Publicado en Comunicación, Pataletas, Periodismo

Sólo los cínicos sirven para este oficio

Este fin de semana he leído un post en Sin Futuro y Sin un Duro (un blog que debería leer más de un pope mediático, por cierto) que me ha hecho reflexionar sobre el papel que ha jugado la prensa en al cacareado caso Gürtel y, por extensión, en todas las tropelías diarias que cometen nuestra nunca suficientemente denostada clase política.

Recuerdo que, en la facultad, nos hablaban de Montesquieu, de Habermas y del cuarto poder (qué gran película). Entonces yo trabajaba en prensa local y me parecía que lo de que un alcalde se reuniese en privado con un grupo de constructores era una excepción y una lacra en el fiable sistema democrático. Tiempo después di con el trasero en la televisión autonómica y allí descubrí no sólo que la corrupción existe si no que es generalizada y descaradamente conocida: desde los directivos que discuten en la cafetería por ver quien tiene el despacho más grande hasta los sindicatos que torpedean a los opositores más capaces a cambio de funcionalizar a unos cuantos afiliados más; cubre todas las esferas, salpica a todos los departamentos y sólo la critican aquellos que no pueden participar de ella.

Conozco gente en otras televisión autonómicas y me consta que la situación es generalizada. Y no creo que sean la única empresas públicas podridas hasta el tuétano (de hecho lo sé). ¿Por qué no se dice nada? ¿Por que los medios sólo se hacen eco de la corrupción política cuando salpica a los grandes personajes de los grandes partidos? Pues quizá porque entonces la basura le huele tan mal a tanta gente que resulta imposible esconderla más. Y, en ese caso, todos sabemos que según el medio la información se sesgará en función de los intereses editoriales.

Y es que muy a menudo se nos olvida que los medios son empresas y son sus intereses empresariales los que guían sus contenidos. Por eso vemos atónitos como el grupo PRISA carga contra el gobierno sólo cuando éste aprueba una ley que perjudica sus intereses con respecto a las retrasmisiones deportivas. Los partidos usan sus medios afines como aparato de propaganda externo y, cuando están en el poder, los retribuyen o los castigan en base a no se sabe muy bien qué criterios. Y todos los periodistas lo saben y todos los periodistas se callan (nos callamos). Por que quien más y quien menos tiene hipoteca o hijos o se cree las mentiras que escribe a fuerza de repetirlas.

Por eso se publican las notas de prensa sin contrastar, por eso se cubren las declaraciones institucionales sin preguntas. Porque en España (que es el país que conozco y del que puedo hablar) los medios no informan, ni denuncian, ni combaten. Sólo atacan con saña si creen que pueden obtener del ataque algún beneficio.

Recuerdo haber devorado hace años un maravilloso libro de Ryszard Kapuscinski llamado Los cínicos no sirven para este oficio. Sin embargo hoy en día parece que sólo los cínicos pueden seguir este ejerciendo este oficio. A las empresas periodísticas no les interesa el derecho a la información, ni la libertad de prensa ni la democracia. Sólo están obsesionadas por mantener su cuota de mercado y de audiencia.

Y sin embargo parece que cada vez es más fácil comunicar, informar y transmitir. Las barreras de entrada han desaparecido y por primera vez los periodistas tenemos la oportunidad de convertirnos en el medio. Cuando todo el mundo tiene la capacidad de producir información nosotros tenemos la experiencia para editarla, para constrarla y para mejorarla. Ya hay muchas voces que empiezana a mostrar cómo hacer posible otro periodismo. Es muy difícil entre otras cosas porque, de nuevo, quien más y quien menos tiene hipoteca o hijos o ambas cosas y, además, todos tenemos la fea cosatumbre de comer a diario y todavía está por ver cómo la democracia y el derecho a la información real generan puestos de trabajo. Además, no creo que ninguno de los que alguna vez dijo que quería ser periodista pensaba en hacerse rico con esto.

Anuncios

Autor:

Este plumilla es un periodista digitalizado y blogger en prácticas. Devorador de historia, batería frustrado y cocinero mediocre. En el DNI pone que se llama Marcos García y que nació en Valencia. Vive felizmente amancebado pagando a medias una dolorosa hipoteca. Tiene dos hijas y un gato. Le gustan los trenes, las novelas de Chandler, los sillones Chesterfield y el Beggar's Banquet de los Stones.

Un comentario sobre “Sólo los cínicos sirven para este oficio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s