Publicado en Otras cosas

El arte de la guerra

O se produce un cataclismo intergaláctico y una extraña fuerza paranormal lleva a los diferentes partidos con representación parlamentaria a firmar a toda prisa un acuerdo o, lo más probable, el fin de semana tendremos el primer debate de investidura fracasado de la historia de la democracia.

Hay quien le da a esto un tremendo dramatismo pero yo, después de darle vueltas al tema sólo he podido llegar a una conclusión: ¿y qué?

Sé que es algo totalmente antiespañol pero a mí el planteamiento de que un experimento fracase no me parece una pérdida de tiempo. Lo considero un mecanismo de aprendizaje. Por eso no veo mal que un mecanismo democrático como es un debate de investidura se lleve a cabo sin una perspectiva de éxito clara.

Creo que por primera vez desde la Transición (puede que incluso desde mucho más atrás) se está hablando continuamente de política sin poder dar nada por sentado. Pacto, negociación y consenso. Son palabras bonitas a las que no estamos demasiado acostumbrados.

Supongo que a los partidarios de la política del rodillo o a los fans de las dictaduras caribeñas esto les cae un poco grande. Pero a mi me gusta que mis políticos hagan lo que les pagamos para hacer: ir al Congreso, usar los mecanismos que nos hemos inventado para jugar a ser una democracia (por mucho que nos cueste a veces) y discutir. A cara de perro si hace falta, pero con luz y taquígrafos. Con todos los medios pendientes de lo que se dice y se deja de decir. Con retransmisiones en directo. Y también con la capacidad de juzgar quién tiene razón o deja de tenerla en primera persona.

Yo, que llevaba desenganchado y desengañado del juego político, me he encontrado siguiendo con interés todo el puñetero debate de investidura. Y aunque no salga un presidente de este ejercicio no voy a considerar que ha habido un tiempo perdido. El arte de la guerra se juega a largo plazo y ahí es donde se demuestra visión estratégica.

Hay viejos partidos que, pese a los lastres y a las estructuras heredadas lo han entendido perfectamente. También hay nuevos jugadores que comprenden que en una negociación uno gana en la medida en la que ninguno de sus socios pierde. Otros no, también hay nuevos jugadores encantados de regodearse en un viejo bolchevismo que aunque en la URSS tardaran setenta años en darse cuenta, no sobrevivió al propio Lenin. Y por supuesto hay siglas viejas, rancias en realidad, que siguen aparándose en una concepción del poder totalmente partrimonialista que hunde sus raíces en eso de que o estás conmigo o estás contra mí.

Solo espero que ese tactismo y esa estrechez de miras les acabe pasando factura en las próximas elecciones que todo el mundo da por seguras en ese corto plazo en el que algunos se empeñan en no abandonar. Yo sin embargo he soñado con un gobierno de colores en el que derecha e izquierda son solo dos manos de un mismo cuerpo regido por un programa con muchos más acuerdos que las disensiones que todo el mundo se empeña en señalar.

Total, soñar es gratis. Dialogar, también.

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Autor:

Este plumilla es un periodista digitalizado y blogger en prácticas. Devorador de historia, batería frustrado y cocinero mediocre. En el DNI pone que se llama Marcos García y que nació en Valencia. Vive felizmente amancebado pagando a medias una dolorosa hipoteca. Tiene dos hijas y un gato. Le gustan los trenes, las novelas de Chandler, los sillones Chesterfield y el Beggar's Banquet de los Stones.

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