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Balas perdidas…

Supongo que el concepto más apropiado para traducir el ‘rolling stone’ inglés es el de ‘bala perdida’. Desde luego es un concepto que se adapta perfectamente a la imagen que siempre han vendido Keith y Mick. Al menos antes de que el segundo fuese caballero del Imperio (británico, claro; que yo sepa Jagger no tiene antecedentes Sith…). Bala perdida también es la definición que mejor se adapta a la protagonista de la canción de Dylan. Creo que la feliz coincidencia de esos nombres y de conceptos no le pasó desapercibida a nadie nunca. Ni siquiera a sus propios protagonistas. Aunque durante un tiempo hiciesen caso omiso de la similitud. Hasta 1995. Ese año lanzaron un disco de versiones en directo en el que estaba su interpretación de Like a Rolling Stone. Y la confluencia fue perfecta. No sólo de música y letra. El vídeo que se lanzó ese año para promocionar el sencillo lo dirigió un entonces desconocido Michel Gondry con una estrella indy, como entonces era Patricia Arquette, haciendo de Bala Perdida. Por cierto, sin el uso que se hace de las animaciones de fotografías en este clip es muy probable que los Wachowski jamás hubiesen empleado el Bullet Time en Matrix. Creo que algunas de las piezas más memorables de nuestra cultura (música, cine, la literatura…) han visto la luz gracias a estas felices coincidencias. PD – Los Stones no suelen tocar esta canción en directo. Hacía años que no la tocaban de hecho cuando el 25 de junio, en su concierto en el Bernabéu, la interpretaron. El público la eligió de entre una lista de seis. Quizá fuese solo otra feliz coincidencia estar allí para escucharla 🙂

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El videoclip más friki de todos los tiempos…

The Black Keys es un gran grupo. Hacen un blues rock bastante simple y, aún así, bastante bueno. El sonido es sencillo, directo, sin artificios y un poco friki. En cuanto a sonido, y en cuanto a estética, son una vuelta al garaje, a las grabaciones caseras y a la cámara de Super 8. Pero pese a lo competente de su sonido, si The Black Keys se ganan un huequecito en la historia del rock será, seguramente, por sus geniales videoclips. Con mucha exploitation y un capazo de sentido del humor, todos los videos que ha grabado el grupo hasta hora son, como poco, originales aunque el último se lleva la palma. Fue nominado a los MTV Music Awards y he de reconocer que, pese a que el premio se lo llevó David Grohl, yo hubiese preferido que ganasen ellos.

¿Por qué? Pues porque creo que el videoclip que hizo Chris Marrs Pillero para Howlin’ for You es el más friki de todos los tiempos. Pero si hasta salen Sean Patrick Flanery y Diora Baird ¡Diora Baird! De verdad, si hicisen más videoclips así volvería a ver la MTV…

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Gruñidos metálicos

Si alguien, alguna vez, ha leído lo que he escrito aquí sobre música (que a tenor de las cifras de tráfico es bastante improbable) ya sabré que me gusta el Metal.  Si tuviese que escoger sólo un tipo (si me viese obligado so pena de perder la edición coleccionista de Predicador o algo así) tengo claro que me quedaría con el Power Metal más clásico pero, realmente me gusta casi todo el Heavy Metal. Casi. Hay una vertiente con la que nunca he podido: la más oscura, más pesada y más negra. No he podido nunca con el Black Metal. De hecho me tira para atrás el concepto de Extreme Metal.

Me gusta la velocidad, me gusta la potencia y me gusta el ritmo pero también me gusta la armonía y la complejidad musical. Supongo que por eso nunca me ha terminado de convencer el punk (salvo alguna cosilla más rockera). Y eso que el punk, en general, me parece divertido durante un rato. El Extreme, con tanto caos y tanto vikingo muerto, ni eso. De esta desafección surgió una cierta aprensión y, de ella, un prejuicio abierto a todo lo que huela a Extreme Metal. Por eso, cuando me hablan de voces guturales, enarco una ceja con suspicacia. ¿Growls? uf, yo paso.

Sin embargo, buscando algo de ambientación musical mientras escribía un guión de fantasía épica (por cierto, busco dibujante: espadas, brujas y todo eso, ya sabéis…) me encontré con Eluveitie y el Folk Metal.

Raro, ¿eh? Pero, aún así, muy buenos. Las voces guturales, los instrumentos tradicionales y las melodías folk crean un efecto casi hipnótico y generan ambientes que casi parecen reales. He seguido con interés este proyecto del flautista suizo Chrigel Glanzmann y me ha sorprendido gratamente encontrar detrás un puñado de músicos de sólida formación clásica,  tal cual me sucedió con los espectaculares Diablo Swing Orchestra.

Además de meter el Folk Metal en mi embrollado mapa metálico, Eluveitie también me ha reconciliado un poco con el growling. Resulta que esos gruñidos también pueden estar al servicio de la armonía, así que les he perdido parte de la aprensión y eso, obviamente, ha supuesto más descubrimientos. Puede que el más importante sea Arch Enemy.

Resulta que el Death Metal también tenía su lado melódico. Arch Enemy se ha convertido en uno de los grupos más potentes y más relevantes en el panorama metalero. Y lo han conseguido sin explotar la baza fácil del Female Fronted. De hecho que la cantante sea Angela Gossow es lo de menos y si la banda está donde está creo que es por lo sólido de la propuesta. No he escuchado ninguna otra banda Death tan melódica (aunque tampoco es que haya escuchado muchas…) – supongo que las guitarras de los hermanos  Amott tienen la culpa – pero lo que más me alucina de este grupo es su base rítmica, es brutal. Echadle un vistazo al arranque de Nemesis y decidme si no es físicamente imposible darle esa caña al doble bombo…

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Rock The Fall!

Después de unas cuantas entradas bastante espesas he decidido desengrasar un poco y darle caña a la música.  En vistas del feed-back que, por varios canales, me llegó del post de Los Bastardos Finlandeses, y dado que he tenido un otoño de lo más musical (y no lo digo por el llanto en estéreo que me ameniza las tardes ;D) me ha parecido una buena idea recopilar repasar tres grupos que me he encontrado el último mes.

Todos ellos, como muchos otros que ya he comentado alguna vez, los he descubierto gracias a Spotify y me han supuesto una sorpresa agradable: hoy en día se sigue haciendo música muy buena (según mi criterio, o sea: rock duro y malcarado :P).

Sin más rollos, ahí van cinco grandes descubrimientos musicales:

  1. Them Croocked Vultures: No se puede decir que sea un proyecto de nuevos valores. De hecho estos tres tienen mucha mili a sus espaldas, sobre todo dos de ellos: John Paul Jones y David Grohl. El primero fue uno de los fundadores de Led Zeppelin, el segundo es un de los músicos más influyentes de los últimos 15 años. Los dos se han unido al ex Queens of the Stone Age, Josh Homme en un supergrupo…. particular. Es que es la única palabra que se me ocurre para lo que hacen. Es rock,  sí; recuerda a Led Zeppelin o Queens of Stone Age, también. Pero es, es… es Them Croocked Vultures 🙂
  2. Aibourne: Al que no le guste AC/DC que no siga leyendo. Son australianos, son bastante duros y, como dice su bio en Spotify, ‘nunca llevarían una camisa rosa’.
  3. Volbeat: Aunque los descubrí en verano estoy escuchándolos mucho estos días. La culpa la tiene un proyectillo que he recuperado tangencialmente al que le pega mucho sus historias neo-noir. Son bastante heavy y, aún así, tienen un toque rock muy clásico. Michael Poulsen, su alma mater, define su estilo como ‘elvis metal’. Yo os recomiendo su tercer disco, Guitars Gangsters and Cadillac Blood. De hecho os dejo un vídeo de una canción, de ese disco, que me gusta especialmente. Por cierto ¿soy el único al que le recuerda al universo de 100 balas?
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¡Malditos bastardos (finlandeses)!

Diga lo que diga el anteriormente conocido como Símbolo de Mineapolis, también llamado como señor Príncipe de la lluvia púrpura y de cuyo nombre de ahora no puedo ni quiero acordarme, ni Internet está muerto ni desde luego él tiene idea de lo bueno que está siendo para la música. Al menos está siendo una gran bendición para aquellos a los que nos entusiasma  la música (como lo es para los entusiastas del cine o del cómic, aunque de eso escribiré otro día…).

Hasta hace diez o doce años los que teníamos gustos musicales poco ortodoxos (por no decir abiertamente raritos) teníamos pocas opciones: cintas piratas sacadas de la discoteca de algún amigo y la sección de importación de las tiendas especializadas. Punto. Aún así mi generación tuvo la suerte de poder acceder a muchísima más música que la de mis padres. Sin embargo las opciones más comerciales dejaban fuera todo aquello que no estuviese dentro (aunque fuese tangencialmente) de los circuitos mayoritarios.

La Red, sin embargo, ha permitido que el acceso a los contenidos se haga global. Para mi eso, musicalmente hablando, ha significado tener a mi disposición grupos y discos de mercados que desconocía. Gracias a este acceso he descubierto el j-rock, el rock alternativo que se hace en europa y, sobretodo, el espectacular hard rock que se está haciendo en Escandinavia. Conocía los proyectos más o menos relacionados con el metal sinfónico, como Therion o Nightwish. Sin embargo gracias a LastFM,primero, y a Spotify, después, he encontrado algunos grupos que se han convertido en imprescindibles en mis listas de reproducción. Primero fueron los heterodoxos Diablo Swing Orchestra, cuya mezcla caótica y genial de metal con swing y arreglos sinfónicos me dejaron con la boca abierta.

Hace poco he añadido a mi listado de favoritos a los Bastardos Finlandeses (ni es una traducción ni una adaptación, os juro que se llaman así); son un remedo boreal de Motorhead, pero me parecen absolutamente geniales.  Ahí va una muestra de lo que son capaces de hacer este hatajo de extras de Sons of Anarchy 🙂

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El crepúsculo de los dioses

Supongo que uno empieza a ser consciente de que nadie está a salvo del paso del tiempo cuando empieza a ver morir a sus viejos héroes. Mayo ha sido un mes maravilloso en el que aprendido mucho, en el que he visto como empieza a crecer un gran proyecto profesional y en el que, cada vez que pongo la mano en la barriga de Lu, me llevo una patada de alguna de mis hijas 🙂

Sin embargo mayo ha sido también un mes un poco triste. En los últimos quince días han muerto dos personajes cuya influencia ha sido determinante para ser como soy; es muy significativo que sean un ilustrador y un músico.

El primero se llamaba Frank Frazetta. Dibujante, ilustrador y pintor, Frazetta es seguramente uno de los autores más determinantes para configurar la imaginería del género fantástico. No hace falta haber pasado horas en una tienda de comics para que cualquiera encuentre algo familiar en algunas de sus ilustraciones más representativas. Para mi ha sido especialmente importante porque, pasando la adolescencia entre partidas de Rolemaster y episodios de la Espada Salvaje de Conan, las obras de Frazetta son como una especie de álbum de fotos de mi imaginación.

Y si Frazetta puso las imágenes, la banda sonora correspondió en gran media a Ronnie James Dio. El gran maestro de ceremonias del Heavy Metal, fue quien dotó esta corriente de algunos de sus signos más distintivos (incluyendo, por supuesto, la señal de los cuernos con la mano levantada). Su voz, su fuerza y su carisma están ligados de por vida a algunos de los himnos y de las bandas más representativas del rock duro: firmó junto a Ritchie Blackmore (ex-Deep Purple) los cuatro primeros discos de Rainbow, incluyendo el espectacular Long Live Rock’n Roll; sustituyó a Ozzy Osborne en Black Sabbath y ayudó a relanzar la banda con Heaven and Hell y Mob Rules; después, con su propia formación, publicó Holy Diver, dando el pistoletazo de salida a la brillante oleada de metal británico que atronó los ochenta.

Hace poco que había recuperado a Ronnie James Dio gracias a un comentario del señor Tonoware. Llevo cerca de seis meses machacando su viejos grandes éxitos, tratando de recuperar algo de forma con la batería. Su muerte me ha entristecido especialmente así que creo que voy a dedicar parte del domingo a homenajearlo como se merece: con las baquetas en la mano…

Long live Rock’n Roll!