Hay películas que, pese a no tener un planteamiento o un arranque especialmente interesante, van ganándose al espectador poco a poco hasta acabar convirtiéndose en toda una sorpresa que se revisa con satisfacción y se recomienda con gusto. Asesinato justo no es una de ellas. Uno podría caer en la tentación de preguntarse cómo es posible que se pueda lograr un producto tan insulso con un reparto como este aunque, en vista de algunos de los últimos trabajos de Pacino y De Niro, es mejor obviar la pregunta. En cualquier caso, películas tan simples en su planteamiento como Los padres de él o Ocean’s Thirteen tienen algo de lo que este Asesinato Justo adolece: ritmo, desarrollo y argumento.

La película está bien hecha – qué menos con un presupuesto de sesenta millones de dólares – aunque no destaca especialmente por su fotografía, ni por su dirección artística ni por su montaje. Sólo destaca, muy de vez en cuando, la acaparadora presencia de la ciudad pero eso no es mérito del director sino de la misma ciudad de Nueva York. La verdad es que la única sensación que transmite el film durante todo el metraje es la de una absoluta desgana. Por un lado Jon Avnet, un realizador competente, filma sin pulso; no vemos tensión, no vemos desarrollo en la historia, no vemos una trama policial que suscite nuestro interés; sólo vemos un planteamiento confuso, tejido en torno a un flashforward cuyo únic objetivo es tomarnos el pelo. Por otro lado el guión – obra de Russell Gewirtz, autor de la sorprendente Plan Oculto – parece escrito sin interés; la premisa que plantea, la de un asesino de malhechores, es interesante pero la serie Dexter la explota mucho más inteligentemente. Además, el argumento amaga con un giro final gratuito y tramposo que deja en el espectador la sensación de haber sido atracado a mano armada (será por eso que algunos ‘temen la placa, pero todos temen la pistola’ como no se cansan de repetir una y otra vez a lo largo del film).

Y qué decir del reparto… bueno, ellos pasaban por allí. No se puede decir que De Niro y Pacino lo hagan mal; no creo que sepan. Pero tampoco se puede decir que brillen porque, a fin de cuentas, no tienen nada que interpretar. Los personajes son planos y carecen de rasgos más allá del estereotipo. Esto hace que no comprendas por qué actúan y qué intereses les mueven- Y, lo peor de todo, es que no se profundiza en absoluto en ellos y los únicos datos que tenemos sobre su personalidad los tenemos que deducir de su estilismo. Sólo algunos de los secundarios – el detective interpretado por Leguizamo, por ejemplo – dejan entrever cierta alma. Al Pacino y Robert De Niro se limitan a permanecer en sus marcas, a decir sus frases y a realizar las acciones que les mandan. No transmiten nada a sus personas porque, a fin de cuentas, no hay nada que transmitir. Se nota que el único papel de los protagonistas es atraer espectadores incautos. Si no fuese por ellos Asesinato Justo no hubiese pasado de ser un telefilm de relleno, a fin de cuentas el guión no merece más.

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