Esta mañana a primera hora, como todos los días, le he echado un ojo a la prensa (en internet) mientras me tomaba el re-desayuno🙂 y casi le escupo el café a la pobre pantalla: Los editores, en contra del plan de ayudas a la prensa del Gobierno. Llevo varios días (quizá incluso meses) poniendo a caldo los medios de comuniación por lo mal que están encajando la cacareada crisis de la prensa. Me indigna la actitud, la verdad, porque he pasado muchos años dando tumbos por redacciones de prensa, radio y televisión y sé que son ellos los que están cavando su propia tumba. Pero no voy a volver sobre el tema otra vez, sobretodo cuando el periodista Manuel M. Almeida ha hecho uno de los análisis más lúcidos de lo que él llama el fracaso de la prensa.

Lo que me ha parecido ya el colmo de la desfachatez es que la Asociación Española de Editores (AEDE), según cita El Mundo, argumente su crítica diciendo que “las medidas no suponen un plan estructural para un sector que es garante de derechos y libertades y no se acercan ni remotamente a las ayudas de otros países” (la negrita es del original). O sea que, para garantizar la independencia de la prensa, el gobierno debe intervenir en su economía y, de paso, extender un cheque en blanco a los editores para que puedan seguir empleando sus medios para felicitarle el cumpleaños al Pato Donald (otro adalid de los derechos y las libertades, dónde va a parar).

Me parece un planteamiento, cuanto menos egoísta; eso por no decir que es de un cinismo vergonzante. A los medios les (nos) encanta aparecer como adalides de la liberté, la egalité y la fraternité pero la verdad es que hace ya mucho que han perdido el compromiso con la información. Hemos llegado a un punto en el que incluso los intentos de una gran empresa por adoptar una estrategia de comunicación más transparente se considera un ataque a la exclusividad de la prensa como gestor del monopolio de la información.

Los medios de comunicación, como institucion, están ya muy lejos de ejercer ese cuarto poder del que habló Burke. Y no creo que debamos ser los ciudadanos, y los periodistas, de a pie los que les sufraguemos la respiración asistida. Sobre todo cuando otro tipo de prensa es posible.