemplo, no tienen sentido si no aportan nada a la ejecución original; yo soy un gran aficionado a las versiones de canciones clásicas (del rock, del pop, del jazz…) pero siempre que los nuevos intérpretes revisen la pieza original enriqueciéndola con su visión particular.

Desde luego los modelos de distribución ya no son los mismos que hicieron millonario a Jackson pero sigue siendo posible vender discos si la propuesta es interesante. Hace unas semanas me sorprendió la maravillosa fiesta de la música que se celebra en París; en cada esquina un grupo interpretaba a su manera y, casi todos los que tenían sus discos con ellos vendieron unos cuantos ejemplares. Muchos, además, promocionaban sus blogs, sus páginas en MySpace o, incluso, las de los grupos a los que idolatran.  Y el público estaba entusiasmado. La gente está ávida de música, de buena música, y si las discográficas no están dispuestas a dársela ya se preocuparán ellos de buscarla. Aunque sea en la calle.

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¿Quién vigila al vigilante?

Esta mañana a primera hora, como todos los días, le he echado un ojo a la prensa (en internet) mientras me tomaba el re-desayuno 🙂 y casi le escupo el café a la pobre pantalla: Los editores, en contra del plan de ayudas a la prensa del Gobierno. Llevo varios días (quizá incluso meses) poniendo a caldo los medios de comuniación por lo mal que están encajando la cacareada crisis de la prensa. Me indigna la actitud, la verdad, porque he pasado muchos años dando tumbos por redacciones de prensa, radio y televisión y sé que son ellos los que están cavando su propia tumba. Pero no voy a volver sobre el tema otra vez, sobretodo cuando el periodista Manuel M. Almeida ha hecho uno de los análisis más lúcidos de lo que él llama el fracaso de la prensa.

Lo que me ha parecido ya el colmo de la desfachatez es que la Asociación Española de Editores (AEDE), según cita El Mundo, argumente su crítica diciendo que “las medidas no suponen un plan estructural para un sector que es garante de derechos y libertades y no se acercan ni remotamente a las ayudas de otros países” (la negrita es del original). O sea que, para garantizar la independencia de la prensa, el gobierno debe intervenir en su economía y, de paso, extender un cheque en blanco a los editores para que puedan seguir empleando sus medios para felicitarle el cumpleaños al Pato Donald (otro adalid de los derechos y las libertades, dónde va a parar).

Me parece un planteamiento, cuanto menos egoísta; eso por no decir que es de un cinismo vergonzante. A los medios les (nos) encanta aparecer como adalides de la liberté, la egalité y la fraternité pero la verdad es que hace ya mucho que han perdido el compromiso con la información. Hemos llegado a un punto en el que incluso los intentos de una gran empresa por adoptar una estrategia de comunicación más transparente se considera un ataque a la exclusividad de la prensa como gestor del monopolio de la información.

Los medios de comunicación, como institucion, están ya muy lejos de ejercer ese cuarto poder del que habló Burke. Y no creo que debamos ser los ciudadanos, y los periodistas, de a pie los que les sufraguemos la respiración asistida. Sobre todo cuando otro tipo de prensa es posible.

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¿Estamos tontos o qué?

Debe de ser que es tarde, estoy solo cara al ordenador y, después de unos días bastante intensos, tengo ganas de decir alguna que otra barbaridad. Y como llevo todo el día oyendo hablar de la puñetera pitada de la Copa del Rey… pues vamos a darle caña 🙂

A ver, igual es que yo vivo en mi mundo y no me entero de nada pero ¿Van a jugar la copa del rey y qué esperan? ¿que los reciban con megamix de Els Segadors y del Euzko Abendaren Ereserkia? ¿Que la rotulación del partido se ponga en esperanto para no ofender?

Que conste que a mi el señor don Juan Carlos y el himno y la bandera y todas las zarandajas circundantes (como el jurgol, dicho sea de paso) me traen absolutamente al pairo. Pero la bufonada del himno ha servido para recordarme lo atontaos que estamos a veces, de verdad.  ¿No es la Copa del Rey? ¿Que esperaban que les pusiesen el Paco Paco?

Coño, pues si no quieres oir el himno no vayas. Además, digo yo que si pasas del señor rey ¿para que quieres una copa suya? Vete al Ikea a comprar vasos molones como hacemos todos…

Al menos la bronca sirvió para que se dejase de hablar de la Gripe esa (Nueva o A o Porcina o Leovigilda o como le quiera llamar la OMS). Bueno, también nos valió para que se olvidasen un rato del lamentable ejercicio de onanismo que supone, año tras año, el puñetero debate del Estado de la Risión. Qué bueno soy, qué bien lo he hecho, qué malos que son los otros y blablabla

Porque para ellos ese es el barómetro del Estado de la Nación: a ver cuántos chascarrillos míos sacan en el informativo de Matías. Si salen muchos es que soy la polla. Si salen pocos es que España se va a la mierda, los medios están manipulados y el milenarismo va a llegaaaaaaarrrrrrrr…..

Y mientras tanto, en la misión evangélica de la calle Roger de Flor, todos los días hay una muchedumbre apagada que aguarda paciente a que abran el bando de alimentos y, en los dos albergues para sin techo que hay en el centro de Valencia, se acumulan los hombres de ojos vacíos que apestan a vino y a desesperanza (Véis, yo también sé ser demagogo)

De verdad que, a veces, me pregunto si estamos tontos o qué…