Publicado en Comunicación

El arte de la manipulación

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Ya es tarde para recomendarle a nadie la Exposición Propaganda: Power and Persuasion. Termina el próximo martes. Además, está en Londres. Ha permanecido en la Biblioteca Británica desde mayo pero yo me enteré de que existía por casualidad. Turisteando por el feo edificio rojo de la biblioteca me encontré con el cartelón del Tío Sam. Estaba ahí, haciéndome sentir culpable por no correr a alistarme a luchar contra los boches en las trincheras del norte de Francia.

El resultado del descubrimiento fue que mi maleta se volvió con unos cuantos kilos de más y ahora tengo que hacerle sitio en la estantería al catálogo de la exposición y a algún que otro compañero suyo.

Como ya he dicho, no voy a recomendar la visita, porque no apenas hay tiempo. Pero sí que voy a recomendar leer un poco sobre el tema. Hoy en día, que se habla tanto de engagement, marketing de contenidos, branded journalism y demás conceptos que asocian el mensaje y el contenido a la venta de ideas, marcas y conceptos, creo que es útil y hasta sano, bucear un poco en los orígenes. La llamaban propaganda científica y tuvo algunos grandes fans como aquél alemán bajito y renqueante que fue el Ministro de Propaganda de Hitler. Por ellos se usó alegremente para justificar guerras, purgas, políticas demenciales y líderes dementes.

Sin embargo el concepto trasciende épocas y fronteras. Todavía se utilizan eslóganes, principios y argumentos que llevan más de 100 años tratando de doblegar conciencias. Y aunque principalmente se haga en política resulta sorprendente ver cómo casi ningún ámbito de la comunicación puede renegar hoy en día de ser discípulo, directo o indirecto, de ese arte de la manipulación.

IMAGEN: British Library

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Afán de superación

Es fascinante la capacidad de superación del ser humano. Y sorprendente. Incluso cuando piensas que no se puede gestionar peor la comunicación de un personaje el tiempo, y los hechos, te demuestran que sí, que se puede. Se puede ser más torpe todavía. Y meter la pata de una manera todavía más antológica.

Para que luego digan que en este país no tenemos afán de superación. Un nuevo #epicfail de los productores de “comparece como puedas“: llegan las condolencias de copypaste.

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Y mientras tanto yo, perdiendo el tiempo en lecturas sobre gestión de crisis y en informes de reputación…

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Mesas vacías

He tratado de mantenerme al margen. En la medida de lo posible. Y ha sido difícil porque el tema me despierta sentimientos contradictorios. Hasta que alguien puso en Facebook un enlace. Veo muchos últimamente sobre este tema. Pero este en concreto, sin contar nada nuevo, sin ser especialmente fiable, sin aportar nada más al tema que un montón de habladurías, me dolió. Fue esa foto, de mesas vacías y sillas abandonadas, la que me devolvió allí. Años atrás, cuando yo también me sentaba en una de esas mesas. O en otra parecida.

Fueron seis años los que pasé allí, de manera intermitente. Seis años en los que, efectivamente, fui testigo de docenas de desmanes y de derroches. En los que padecí a sindicatos incompetentes y a incompetentes no sindicados que ladraban mucho y mordían poco con tal de mantener la poltrona. Pero también fueron seis años en los que aprendí y disfruté. Compartí mi vida con un montón de gente increíble. Gente que me enseñó a trabajar en equipo. A ver la tele de otra manera. A disfrutar del subidón de adrenalina en un directo. A cazar falleras en una ofrenda. A currar. Y a reírme de todo en la medida de lo posible, aunque fuese editando un vídeo sobre John Ford a las dos de la mañana.

Aún me acuerdo de todos. En cierto modo, añoro aquellos momentos. Porque, aunque no me arrepiento en absoluto de haber dejado atrás esa época, los años que pasé entre esas mesas no volverán. En esta vida, para bien o para mal, todo tiene fecha de caducidad. Todo salvo la impunidad vergonzante de la que gozan algunos. Los mismos a los que nunca les importó llegar a esta situación. Porque en este caso, como en tantos otros últimamente  siempre pagan los mismos.

Va por ellos. Un abrazo compañeros. Aún desde el tiempo y la distancia se os recuerda. Y se os echa de menos.

 

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Y la verdad salvó el periodismo

Ayer se celebraron las V Jornadas de Periodismo Digital que anualmente organiza OIMED. Bajo el título “La era del periodismo social”, a lo largo del día se hablo mucho de periodismo pero también de interactividad, de entornos abiertos, de movimientos sociales, de redes, de problemas pero, también, de oportunidades. En un entorno de crisis y de malas noticias en el que los periodistas se han convertido en un colectivo seriamente amenazado resulta que no todo está perdido.

No quiero pecar de ingenuo pero el terremoto comunicativo que vivimos desde finales de los 90 debe desembocar en un ecosistema en el que los periodistas, en tanto que profesionales de la información, son más necesarios que nunca. Para mi esa debería ser la principal conclusión de la mesa redonda Luces y sombras: la información en entornos abiertos e interactivos que tuve ocasión de moderar en la Jornada. En ella Yolanda Quintana habló de algunas de las ideas que recoge en su libro “Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas” y apuntó que, efectivamente, el público ha dejado de permanecer inactivo. Produce, comparte y distribuye información continuamente y en tiempo real. Sin embargo se trata de información en bruto. Sin procesar, sin contrastar y sin verificar. Información sesgada o errónea que en ocasiones, como apuntó la profesora Elvira García al hilo del seguimiento de los incendios en Valencia este verano, distorsiona tremendamente la realidad.

En un entorno así es muy necesario el filtro profesional de alguien con el suficiente criterio y profesionalidad como para sistematizar la información que emite el público y contrastarla debidamente. En este flujo de contenido el papel del periodista como alguien capaz de certificar la autenticidad de un hecho cobra un papel clave tal y como insistió en la misma mesa Ximo Clemente, presidente de la Unió de Periodistes.

Ojo, el periodista y no el medio porque, precisamente, los medios no acaban de sentirse cómodos con este flujo de información ciudadana y, además, los propios ciudadanos no terminan de fiarse de cabeceras que saben condicionadas de antemano. Es el profesional el que tiene ahora que reivindicar ese valor y, tal y como se apuntó en la mesa, debe hacerlo precisamente trabajando la información para lograr esa confianza verificando fuentes y datos. Porque su honestidad, su coherencia y su compromiso democrático son más importantes que nunca.

Efectivamente todavía es necesario aclarar cuestiones tan peliagudas como los modelos de negocio que puedan derivarse del ejercicio del periodismo y, en consecuencia, cómo podemos hacer económicamente viable  esta información contrastada que necesitamos. Sin embargo sí que nos da argumentos más que sobrados para seguir reivindicando una profesión que, aunque denostada, es todavía imprescindible si queremos vivir en una verdadera democracia.

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Periodismo SoLoMo

Esta semana tuve la oportunidad de participar en una de las mesas redondas de la III Jornada Democracia 2.0. que organiza AVAPOL.

Fue una ocasión interesante de contrastar algunas ideas que desde la red se van imponiendo en el sector de la comunicación y que suponen cambios y oportunidades inauditos no solo para los medios sino también para el resto de la sociedad.

A fin de cuentas, tal y como comenté en mi turno de exposición, la llegada de las TIC supone una revolución cultural de implicaciones similares a las que trajo consigo la imprenta en 1450. Y, en última instancia, este invento contribuyó a la ola de revoluciones burguesas que sacudió Europa y América desde finales del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX.

Ante esa perspectiva no podemos ni siquiera imaginar hasta donde sacudirá Internet nuestras estructuras sociales. Aún así ya hay algunos sectores que han cambiado totalmente debido a ella.

El de los medios es uno de los que más frecuentemente se lamenta del daño que ha hecho la red en la industria. Y en cierto sentido no le falta razón puesto que si hay algo que Internet está haciendo saltar por los aires es la industria periodística. La industria, pero no el periodismo. Si comparamos las cifras del EGM con las de hace diez años vemos que el número de lectores de prensa y oyentes de radio ha aumentado y este incremento se debe a que el estudio contempla tanto soportes on como offline.

Los medios, tal y como los conocemos, están condenados. Son estructuras pesadas, caras y alejadas de la realidad cotidiana y hoy en día eso los deja sin una auténtica razón de ser. Pero el hecho de que los medios convencionales estén desmoronándose no implica, en absoluto, que desaparezca el periodismo. Claro que será muy diferente del que conocemos. Debe serlo, por fuerza. Un periodismo más pequeño, más cercano, más versátil y, sobretodo, más pendiente del ciudadano.

En cierto modo, al menos desde lo que vengo observando como parte de la Asociación de Medios Digitales, es la traslación al medio de comunicación de las tres tendencias que marcarán la evolución de la red para los próximos años: SoLoMo, o lo que es lo mismo, Social Local Mobile.

La razón de ser de los medios es que estén hechos de abajo arriba y desde la periferia al centro. Entendido así el periodismo funciona porque el público es perfectamente capaz de ver el valor que el medio aporta. Es cierto que todavía existen muchos interrogantes en torno al modelo de negocio que lo pueda sustentar, en torno a la profesionalización y en torno a la estructura de lo soporte pero también lo es que la sociedad ha cambiado y los ciudadanos exigen, como debe ser, una responsabilidad a los medios.

Aquí podéis ver el Prezi de la presentación:

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¡Enséñame la pasta!

A través de mi ex profe (y compañera en la Junta de la AMDComVal) Elvira García me llega el estudio de GAD3 sobre la presencia de los medios de comunicación en las redes sociales. La investigación me ha hecho darle vueltas a algunas ideas. No las toméis demasiado en serio. Sólo son reflexiones en voz alta.

A primera vista parece un estudio interesante aunque desde el primer momento he echado en falta cualquier referencia a los beneficios económicos de esa presencia en redes sociales. El contenido es muy difícil de rentabilizar así que el trabajo periodístico apenas es un negocio hoy en día. Y, sin embargo, ante esta coyuntura, cada vez se invierte más en la difusión de este contenido a través de medios sociales sin una aparente contraprestración económica.

También es cierto que, en primera instancia, la rentabilidad de estos soportes puede ser otra. Javier Ruiz, director de la Red Comarcal, nos contaba hace poco en una sesión de trabajo con otros responsables de medios que la cobertura que hicieron en su periódico del incendio de Cortes de Pallás en Twitter les supuso un incremento del 30% en el número de seguidores. Seguidores que, obviamente, no computaban en su cuenta de resultados puesto que no accedían, en princpio, al periódico y no incrementaban el número de visitas (por las que les pagan sus anunciantes). Aún así la cobertura les reporta un incremento en el nivel de exposición. Algo que, para medios pequeños, es crucial. A partir de ahí supongo que entra dentro de la estrategia de cada cual el llegar a fidelizar a esos potenciales lectores que han caído en su órbita.

Hasta cierto punto la aplicación se puede llevar también a todos los soportes. Los grandes medios están en contacto directo con sus lectores a través de los medios sociales pero ¿es todo a lo que podemos aspirar? A veces parece como si el tener una página en Facebook o una cuenta en Twitter fuese un fin en sí mismo para un medio de comunicación. Pero ¿acaso la presencia en las redes y el contacto con los lectores no es más que otro medio para cumplir con la función de informar?

Creo que ese es el foco que hay que habría que mantener y, en una realidad ideal, lo que habría que luchar por hacer rentable. Tal y como están las cosas, si el medio no es capaz de sostenerse a sí mismo, no tiene opción de existir. Aunque, por otro lado, quizá la vinculación con la audiencia a través de las redes haga a esta más dependiente del medio. Otra cosa en la que no entran los estudios (ni este ni otros) es en la capacidad de movilizar a estas bases de audiencia. Quizá, en entornos locales o especializados en los que el medio cumpla con una función bien reconocida, habría una vía para el crowdfunding

Pocas respuestas y muchas preguntas.