Aprendí un poco (sólo un poco) de vinos gracias a un programa de televisión en el que fui guionista. Hasta entonces había probado algo pero sin preocuparme demasiado en averiguar qué era lo que me gustaba y por qué. Haciendo ese programa, sin embargo, pude disfrutar del producto con todos sus matices. Ya no era sólo cuestión de abrir una botella y ver, oler y probar. No; era irte a las viñas de Utiel a las ocho de la mañana, era meterte en salas de barricas con doscientos años de antigüedad, era entender que los productos de la tierra llevan detrás toda una historia.

El caso es que desde aquel programa me he planteado el consumo de vino de otra manera. Me he aficionado más y, sobre todo, me he aficionado mejor. De hecho una de las primeras cosas que asumí entonces es que yo no tengo ni idea de vino. Y que tampoco lo necesito para disfrutarlo. Hay ciertos placeres que la gente se toma tan en serio que parecen algo casi patológico. Pasa a menudo con el vino y también con la gastronomía. No puedes decir que te gusta ir al Mcdonalds como tampoco puedes decir que te gusta un vino de dos euros.

Supongo que por eso no me ha dado nunca por escribir sobre vino ni sobre gastronomía. Bueno, hasta ahora. Vuelvo a trabajar directamente con el mundo del vino y eso ha hecho que me pique el gusanillo. De hecho, leyendo bastantes blogs sobre el tema, de dentro y de fuera de España, me he dado cuenta de que se debería tratar el producto de una forma más sencilla. Creo que por eso me voy a lanzar, por decir algo desde la ignorancia – que es muy atrevida – y desde la normalidad. Voy a mojarme. Sin romanticismos ni coupes du coeur.

Dejo de enrollarme y voy al grano. Este blog es un espacio para dar rienda suelta a mis filias y a mis fobias así que, con todos ustedes, a partir de ahora: mis vinos; los vinos que (a mi me) molan. Qué Vinisimo me perdone…

El primero es Las2Ces, como lo escriben ahora para que los guiris sean capaces de pronunciarlo. No es el vino más deslumbrante de Chozas Carrascal, tampoco es el mejor puntuado, pero es uno de los que siempre procuro tener por casa. Dos de mis uvas favoritas, bobal y syrah, con tempranillo. Supongo que es la esencia de lo que debería ser un vino mediterráneo: fruta, color, un toque de madera y una tremenda versatilidad para quedar bien casi con todo. Ah, y precio. Creo que en tienda una botella de Las2Ces está en torno a los cinco euros que es una cantidad más que asequible para un vino de este tipo. Vale la pena servirlo fresquito y, para mi, va ideal con una cena ligera a base de tapas.

Chozas Carrascal es una bodega relativamente joven y bastante atrevida. Trabaja con una variedad de productos muy amplia y ha sabido sacarle el máximo partido al concepto de coupage (aunque su vino más reconocido es un monovarietal). Yo los conocí cuando estaba en Entrevins aunque, gracias a una colaboración que realizamos en écran con el IVEX, llevo casi un año trabajando con ellos.  Desde hace poco (apenas una semana) se han convertido en un Pago, lo que quiere decir que se reconoce tal particularidad a sus productos que tienen el derecho a ostentar una Denominación de Origen propia. Están en Requena y si alguno se quiere escapar un fin de semana, vale la pena que les haga una visita porque son todos la mar de majos.

Ah, y que conste que este post no ha sido patrocinado con botella alguna😉