In Pixar We Trust

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Llevo tiempo quejándome de lo lamentable que es la programación cinematográfica últimamente (y por últimamente me refiero a los últimos cuatro o cinco años). Y lo malo del caso es que, después del chasco que me llevé con Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, empiezo a perder las esperanzas incluso en los valores seguros que más horas de entretenimiento me han proporcionado.

Pero entonces llega Pixar y estrena una nueva película. Y el cine vuelve a ser un espectáculo maravilloso. Acabo de ver Up y me parece la mejor película que se ha estrenado en España desde Gran Torino.

Sin llegar a la perfección absoluta que para mi tiene Wall-E, Up es el retorno al cine de aventuras más clásico. El ritmo, la acción, los personajes… todo encaja a la perfección para trazar un espectáculo clásico que, además, la gente de Pixar ha sabido dotar de una impresionante profundidad humana. Me emocionó mucho la manera de trazar la biografía del personaje a través del prólogo; me fascinó como la perfección técnica de la animación sostiene parte de la narrativa; incluso me convenció en alguno de sus aspectos más convencionales (el desahogo cómico, la resolución de ciertos aspectos…).

Ojalá se hiciesen más películas como Up. Ojalá todos los estudios tuviesen el amor al cine que muestra Pixar. Ojalá todos los cineastas fuesen tan delicados con su trabajo. Ojalá encontrase más razones como esta para poder volver al cine todas las semanas.

Karaokes televisados

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Cuando una gran estrella muere los medios, ávidos de e mociones que enganchen a la audiencia, diseccionan cada aspecto de su vida. Michael Jackson no ha sido una excepción, ni mucho menos. Sin embargo toda esta saturación informativa me ha servido para darme cuenta de dos cosas: que soy capaz de tararear más canciones de Jackson de las que pensaba y que por encima de todo Jacko era único e irrepetible.

Supongo que este segundo aspecto es una auténtica perogrullada pero creo que muchas de las mentes pensantes que mueven los hilos de la industria cultural, musical y cinematográfica sobretodo, no se detienen a pensar lo importante que resulta. Ayer, paseando por un centro comercial, descubrí que todo lo que sonaba en la tienda eran versiones de grandes éxitos del pop español en los que la voz original había sido sustituída por el ganador de algún concurso de televisión.

No voy a ponerme a darle vueltas  a la SGAE, los derechos de autor y la murga de siempre; sin embargo si que creo que, cuando la industria discográfica se queja de los pocos discos que se venden debería plantearse qué tipo de discos se pretende vender y sobre todo deberían analizar qué tipo de música está dispuesta la gente a comprar. Las versiones, por ejemplo, no tienen sentido si no aportan nada a la ejecución original; yo soy un gran aficionado a las versiones de canciones clásicas (del rock, del pop, del jazz…) pero siempre que los nuevos intérpretes revisen la pieza original enriqueciéndola con su visión particular.

Desde luego los modelos de distribución ya no son los mismos que hicieron millonario a Jackson pero sigue siendo posible vender discos si la propuesta es interesante. Hace unas semanas me sorprendió la maravillosa fiesta de la música que se celebra en París; en cada esquina un grupo interpretaba a su manera y, casi todos los que tenían sus discos con ellos vendieron unos cuantos ejemplares. Muchos, además, promocionaban sus blogs, sus páginas en MySpace o, incluso, las de los grupos a los que idolatran.  Y el público estaba entusiasmado. La gente está ávida de música, de buena música, y si las discográficas no están dispuestas a dársela ya se preocuparán ellos de buscarla. Aunque sea en la calle.

Ángeles y palomitas

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Ayer por la noche Lucía y yo nos dimos una sesión de cine en sala grande. No es algo excepcional; cualquiera que nos conozca sabe que es raro que una semana no nos demos alguna dosis. Por eso, y por retomar viejos tiempos, voy a intentar que con cada visitilla al cine caiga un comentario en el blog. Me ha animado a empezar el hecho de que ayer viese una peli que las críticas no tardarán en poner a caldo pero que a mi me ha gustado bastante: Ángeles y Demonios.

Vaya por delante que no estamos ante un peliculón de los que harán historia. Pero yo tampoco me fui al cine buscando eso, la verdad. Ángeles y Demonios es, simplemente, un ejercicio de entretenimiento palomitero. Mejorando los resultados de El Código Da Vinci (que tampoco está tan mal) Ron Howard ha consiguido recuperar el espíritu de un cine de aventuras que la puñetera industria de Hollywood se empeña en matar.

Hacer películas para entretener no significa tratar al espectador como si fuese gilipollas, pasarse la coherencia interna del relato por salva sea la parte y aburrir hasta el ronquido con explosiones, persecuciones y frases que dan vergüenza ajena. No creo que haga falta hacer más mala sangre poniendo algunos ejemplos de bodrios en esta línea porque aquí no se salva ni el maestro Spielberg.

Frente a esta tónica mayoritaria en el cine de entretenimiento que invade las carteleras  Ángeles y Demonios tiene el mérito de conseguir meterte en la historia. No sabría decir cual es la combinación exacta de elementos que logran este meritorio resultado pero, sin duda, entre ellos están la producción impecable, el fantástico empleo de las localizaciones romanas, un tempo narrativo muy bien llevado y unos secundarios impecables.

La película tiene además la virtud de, pese a ser espectacular, no abusar de la grandilocuencia. Se nota el presupuesto y hay planos y efectos visuales realmente llamativos, pero la película no se basa en ellos para mantener la atención, al contrario; el aspecto visual es sólo una herramienta más al servicio de la narrativa. Creo que ese es el acierto de Ángeles y Demonios recuperar la estructura dramática típica del género de aventuras basada en los puntos de giro

Por supuesto que la película no es perfecta: el guión fuerza bastante algunos hechos (encajándolos casi que a martillazos) y, en general, varias de las premisas sobre las que se construyen las situaciones no se sostienen si las analizas detalladamente. Pero eso es un ejercicio que tienes que hacer a posteriori (si tienes ganas) porque mientras dura el film todo parece fluir a la perfección, el ritmo te arrastra y pasas dos horas recorriendo los secretos de las iglesias de Roma y disfrutando como un crío.

Para pasar un buen rato, entretenido y sin pretensiones.

Ah, se me olvidaba. No entiendo en absoluto la polémica que ha habido con el Vaticano. La Iglesia sale de esta película bastante bien parada ¿será que en la Santa Sede no se tomó nadie la molestia de leer el guión?

Qué locura, qué locura…

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Año nuevo vida nueva, creo que todos decimos lo mismo todos los años pero esta vez, y por lo que a mi respecta, ni miento ni exagero: ahora si que se acabó la tele. El programa de cine que tanto me ilusionó en un principio no era lo que me esperaba (ni yo ni ninguno del equipo) y desde hace un tiempo me estaban cortejando por otro lado. Ahora ya es oficial y lo puedo decir públicamente. Me acabo de incorporar con cargo (en inglés, jeje, como le gustan a Lu) al nuevo proyecto de Artvisual: se llama Summon Press y pretende crear un nuevo concepto de medios de comunicación o, el menos, pretende ser una plataforma que ponga a disposición de cualquiera las bases para hacerlo.

Para ser sincero todavía no tengo muy claro a dónde vamos a llegar (de hecho parte de mi primer trabajo va a ser definirlo) pero si que tengo claro que el reto es fascinante. Llevo años coqueteando con la Red (desde que terminé aquel lejano Máster en Periodismo Digital que se acababa de inventar El País) pero, salvo los proyectos puntuales y las colaboraciones continuas con un proyecto de contenido u otro, no la había acabado de ver como una opción real para los plumillas de mi calaña.

Craso error. En las últimas cuatro o cinco semanas me he dado cuenta de que el presente, ni siquiera el futuro, de los comunicadores debe ser Internet: el flujo abierto, las barreras de entrada mínimas, la sensación de comunidad,  la dimensión multimedia…

La verdad es que estoy muy verde en algunos aspectos (casi todos) y me queda mucho por aprender todavía pero el reto y la oportunidad son enormes. Además tenemos la oportunidad de experimentar con diferentes portales temáticos, con varios periódicos online y con una red de blogs. Lo que queremos conseguir es crear una consultoría que sea capaz de diseñar cualquier proyecto de medio online con posibilidades 2.0., desde la infraestructura técnica hasta el contenido.

De momento tenemos claro qué es Summon Press y qué queremos que sea. Ahora es cuestión de currar y conseguirlo.

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