Publicado en Libros, negrología

“El canto del cuco (The Cuckoo’s Calling)” de Gabriel Galbraith, 2013

Una novela negra se debe, en gran medida, a su puesta en escena. Por eso el escenario escogido tiene una influencia tan grande en el resultado. Lo importante no es la realidad sino el realismo. Qué importa que nunca llueva en el sur de California, Marlowe no sería el mismo sin la gabardina. Porque esa lluvia constante que acentúa el desamparo del huelebraguetas era imprescindible para la épica y para la condenación. Bien lo sabía Chandler.

Sin embargo hay ocasiones en las que el escritor apenas debe fabular nada, porque el escenario le brinda todos los elementos necesarios para una puesta en escena brillante. Ciudades implacables en las que la historia, la geografía urbana e incluso la climatología parecen alinearse disponiendo el perfecto escenario para una novela negra. Y Londres es, sin duda alguna, una de esas ciudades.

Por eso es difícil decidirse a la hora de escoger o de recomendar una novela negra ambientada en la ciudad. Son tantas que uno apenas tiene dos opciones: andar sobre seguro y tirar de clásicos o ir de aventurero y escoger alguna de las novedades. La segunda opción es, por supuesto, mucho más arriesgada. Pero es la única en la que uno puede encontrarse con ciertas sorpresas. Y The Cuckoo’s Calling es una de estas sorpresas.

Arruinado y recién separado, Cormoran Strike tiene que apoyarse en una pierna ortopédica y una secretaria temporal cuyos honorarios no puede permitirse para lidiar con un caso que podría sacarle por fin de la indigencia: un abogado de buena familia quiere que investigue el suicidio de su hermana, una famosa supermodelo con serios desequilibrios mentales. Y aunque todo el mundo trata de convencerlo del sinsentido de su empeño, Strike recorrerá sórdidos albergues en Hammersmith, lujosas casas en Chelsea, discotecas de moda en Mayfair y estudios de moda en Shoreditch para averiguar si tras la caída al vacío del Cuckoo hay algo más que una profunda depresión nerviosa.

Un detective fracasado, un caso imposible y una ciudad fascinante. Nada que no hayamos visto antes. Y sin embargo The Cuckoo’s Calling guarda algunos momentos geniales. Al menos al principio. La presentación de personajes está muy lejos del tópico y los cambios de punto de vista que usa el libro le dan un toque bastante fresco a la narración. Después quizá pierde algo de fuelle pero el carisma de Strike como personaje es innegable y el ritmo de la novela engancha. Además, todo el elenco de personajes está muy bien caracterizado. Incluso la ciudad de Londres, que tiene tanto protagonismo como cualquiera de los secundarios.

Hay un pero, no obstante, que achacarle y es, para mi, una resolución fallida. No estamos ante un apresurado Deus Ex Machina pero es cierto que el giro final es demasiado inesperado y eso lo hace bastante inverosímil. Chirría. Echo de menos argumentos que lo sustenten.  Le falta, quizá, algo de entraña al asunto que evite esa frialdad que recuerda en parte a las impecables resoluciones que obraba Poirot o el mismísimo Holmes.

Con todo y con eso, la lectura es entretenida. No creo que nadie deba echarse atrás por el simple hecho de que tras el nombre de Gabriel Galbraith se oculte en realidad la mismísima J.K. Rowling. Porque The Cuckoo’s Calling tiene tanto que ver con Harry Potter como Alan Moore con la Reina de Inglaterra. De hecho yo jamás me leí un libro del mago y sin embargo ya estoy deseando que haya un nuevo caso para Cormoran Strike.

Cuckoo's Calling

Publicado en negrología, series

The Bridge (2013)

Escandinavia está de moda. Al menos en cuanto al género negro se refiere. Desde que Larsson se convirtió en un fenómeno mundial, las novelas, películas y series de televisión de temática criminal que vienen de los países están por todas partes. Eso sí, los productos audiovisuales, sobre todo los televisivos, suelen llegarnos de segunda mano. Y es que la mayoría de historias negras escandinavas que programan nuestras televisiones llegan a la pequeña pantalla a través de adaptaciones estadounidenses.

The Bridge es una de esas historias. Vaya por delante que no he visto la producción original. Supongo que, al igual que ocurría con The Killing, habrá quien anteponga la versión escandinava aunque no se me ocurre como ese puente que une Dinamarca con Suecia puede disponer un escenario más sugerente que el de la versión estadounidense: de un lado El Paso, del otro la tristemente célebre Ciudad Juárez.

La serie arranca bien. Con un cadáver en un lugar complicado que obliga, de buenas a primeras, a discutir si la jurisdicción sobre el caso la tiene la policía estadounidense o la mexicana. Pero eso apenas son los aperitivos. Porque el cadáver no es uno sino dos. Porque parte pertenece a una mujer muerta en circunstancias muy incómodas para ambos países. Porque los policías encargados del caso son diametralmente opuestos. Y porque la serie no hace más que, a partir de ese primer capítulo, profundizar más y más en una situación podrida, caótica y fascinante.

Me gusta especialmente el trabajo que se ha hecho con los actores. Un trabajo que, creo, parte de un buen desarrollo de personajes. A medida que se suceden los capítulos vamos descubriendo cada vez más cosas sobre ellos. Los vemos cambiar. El poli ejemplar deja de serlo y el tipo más siniestro resulta  estar marcado por una historia que termina por ponerte de su lado. Me gusta el dúo Demian Bichir / Diane Kruger. Y no tanto por la química que puedan tener entre ellos, que no es de las mejores que he visto en una pareja de polis de ficción. Es más por cómo encarnan perfectamente dos arquetipos que, con sus luces y sus sombras, encajan perfectamente. También ha sido una sorpresa encontrar a Ted Levine quien, pese a su larga trayectoria, para todavía sigue ligado a su personaje más conocido.

The Bridge es una serie recomendable en la que la puesta en escena clásica del género negro cambia los ambientes urbanos y la oscuridad por el desierto y la desolación de las ciudades fronterizas. Tiene algo de la sordidez de McCarthy y de ese western amargo de Leonard o de Jim Thompson. No es Sed de Mal, ni mucho menos, pero por suerte discurre por un camino que no le va a la zaga.

Publicado en Libros, negrología

“El guardián invisible” de Dolores Redondo

Es curioso como todo lo que tiene que ver con este libro se me queda pendiente. Tuve pendiente en su momento leérmelo, pese a las ganas que tenía de hacerlo. Y tras haberlo hecho, por fin, llevo unos meses con su reseña por escribir. Pero tarde o temprano toda deuda tiene que ser saldada así que ahí va lo que a mi personalmente me pareció El guardián invisible de Dolores Redondo.

La novela acompaña a la inspectora Amaia Salazar, una integrante de la policía foral navarra formada en Quantico que se ve al frente de una investigación por asesinato múltiple en los alrededores de su pueblo natal.  Y eso acaba por suponerle más un problema que una ventaja puesto que sus recuerdos del lugar no son precisamente idílicos y su pasado amenaza con dificultar la resolución de un caso macabro, ya de por sí bastante complicado.

Mezclando elementos clásicos de género negro con elementos paranormales que profundizan en el folclore local, tengo que reconocer que Redondo ha logrado un resultando que engancha. La novela se lee de un tirón y creo que, pese a algunos tópicos algo manidos, la inspectora Salazar está bien caracterizada. Su historia personal es complicada y algo retorcida, a ratos resulta inverosímil es cierto, pero la mayor parte del tiempo contribuye a que el lector establezca una conexión con el personaje que le hace ganar mucho a la lectura de la novela.

Otro de los aciertos es la puesta en escena. La geografía baztanesa, con su bosque impenetrable y su paisaje recóndito, refuerza ese componente sobrenatural que pretende aportar al relato un componente de realismo mágico. A mi, personalmente, no terminó de convencerme ese aspecto esotérico y  algunas de las referencias al folclore local se me quedan muy alejadas de la realidad. Creo que el relato pierde verosimilitud por esa parte y no soy precisamente el tipo de lector que rehuye de lo fantástico. Aún así pienso hacerme con la segunda novela y, si finalmente es cierto eso de que la novela se va a llevar al cine, cumpliré religiosamente con el visionado.

Productos mucho menos dignos se hacen por ahí y los aplaudimos entusiasmados…

Imagen: Página oficial de Dolores Redondo

El guardian invisible

Jo: en un París de color negro

Jo: en un París de color negro

Jo St-Clair es un madero que trata de reponerse de un ataque al corazón mientras aprende a lidiar con una hija drogadicta cuya existencia desconocía. Él no se hace ilusiones. Ha descartado ya cualquier posibilidad de remisión. Tan sólo aspira a mantenerse sobrio un día más y, en la medida de lo posible, a ser capaz de hacerle justicia al último fiambre.

Sigue en Negrología