Publicado en Libros

Huxley tenía razón…

Me leí Un mundo feliz por recomendación de un profesor de filosofía del instituto. Al principio no terminó de convencerme el planteamiento. Supongo que lo tomé demasiado literalmente y no acabé de entender los peligros sobre los que nos estaba advirtiendo Huxley. De hecho, por aquella época, entendía mucho mejor la alegoría de Orwell y su Gran Hermano (qué tiempos aquellos en los que la Milá sólo presentaba tertulias…). De hecho hasta no hace mucho pensaba – muy apocalíptico yo – que 1984 era un libro visionario, quizá uno de los que mejor predecían lo que estaba por venir.

Sin embargo hoy en día me doy cuenta de lo equivocado que estaba al respecto. Ya llevaba tiempo rumiando que Huxley tenía razón y que sus vaticinios, enfocados desde un punto de vista mucho más fantasioso, era más acertados de lo que parecía a simple vista. Huxley formuló su hipótesis en 1932 cuando la sociedad de masas estaba apenas dando sus primeros balbuceos y el boom del consumo como motor económico tardaría en iniciar su eclosión. Cuando Huxley escribió Un mundo feliz la fecundación in vitro era ciencia ficción y al ocio le quedaban treinta años para empezar a ser una industria global.

Esta mañana he encontrado esta inquietante comparativa en Gurus Blog. Me ha parecido una gran comparativa de dos visiones distópicas que han marcado en gran medida el Siglo XX (y, en consecuencia, el XXI); además, creo que resume muy bien por qué, hace 78 años, Huxley tenía razón…

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Autor:

Este plumilla es un periodista digitalizado y blogger en prácticas. Devorador de historia, batería frustrado y cocinero mediocre. En el DNI pone que se llama Marcos García y que nació en Valencia. Vive felizmente amancebado pagando a medias una dolorosa hipoteca. Tiene dos hijas y un gato. Le gustan los trenes, las novelas de Chandler, los sillones Chesterfield y el Beggar's Banquet de los Stones.

4 comentarios sobre “Huxley tenía razón…

  1. Orwell y Huxley no son comparables. Las utopías de Orwell eran metáforas del funcionamiento de los regímenes totalitarios del siglo XX, tanto comunistas como fascistas, con una burocracia y un aparato policial que controlaban todos los aspectos de la vida privada de las personas. Huxley construyó un relato muy diferente que alertaba sobre la decadencia que acecha a las sociedades opulentas, cuando se vuelven acomodaticias y fácilmente manipulables. Organizaciones políticas muy poderosas han decaído por esta causa (recordemos el Imperio Romano), por lo que predicción de Huxley es poco más que una proyección hacia el futuro de algo que ya ha sucedido otras veces en el pasado. Orwell, en cambio, no era un visionario sino un activista político. Sus ficciones nos hablan de procesos históricos contemporaneos y muy reales, que se estaban produciendo en Europa y amenazaban con extenderse por todo el mundo. Hoy quedan pocos vestigios de estas tiranías militares al estilo de Corea del Norte.

  2. No pretendía trazar una analogía entre Huxley y Orwell, sin embargo sí que quise dejar patente el contraste entre dos visiones distópicas tremendamente populares.

    Como bien dices, sus obras hay que entenderlas en el contexto político y social en el que nacen. Sin embargo sigo pensando en la extraordinaria capacidad de Huxley para describir la ironía que se oculta detrás del ‘what we love will ruin us’; una ironía que él supo captar en una incipiente sociedad del bienestar y que no sólo se ha ido consolidando sino que, hoy en día, está íntimamente relacionada con la mayoría de problemas que afligen a nuestra sociedad (la consabida crisis económica, por ejemplo).

    El modelo socio-económico depredador (y sus decadencias recurrentes) quizá sea tan viejo como la especie pero su sublimación en forma de consumo como motor económico hay que buscarlo en los cambios industriales que Huxley vivió en los 20 y 30. El mérito que le otorgo al autor es el ejercicio de elucubración de hacia dónde podría conducir todo aquello.

    Por cierto, no creo que Corea del Norte sea el único vestigio de tiranía Orwelliana; abriendo un poco la mano podemos encontrar esa paranoia belicista y controladora en estados teocráticos – como Irán – o incluso, salvando las distancias, en democracias asimétricas como Israel.

    Muchas gracias por el comentario y por abrir un debate tan interesante!

    1. Sí, mencioné Corea por ser quizá el ejemplo más claro, aunque por supuesto también tenía en mente otros casos como los que indicas. En menor medida, la manipulación de la información (y de la historia) que practican prácticamente todos los gobiernos del planeta, incluídos los de ámbito regional y local, tienen mucho que ver con la parábola orwelliana, por lo que su obra es plenamente vigente en ese sentido. “1984” describe perfectamente el poder que puede obtenerse mediante un control absoluto de la información. China sabe lo que hace cuando pone barreras a Internet, mientras que los estados democráticos dedican cuantiosos recursos al mantenimiento de medios de comunicación afines al gobierno, agencias, asesores de imagen, equipos de prensa, etc., con el fin de ganar la batalla mediática.

      Volviendo a Huxley, creo que no se debe ignorar la influencia que tiene en su pensamiento la experiencia mística y los efectos de las drogas. Ello explica que en su caso concibiera una sociedad en la que el dominio político se pudiera ejercer mediante la administración de fármacos, convenientemente preparados para satisfacer las emociones primarias. Supuestamente, el bienestar físico inducido por las drogas (y reforzado por el adoctrinamiento oficial) sería suficiente para anular la conciencia, el sentido crítico, toda aspiración individual de superación, cualquier tentación de cuestionar el orden establecido.

      Ambos puntos de vista no son incompatibles. El dominio puede ejercerse tanto mediante el control de la información como a través de la satisfación de los instintos, y es posible que ambos fenómenos sucedan simultáneamente. Creo que las dos utopías se complementan a la perfección y son capaces de revelar aspectos importantes y profundos de la realidad.

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