Si alguien, alguna vez, ha leído lo que he escrito aquí sobre música (que a tenor de las cifras de tráfico es bastante improbable) ya sabré que me gusta el Metal.  Si tuviese que escoger sólo un tipo (si me viese obligado so pena de perder la edición coleccionista de Predicador o algo así) tengo claro que me quedaría con el Power Metal más clásico pero, realmente me gusta casi todo el Heavy Metal. Casi. Hay una vertiente con la que nunca he podido: la más oscura, más pesada y más negra. No he podido nunca con el Black Metal. De hecho me tira para atrás el concepto de Extreme Metal.

Me gusta la velocidad, me gusta la potencia y me gusta el ritmo pero también me gusta la armonía y la complejidad musical. Supongo que por eso nunca me ha terminado de convencer el punk (salvo alguna cosilla más rockera). Y eso que el punk, en general, me parece divertido durante un rato. El Extreme, con tanto caos y tanto vikingo muerto, ni eso. De esta desafección surgió una cierta aprensión y, de ella, un prejuicio abierto a todo lo que huela a Extreme Metal. Por eso, cuando me hablan de voces guturales, enarco una ceja con suspicacia. ¿Growls? uf, yo paso.

Sin embargo, buscando algo de ambientación musical mientras escribía un guión de fantasía épica (por cierto, busco dibujante: espadas, brujas y todo eso, ya sabéis…) me encontré con Eluveitie y el Folk Metal.

Raro, ¿eh? Pero, aún así, muy buenos. Las voces guturales, los instrumentos tradicionales y las melodías folk crean un efecto casi hipnótico y generan ambientes que casi parecen reales. He seguido con interés este proyecto del flautista suizo Chrigel Glanzmann y me ha sorprendido gratamente encontrar detrás un puñado de músicos de sólida formación clásica,  tal cual me sucedió con los espectaculares Diablo Swing Orchestra.

Además de meter el Folk Metal en mi embrollado mapa metálico, Eluveitie también me ha reconciliado un poco con el growling. Resulta que esos gruñidos también pueden estar al servicio de la armonía, así que les he perdido parte de la aprensión y eso, obviamente, ha supuesto más descubrimientos. Puede que el más importante sea Arch Enemy.

Resulta que el Death Metal también tenía su lado melódico. Arch Enemy se ha convertido en uno de los grupos más potentes y más relevantes en el panorama metalero. Y lo han conseguido sin explotar la baza fácil del Female Fronted. De hecho que la cantante sea Angela Gossow es lo de menos y si la banda está donde está creo que es por lo sólido de la propuesta. No he escuchado ninguna otra banda Death tan melódica (aunque tampoco es que haya escuchado muchas…) – supongo que las guitarras de los hermanos  Amott tienen la culpa – pero lo que más me alucina de este grupo es su base rítmica, es brutal. Echadle un vistazo al arranque de Nemesis y decidme si no es físicamente imposible darle esa caña al doble bombo…