Eppur si muove

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Que sí. Violentos, antisistema, perroflautas, conspiradores judeomasónicos o la Corporación Dharma. Lo que queráis decir. Es una rabieta sin propuestas ni trascendencia que no va a ningún sitio. Vale. Lo que queráis.

Y, sin embargo, se mueve…

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Liberales y conservadores

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En España no existe el liberalismo. En esencia lo que tenemos es unos señores muy conservadores que, en materia económica, tienen muy claro que ellos y no el estado son los mejor capacitados para gestionar sus dineros (algo que no debería extrañarle a nadie, la verdad). Y allá cada cual con su responsabilidad social y su conciencia.

Me haría gracia, si no fuese tan perverso, que estos herederos de la tradición hayan sabido apropiarse de la bandera de la libertad e, incluso, enarbolara para atraer a su causa a emprendedores, economistas, etc…  La paradoja radica en que en cuanto alguien les reconoce esa capacidad para garantizar la libertad económica, parece obligado a aceptar otro comportamiento nada liberal: la imposición de una moral rancia, beaturra y tremendamente populista.

Supongo que es el precio que se debe pagar para tratar de amalgamar en un sólo partido TODOS los movimientos que no son socialdemócratas ni nacionalistas periféricos. Y es que conseguir representar bajo unas siglas y una bandera a liberales, nacionalistas, monárquicos, democristianos, conservadores y otras especies conlleva, necesariamente, sacrificios. El primero es olvidarse de todo aquello que separa para centrarse en lo que une. El segundo es estar dispuesto a comulgar con ruedas de molino para que todos en el grupo puedan sacar algo de tajada. Curiosamente el recorrido funciona en sentido inverso.

¿Y en la práctica qué supone esto? Pues que si crees que tenemos demasiados cargos y demasiadas administraciones,  si piensas que el gobierno no debería jugar a hacer magia con la economía y también suprimir los subsidios absurdos, si crees que la tiranía de lo políticamente correcto y correcta nos está volviendo gilipollas, automáticamente, debes aceptar que  la condición sexual determina tus derechos,  que la Iglesia es el único árbitro autorizado para decir lo que está bien y lo que está mal y que, por qué no, la agitación y la propaganda son la única forma de hacer política.

Entiendo que, con un gobierno metomentodo que quiere incluso decidir hasta qué cuentos van a poder leer mis hijas, esgrimir la libertad como bandera (aunque sea de una manera tramposa) es una excelente manera de ganar puntos. Lo que no entiendo es porqué el resto de los ciudadanos lo permitimos. Como sigamos así todos los ateos, los progresistas, los no monárquicos y los que no vemos con buenos ojos a los gobiernos que regulan hasta a qué puede jugar un niño perderemos el derecho a reivindicar la libertad. Exactamente igual que perdimos el derecho de sentirnos españoles (por muy subjetivo que sea el sentimiento).

Hacer historia

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Entre todos los topicazos que estos días he escuchado con respecto al mundial me ha hecho mucha gracia lo que se ha insistido en que la selección ha hecho historia. Sé que el periodismo en general y el periodismo deportivo en particular se nutre de simplificaciones y de lugares comunes. Sin embargo lo de hacer historia me ha parecido el colmo de la simpleza.

Cierto, es la primera vez en la historia que España no sólo llega a una final sino que, además, la gana. Estupendo, somos campeones del mundo y bla, bla, bla. Pero de ahí a hacer historia…. buf. No sé, yo pensaba que hacer historia era desafiar al Senado y cruzar el Rubicón, pulverizando los dogmas morales sobre los que se asentaba la república romana. Hacer historia es poner la Tierra girando alrededor del Sol y arriesgarse a morir en la hoguera por ello. Hacer historia es encontrarse con América o descubrir la penicilina, aunque sea por accidente.

Sin quitarle mérito a los que se han batido el cobre en Sudáfrica, esta gente sólo (¡sólo!) ha hecho un buen trabajo. Uno que en España nunca nadie había hecho tan bien. Es cierto. Pero no han logrado nada cuyas implicaciones sean tan vastas y tan profundas que vayan a cambiar nuestra forma de ver las cosas. Mañana seguiremos teniendo un 20% de parados, nuestros políticos continuarán siendo un hatajo de incompetentes mezquinos y egoístas, todavía seremos el eslabón más débil de la cadena europea y, por supuesto, los holandeses continuarán usándonos como su destino de turismo basura.

Sólo he visto, de forma fugaz, un destello de esperanza en el periplo sudafricano. Durante una semana, por primera vez en bastante tiempo, todos hemos sentido una bandera, una identidad, una idea; pero fue una ilusión efímera que desapareció como vino. Vale, España ya ha ganado el mundial. Estupendo. Y ahora ¿qué?

El coste de oportunidad

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A lo largo de los tres últimos años ha cambiado algo mi manera de ver el mundo. Es fácil y cómodo juzgar el mundo real por lo que ves durante un par de horas tras descender desde tu cómodo palco de la redacción. Ahora soy yo el que tiene que luchar con el mundo real para sacar adelante un proyecto detrás de otro y eso ha cambiado mi percepción de las cosas. Claro que también es posible que me esté haciendo viejo

El caso es que a lo largo de este tiempo he ido entendiendo bien qué significa, a pie de calle, ese concepto económico del coste de oportunidad y ahora tengo la mala costumbre de aplicárselo a casi todo, aunque lo haga matizado y dándole un barniz utilitarista (en el sentido filosófico).Todo esto viene a cuento porque, con las semanitas que llevamos dándole vueltas al ‘paquete de medidas’, al escepticismo de los mercados sobre la capacidad de España para salir adelante y a la asboluta desconfianza en que nuestra clase política sea capaz de hacer algo al respecto, me he encontrado con este dato: El gasto militar total suma en España 18.161 millones de euros.

No quiero entrar en juegos demagógicos. Teniendo en cuenta que, frente a esos 18 millones, el cacareado paquete de medidas planeaba ahorrar apenas 15 millones de euros, sólo voy a hacerme una reflexión: ¿Cuál es el coste oportunidad de ese gasto militar? O, dicho de otro modo, ¿qué beneficio produce esa inversión? ¿cuál es su impacto en la economía real? ¿cómo va a hacer que las cosas mejoren? y ¿en qué va a ir mejor la vida de las personas (incluyendo la mía)?

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