Sobre turistas, viajeros y navegantes

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Estoy dándole vueltas ya a las vacaiones de verano y eso me ha llevado a plantearme de nuevo la situación del sector turístico en España. Tengo relación familiar y profesional con el sector minorista (mi hermana tiene una agencia de viajes en Valencia de la que soy socio) y llevo mun tiempo planteándome si la intermediación, a medio plazo, tiene sentido. O al menos si lo tiene tal y como funciona hoy en día.

Para todos aquellos que no sepan como va el negocio, el sector de los viajes de siempre, el de las agencias de barrio y los anuncios de Curro se va al Caribe, no ha evolucionado desde los años ochenta. Se juega a la oferta y no a la demanda. Para ellos las grandes mayoristas y agencias anquilosadas pueden seguir tirando pero no el futuro va por otro lado.

El sector está anquilosado y ve la Red como una gran amenaza. Por otro lado,  la gente en la Red también ve spam en todos los comentarios de un agente.

Curiosamente la Red podría beneficiciar al consumidor pero hay que pensar en él. El sector turístico no piensa en el cliente (sobretodo desde el punto de vista de mayoristas y alojamientos, se considera el turista como un borreguito que llega, consume y se va); es cierto que mucha gente se deja aborregar en este sentido y no tiene sentido crítico como para detenerse a pensar y plantarse. En cierto modo consumen viajes como quien consume ropa; en la medida de su disponibilidad y su presupuesto se gasta el dinero en función de las modas y las ofertas sin pararse a pensar muchas veces si es lo que realmente quiere.

Actualización 15/04/2009

En el blog de Territorio Creativo acaban de publicar un artículo sobre el marketing experiencial y el papel que puede jugar la Red 2.0. en el sector turístico.

Somewhere beyond the sea

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Qué cosas. Acabo de volver de crucero. Y eso que era un tipo de viaje que, a priori, nunca me había planteado hacer. Pero como uno nunca sabe por donde va a ir discurrir las cosas estas de la vida, me he pasado una semanita flotando por el Egeo. Ha sido, además, un viaje totalmente familiar, de los que llevaba quince años sin hacer y creo que todos hemos disfrutado mucho de la experiencia.

Obviamente no es tipo de viaje que recomiende a los aficionados al callejeo y el folclore de verdad (ese que te encuentras en los mercadillos, los parques y los baretos). El crucero es superficial, rápido y tremendamente aséptico pero he de reconocer que, como experiencia, ha sido interesante.

En cualquier caso no estoy escribiendo esto para regocijarme por el paseíto, más bien quería hacerme una reflexión en voz alta que me he planteado estos días sobre el negocio turístico. Creo que no lo he comentado todavía pero tengo vinculación familiar con el sector y eso me lleva de vez en cuando a analizar su sitación en función de cosas que veo, que oigo y que pienso.

En este caso me ha llamado la atención que el crucero, bajo una brillante superficie de servicio y eficiencia, oculta los defectos tradicionales que lastran al sector turístico y que suelen poder resumirse en el concepto de desatención al detalle.

Habitualmente se considera cada viaje como una experiencia cerrada, que no tiene por qué repetirse y, en consecuencia, se atiende correctamente al pasajero pero no se le mima. Esto en el mejor de los casos (y este crucero lo fue en ese sentido) porque hay mayoristas turísticas que dan un servicio bastante lamentable en cuanto a atención al cliente se refiere: se realiza un gran despliegue comercial para captar al cliente pero, después, no se le fideliza, precisamente, porque no se le sabe transmitir una sensación de cuidado, respeto y atención de principio a fin.

Voy a poner un ejemplo que vivimos nosotros en este viaje. La última noche, a fin de agilizar el desembarco al día siguiente, se cierra la facturación de cada camarote y se cargan todos los gastos. Y para evitar gastos no contabilizados durante esa noche se cierran con llave los armarios donde está el mueble bar. Así, sin avisar y a traición. Y si te has dejado un medicamento en la nevera te toca buscar a una camarera que pida autorización a la jefa de piso y para poder abrirte (suspicazmente) la nevera y, después, para volverla a cerrar. Ah, también te retiran el frutero que, a lo largo de todo el viaje, ha estado en tu camarote y las botellas de agua.

Sé que si se ha llegado a estos niveles será, seguramente, para evitar que se repitan algunos abusos, pero no deja de parecerme un comportamiento significativo (y eso que, en este caso, estoy hablando de una de una compañía de cruceros de gama media-alta y, se supone, que es una de las más reconocidas y más eficientes a nivel europeo). Las mayoristas y las operadoras turísticas no están dispuestas a dejar de ganar unos céntimos aún en perjuicio de su imagen y de la satisfacción absoluta de sus clientes.

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