Publicado en Comic, El plumilla, Música

El crepúsculo de los dioses

Supongo que uno empieza a ser consciente de que nadie está a salvo del paso del tiempo cuando empieza a ver morir a sus viejos héroes. Mayo ha sido un mes maravilloso en el que aprendido mucho, en el que he visto como empieza a crecer un gran proyecto profesional y en el que, cada vez que pongo la mano en la barriga de Lu, me llevo una patada de alguna de mis hijas 🙂

Sin embargo mayo ha sido también un mes un poco triste. En los últimos quince días han muerto dos personajes cuya influencia ha sido determinante para ser como soy; es muy significativo que sean un ilustrador y un músico.

El primero se llamaba Frank Frazetta. Dibujante, ilustrador y pintor, Frazetta es seguramente uno de los autores más determinantes para configurar la imaginería del género fantástico. No hace falta haber pasado horas en una tienda de comics para que cualquiera encuentre algo familiar en algunas de sus ilustraciones más representativas. Para mi ha sido especialmente importante porque, pasando la adolescencia entre partidas de Rolemaster y episodios de la Espada Salvaje de Conan, las obras de Frazetta son como una especie de álbum de fotos de mi imaginación.

Y si Frazetta puso las imágenes, la banda sonora correspondió en gran media a Ronnie James Dio. El gran maestro de ceremonias del Heavy Metal, fue quien dotó esta corriente de algunos de sus signos más distintivos (incluyendo, por supuesto, la señal de los cuernos con la mano levantada). Su voz, su fuerza y su carisma están ligados de por vida a algunos de los himnos y de las bandas más representativas del rock duro: firmó junto a Ritchie Blackmore (ex-Deep Purple) los cuatro primeros discos de Rainbow, incluyendo el espectacular Long Live Rock’n Roll; sustituyó a Ozzy Osborne en Black Sabbath y ayudó a relanzar la banda con Heaven and Hell y Mob Rules; después, con su propia formación, publicó Holy Diver, dando el pistoletazo de salida a la brillante oleada de metal británico que atronó los ochenta.

Hace poco que había recuperado a Ronnie James Dio gracias a un comentario del señor Tonoware. Llevo cerca de seis meses machacando su viejos grandes éxitos, tratando de recuperar algo de forma con la batería. Su muerte me ha entristecido especialmente así que creo que voy a dedicar parte del domingo a homenajearlo como se merece: con las baquetas en la mano…

Long live Rock’n Roll!

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Entre trolls y mandobles

Si tengo que buscar culpables para mi afición al cómic, los mayores responsables son, sin duda, Ibañez y Roy Thomas. Por ese orden. Recuerdo perfectamente que el primer cómic que tuve en mis manos fue el Mortadelo que hizo Ibañez para el mundial de 1982 (y recuerdo también que me lo regaló mi abuelo, supongo que tratando ya de despertar en mi una afición futbolera que nunca llegó).

Mortadelo y Filemón se apoderaron de mi infancia (quitándole tiempo a Superlópez, Zipi y Zape y el Guerro del Antifaz) pero en mi adolescencia el que se llevaba todos mis ahorros era Conan. Entonces se editaba La Espada Salvaje en un sobrio blanco y negro que le daba a las viñetas un aire como antiguo.

Devoraba las páginas escritas por Roy Thomas y dibujadas por Buscema, Doherty, Alcalá, Chan… y, poco a poco, iba asimilando un universo vasto, épico. Un universo donde todo era posible. Me pasaba con las aventuras de Conan lo mismo que me pasó con las obras de Tolkien: me engancharon al género fantástico.

Los años – y la mala literatura – me alejaron del género pero las obras fantásticas siempre han estado entre mis favoritas. Lamentablemente se trata de un género poblado de clichés y de refritos pero todavía miro busco con curiosidad algo que atraiga de nuevo mi atención hacia el género. Y gracias al buen momento que vive el cómic ‘adulto’ estoy encontrado excusas para volver a la épica. Hace un tiempo me convertí en fan absoluto de esa obra maestra que es Fábulas. Esta semana he descubierto otra agradable sorpresa: Lanfeust de Troy.

Más simple y algo más infantil que la obra de Willingham, este cómic francés tiene la virtud de recuperar las grandes sagas fantásticas herederas de la tradición inglesa de Tolkien, como gran padre del género, pero también de Pratchett, como auténtico renovador de la temática fantástica. Lanfeust de Troy está dibujado de manera clásica pero sin renunciar a algunos elementos caricaturescos (con un estilo muy francés diría yo).

He leído el integral publicado por Planeta, que recoge el primer arco argumental. La historia en sí recurre a los temas habituales – que si un campesino alberga un gran poder, que si ha de recorrer medio mundo con excusas algo peregrinas, que si hay un malo malísimo que quiere dominar el mundo… – pero adornados con las suficientes pinceladas de humor y emplazadas en universo con elementos lo suficientemente originales para que Lanfeust de Troy resulte interesante. A mi, desde luego, me ha gustado bastante y creo que voy a seguir con la serie; si con el resto de números disfruto de la misma manera que con los cuatro primeros creo que habrá sido un gran descubrimiento.

BSO recomendada: Demons and Wizards de Uriah Heep

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Vampiros de serie B

No sé muy bien por qué pero, desde que recuerdo, me han fascinado los vampiros. Incluso cuando era un nano y se supone que los monstruitos debían aterrorizarme, me recuerdo lector voraz de libros como El pequeño vampiro. Luego la fascinación se enriqueció gracias a los cuentos clásicos, las viejas pelis de la Hammer que emitían en La 2, al Salem’s Lot de Stephen King o a los tebeos del CreepShow que leía en el barbero al que me llevaba mi abuelo.

Supongo que, con estos antecedentes (y pese a que mi interés por el mito abarca también revisiones y vueltas de tuerca como el universo de La Mascarada o ese interesante experimiento de marketing que ha sido True Blood), es normal que toda referencia al vampiro clásico – el de la capa y el acento transilvano – capte de inmediato mi interés. Por eso, cuando en Zona Fandom me descubrieron El Príncipe de la Noche, decidí rascarme el bolsillo y pasarme por una tienda de cómics para buscarlo.

Me he pasado el fin de semana dando cuenta de él en la playa y tengo que decir que no me han dolido los 24€. La verdad es que el guión no es una maravilla y contiene un par de escenas con diálogos un poco vergonzantes de puro ridículo (por cierto, a los chicos de Glénat se les han escapado algunas erratas). Aún asi me ha gustado mucho. Swolfs recupera el sabor del vampiro clásico recurriendo a todos los arquetipos de la serie B. La apuesta era arriesgada porque podría haberle quedado un refrito un poco lamentable pero le ha funcionado muy bien. En el cómic esta simpleza de planteamientos da más agilidad y permite crear un relato dinámico.

En el apartado gráfico es una joya. Los dibujos de Swolfs son una pasada pero, además, la reconstrucción de los escenarios históricos y de ese París de los años 30 es soberbia. También me ha sorprendido mucho el uso narrativo que se hace del color: las gamas frías y grisáceas para la soledad de un castillo, el resplandor dorado para las noches en el teatro de la ópera o el rojo y el negro para las veladasde invierno  junto a la hoguera.  En ocasiones es casi cinematográfico.

El Príncipe de la noche no es ni mucho menos original y en ocasiones cae en algún que otro tópico prescindible pero desde luego es una buena obra. La estructura del relato es muy ágil, el dibujo de Swolfes es esmerado y minucioso y la sensación que te queda después de haberla acabado es la de haber disfrutado considerablemente.

BSO recomendada:

The Butcher’s Ballroom, Diablo Swing Orchestra

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Enter Sandman…

Cuando era mocico y trataba de aprender a aporrear con cierta solvencia la batería me compré un método que prometía convertirme en Lars Ulrich, alma matter de Metallica. Como bien saben todos los que me han oído tocar alguna vez el método no tuvo mucho éxito.

El caso es que, por aquel entonces, escuchaba mucho a Metallica (supongo que tratando de buscar inspiración o algo). Y uno de los que considero uno de sus mejores temas es Enter Sandman.

Entonces no sabía quien era ese personaje del folclore tradicional a quien los anglosajones consideran rey del sueño. De hecho no tenía ni idea que a lo largo de los noventa DC-Vertigo publicaba en EEUU (y Planeta, creo, en España); en aquella época yo estaba más por la Espada Salvaje de Conan y la espectacular serie Ghost in the Shell de Shirow.

La verdad es que he descubierto Sandman casi veinte años después de que apareciese su primer número. Había oído hablar mucho de él pero que tengo que agradecer a Diego su insistencia en la recomendación. Después de descargarme el primer número me quedé enganchado y descubrí una de las obras literarias más profundas y complejas no sólo del mundo del cómic sino de la literatura europea contemporánea.

Sus guiones me parece un prodigio porque, en un medio como el cómic, es tremendamente complejo lograr verdadera profundidad literaria. Conocía parte del trabajo de su guionista, Neil Gaiman, por su trabajo en Hellblazer (otro trabajo muy interesante al que la entretenida peli que hicieron no hace verdadera justicia).

Ahora, nada más salir de la oficina, me he ido derechito a comprarme el volumen VII de la redición que se hizo hace unos años. He conseguido todos los volúmenes anteriores menos el I y, pese a los 30 eurazos que cuesta cada uno, creo que voy a tratar de rastrear los cuatro que me faltan. Pero, mientras llega el resto, pienso pasarme un fin de semana de deleite literario absoluto en brazos del Rey del Sueño.

BSO Recomendada para disfrutarlo: Metallica, de Metallica (1991), por supuesto

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Érase una vez…

Tan sólo hace unos meses que descubrí que, entre los miles de archivos que los amables usuarios comparten desinteresadamente en la Red, circulan toneladas de cómics. Esto ha supuesto dos cosas para mi: ha aniquilado el poco tiempo libre que me quedaba y me ha ayudado a repoblar mis estanterías.

Gracias a la Red he ido descubriendo algunas series que hoy considero imprescindibles (y que he comprado religiosamente después de descargar dos o tres álbumes y comprobar que el desembolso valía la pena.

Entre todos estos hallazgos el gran descubrimiento para mi (y para Lu que me los quita de las manos sin esperar a que yo los lea) es Fábulas. Cuando leí la sinópsis me hizo gracia: un grupo de personajes de fábulas y cuentos infantiles – Blancanieves, el Lobo Feroz, Pinocho, los Tres Cerditos – han escapado del reino fantástico de los cuentos expulsados por un misterioso enemigo. Desde entonces habitan escondidos en el centro de Manhattan.

La idea me recordaba a Shrek y, como los dibujos que vi me resultaron atractivos, me bajé los dos primeros Fábulas. Me encantaron. El primer volumen está bien pero el segundo, Rebelión en la Granja, es una auténtica obra maestra. Me parece un gran homenaje a toda la tradición literaria europea de los dos últimos siglos y, al mismo tiempo, una crítica social cargada de ironía. Además creo que Willingham ha logrado revivir los cuentos con los que hemos crecido dándoles una pátina de cinismo e ironía absolutamente geniales. Y eso por no mencionar que los dibujos son una maravilla.

Creo que Fábulas se convertirá en un gran clásico, al mismo nivel que Sandman o Corto Maltés. La profundidad y la fidelidad a la hora de adaptar los personajes de los cuentos, la épica amarga que transmite y la ausencia de hipotecas con lo políticamente correcto han hecho de esta una de mis series de cómic favoritas.

BSO recomendada: