Publicado en Comunicación, CONNEXT

¡Es el contenido, estúpido!

Ya ha acabado el se había anunciado como el mayor evento europeo de Inbound Marketing. Todos teníamos ganas de ver cómo se desenvolvía aquello que, en realidad, todavía es cosa de cuatro frikis por estos lares. Y la conclusión principal que yo personalmente saco de The Inbounder es que ha molado. Mucho. Ha sido una ocasión única para hablar sobre la metodología que, de verdad, está cambiando la manera de entender el marketing. No solo el digital. Todo el marketing.

Mola también ver que los que hemos apostado por esto no estamos tan locos. Sabíamos que no había muchas agencias de Inbound Marketing en Valencia. Pero sí las hay, y en abundancia, a lo largo y ancho del globo.  Tal vez esa haya sido la experiencia más interesante de The Inbounder: disponer de un par de días para hablar con colegas de todo el mundo. Hemos compartido experiencias con agencias europeas, americanas y hasta africanas. Y es muy reconfortante saber que no estamos solos en el universo.

Hemos aprendido el valor de la experimentación a la hora de generar verdadero conocimiento gracias al equipo de Hubspot. Ha sido todo un descubrimiento incorporar KPIs a un panel de control para medir el branding. Pero todavía lo ha sido más conocer el valor del enfoque psicológico para lograr que incluso los contenidos más racionales sean irresistibles. Aprender a pulir mejor los CTAs y los titulares, mejorar la organización de las informaciones para hacer más fluida la experiencia de navegación. Y por supuesto escuchar a Rand Fishkin y ver su bigote en persona.

Pero lo mejor ha sido cerciorarnos de que el contenido es el combustible que hace funcionar la red. Y que quien produzca los mejores contenidos tiene la llave para encontrar la mejor manera de llegar a sus clientes. De engancharlos. Y de convertirse en relevante para ellos. Porque a partir de 2015 los buscadores -o sea, Google- otorgan cada vez más relevancia a la interacción y al comportamiento en el posicionamiento. Usar bien las keywords es importante pero también lo es no tener rebotes.

Los buscadores -o sea, Google- no quieren rankings vacíos si no contenidos que satisfagan las necesidades de información de los usuarios. Teniendo en cuenta que esa es la clave del Inbound Marketing, parece que la metodología está aquí para quedarse. Esto no ha hecho más que empezar. Y es genial estar subido en la primera ola.

Publicado en Temporada de cizaña

Taula y su cizaña: La trama que yo no me he inventado

Dice la sabiduría popular que la realidad acaba por superar siempre a la ficción y después de seguir el sumario de la Taula no puedo más que estar de acuerdo. No me creo capaz inventar una trama que supere a esta. Tal vez en Temporada de cizaña me acercase bastante a la realidad pero no creo que haya ninguna novela, ni la mía ni cualquier otra, capaz de construir una trama como la que desgranan esos miles de folios del sumario del caso. Todavía estamos en la fase de los presuntos pero me fascina la complejidad del entramado al que apuntan las declaraciones -interesadas, supongo- que se han ido filtrando en los distintos medios: un sistema de intercambio de favores por billetes de proporciones épicas.

Todavía hay muchos huecos, lo sé. Pero yo, que tengo el pensamiento mal avenido del que se ha pasado horas en compañías poco recomendables empiezo a darle vueltas a la cabeza. Y relleno lo que no sé con lo que imagino. O con lo que aprendí de políticos como Frank Underwood, abogados como Saul Goodman y hombres de -ejem- negocios como Michael Corleone o Tony Soprano. En mis elucubraciones veo un gobierno autonómico en el que los que mandan algo, aunque sea poco, tienen la llave de las concesiones públicas. Unos sobres por aquí, unas buenas comisiones por allá, y esas concesiones cambian de manos a precios exorbitantes. Los altos cargos se encuentran, de la noche a la mañana, con los bolsillos rellenos con un dinero del color de la brea.

Agradecidos a los correligionarios que los mantienen al frente de unas instituciones que les permiten ordeñar la administración hasta esquilmarla derivan parte de esos fondos al partido que, por su bien, debe seguir ganando elecciones. Pero España es una democracia. O intenta aparentarlo. Hay cosas tan poco convenientes como leyes para la financiación de los partidos políticos. Así que ese dinero de procedencia dudosa no puede permanecer en las arcas de partido. La solución es sencilla. Casi diría que brillante si no fuese porque difícilmente puede brillar algo entre tanta mierda: los nuevos reclutas de las listas electorales, que con el paso del tiempo aspirarán también a beneficiarse del sistema, hacen donaciones al partido y este les devuelve íntegramente el importe de sus dádivas en billetitos de quinientos euros sacados directamente del cajón de las mordidas.

Sé que a veces me paso de imaginativo pero en este caso no puedo aplicar aquello tan socorrido de que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Porque, como los viejos telefilmes que emitía Antena 3 antes de ser guay, todo este asunto está basado en hechos reales. Ahí es también donde me invade cierta frustración. Yo me inventé una trama para sostener Temporada de cizaña. Desde luego es una trama que bebe de todo lo que hemos estado viviendo en la Comunidad Valenciana en los últimos diez o quince años (quizá más pero yo solo he llegado a ver lo que se barría bajo las alfombras cuando empecé a trabajar en los medios allá por el 98) y que encaja la desmantelación de los servicios públicos -la televisión en este caso- con la desvergüenza de algunos cargos públicos y también privados. Pero a veces me da la sensación de haberme quedado corto.

En realidad mi versión, aunque diferente en los cauces y las formas, no difiere mucho en el fondo de lo que hoy en día están desvelando los implicados en el caso. Obviamente es un ejercicio de ficción así que supongo que os la podéis tomar como otra manera de asomarse y de comprender cómo ha funcionado la cosa pública en tierras valencianas. Y conste que no soy yo el que lo dice  ¿eh? 😉

Publicado en Otras cosas

El arte de la guerra

O se produce un cataclismo intergaláctico y una extraña fuerza paranormal lleva a los diferentes partidos con representación parlamentaria a firmar a toda prisa un acuerdo o, lo más probable, el fin de semana tendremos el primer debate de investidura fracasado de la historia de la democracia.

Hay quien le da a esto un tremendo dramatismo pero yo, después de darle vueltas al tema sólo he podido llegar a una conclusión: ¿y qué?

Sé que es algo totalmente antiespañol pero a mí el planteamiento de que un experimento fracase no me parece una pérdida de tiempo. Lo considero un mecanismo de aprendizaje. Por eso no veo mal que un mecanismo democrático como es un debate de investidura se lleve a cabo sin una perspectiva de éxito clara.

Creo que por primera vez desde la Transición (puede que incluso desde mucho más atrás) se está hablando continuamente de política sin poder dar nada por sentado. Pacto, negociación y consenso. Son palabras bonitas a las que no estamos demasiado acostumbrados.

Supongo que a los partidarios de la política del rodillo o a los fans de las dictaduras caribeñas esto les cae un poco grande. Pero a mi me gusta que mis políticos hagan lo que les pagamos para hacer: ir al Congreso, usar los mecanismos que nos hemos inventado para jugar a ser una democracia (por mucho que nos cueste a veces) y discutir. A cara de perro si hace falta, pero con luz y taquígrafos. Con todos los medios pendientes de lo que se dice y se deja de decir. Con retransmisiones en directo. Y también con la capacidad de juzgar quién tiene razón o deja de tenerla en primera persona.

Yo, que llevaba desenganchado y desengañado del juego político, me he encontrado siguiendo con interés todo el puñetero debate de investidura. Y aunque no salga un presidente de este ejercicio no voy a considerar que ha habido un tiempo perdido. El arte de la guerra se juega a largo plazo y ahí es donde se demuestra visión estratégica.

Hay viejos partidos que, pese a los lastres y a las estructuras heredadas lo han entendido perfectamente. También hay nuevos jugadores que comprenden que en una negociación uno gana en la medida en la que ninguno de sus socios pierde. Otros no, también hay nuevos jugadores encantados de regodearse en un viejo bolchevismo que aunque en la URSS tardaran setenta años en darse cuenta, no sobrevivió al propio Lenin. Y por supuesto hay siglas viejas, rancias en realidad, que siguen aparándose en una concepción del poder totalmente partrimonialista que hunde sus raíces en eso de que o estás conmigo o estás contra mí.

Solo espero que ese tactismo y esa estrechez de miras les acabe pasando factura en las próximas elecciones que todo el mundo da por seguras en ese corto plazo en el que algunos se empeñan en no abandonar. Yo sin embargo he soñado con un gobierno de colores en el que derecha e izquierda son solo dos manos de un mismo cuerpo regido por un programa con muchos más acuerdos que las disensiones que todo el mundo se empeña en señalar.

Total, soñar es gratis. Dialogar, también.

Publicado en versiones bizarras

Versiones Bizarras: Like a rolling stone

Tengo esto abandonado. No, abandonadísimo en realidad. Ya sabéis el dicho: en casa de herrero… Y yo, entre contenidos, blogs, informes y relatos varios (ahí no fallo; la segunda novela está en cocina, que conste) tengo mi blog en huelga de hambre desde hace meses. No es la primera vez que me pasa y, me temo, no será la última. La falta de tiempo es la razón principal, no lo niego; pero junto a ella hay otras que, si bien no son determinantes, se suman a lastrar todo intento de volver a reactivarme. Paradójicamente una de ellas es la falta de ideas. Sí, es triste que alguien que se dedica a buscar excusas de comunicación para sus clientes alegue que se ha quedado sin temas. Y en realidad es falso que no sepa qué escribir. El problema es, más bien, que no termino por decidirme a escoger un tema. Nada me parece lo suficiente determinante para reactivar el espacio.

Tal vez por eso he decidido sentar las bases para evitar que en un futuro sea esa ausencia de ideas la que me sirva de excusa para no darle un rato a la tecla. ¿Cómo? Muy fácil, inventándome un contenido recurrente. Muchos bloggers lo hacen. Creas una serie y así te garantizas tener algo sobre lo que ir escribiendo a lo largo de varias entradas. No se trata de hacer como una serie de televisión cualquiera y sacarte de la manga media docena de temporadas cuando el tema está agotado (y no miro a nadie ¿eh? gente de Dexter). Lo mío va a ser más bien una sección intermitente que me permita utilizar el comodín de la llamada cuando el polvo empiece a acumularse entre los artículos y no acabe de saber por dónde salir.

¿Y cuál puede ser ese tema recurrente? Bueno, he de decir que después de un año haciendo reseñas de tebeos en 360 Grados Press esa fue mi primera opción. Pero luego me di cuenta de que ya había escrito allí sobre todos los tebeos sobre los que, de momento, me apetecía escribir. ¿Películas? ¿Libros?…. Nah. Todo muy visto. ¿Música? ¡Bingo! En realidad hablar de canciones tampoco es el colmo de la originalidad. Y jamás llegaré a currarme un artículo tan enciclopédico como los de JotDown. Pero creo que aún me queda un hueco: las versiones.

Adoro las versiones de canciones. Me encanta que los músicos sean valientes, que cojan aquello que adoran porque han oído mil veces interpretarlo a sus ídolos y, sin ningún tipo de escrúpulo ni miramiento, se apresten a destrozarlo en una reinterpretación propia. No, es broma. No voy a escribir sobre el In the Ghetto de El Príncipe Gitano. Porque las versiones no tienen por qué ser sacrilegios musicales. A veces, con mucha más frecuencia de lo que pensamos, son homenajes sinceros de un músico a otro. Un reconocimiento de que tal vez sin esa canción tú jamás habrías aprendido a tocar un instrumento. Todos los que tocamos algo (sí, no os riáis; darle mamporros a los timbales, aunque sea a duras penas, ES tocar algo) practicamos, nos ilusionamos e incluso mejoramos un poquito recurriendo a las obras maestras de otros.

Por eso voy a abrir aquí un rinconcito esporádico dedicado a esas versiones valientes, curiosas, divertidas y, principalmente, de ese espíritu de homenaje desde la reinterpretación personal que hacen genial una versión. De ahí lo de bizarras que, para el que esté demasiado contaminado por el inglés, en castellano no significa extraño sino valiente. Porque espero que todas las canciones a las que le eche un vistazo por aquí tengan esa capacidad de darle un punto diferenciador de tocar una pieza de otro de una manera tan diferente que se acabe convirtiendo en un descubrimiento nuevo.

Y para empezar en esto de las versiones bizarras nada como una declaración de intenciones. Ya he escrito sobre ella pero es que me encanta. De cómo los Rolling Stones cogieron a Dylan y lo hicieron más suyo que el propio Bob Dylan. ¿Se puede pedir más? 😉