Trance (Danny Boyle, 2013)

Deja un comentario

poster-trance-danny-boyle

Un descubrimiento casual. Una noche buscas películas sobre Londres y encuentras que Danny Boyle, entre fanfarrias e inauguraciones olímpicas, sacó tiempo para dirigir un largo con Vincent Cassel, Rosario Dawson y el profesor Xavier de jovencito. Y como sucede siempre que encuentras algo que supera con creces tus expectativas – porque sencillamente carecías de ellas -, disfrutas de una película sencillamente retorcida donde el retrato de un crimen, en lugar del negro, despliega una enorme paleta de colores saturados.

Trance cuenta la historia de un robo que se tuerce.  El asalto a una casa de subastas sale a la perfección salvo por un pequeño detalle: la pieza más valiosa ha desaparecido y el responsable de recogerla ha perdido completamente la memoria así que es incapaz de recuperarla. La solución de los asaltantes, un tanto descabellada, es buscar una terapeuta que, a través de la hipnosis, extraiga los recuerdos del subconsciente del desmemoriado. A partir de aquí la realidad se mezcla con la imaginación. El relato se confunde a ratos y la película nos lleva hasta un desenlace artificiosamente sorprendente.

Boyle es un director controvertido. Es posible que tenga tantos partidarios como detractores. Aunque no me cuento ni entre los primeros ni entre los segundos reconozco que tiene más películas que me gustan de las que me disgustan. Y, de hecho, creo que es un pilar fundamental del último neo-noir. Frente al thriller ramplón o las películas de acción obsesionadas con hacer que los coches exploten, Boyle tiene la virtud de devolvernos dos claves esenciales para el género negro: el escenario y los personajes. Creo que es una constante en su cine desde Trainspotting. Al menos del más canalla. Incluso esa inocente fábula que es Slumdog Millionaire debe gran la mayor parte de su éxito – incluidos los 8 Oscar – a lo bien caracterizados que están los personajes y, también, al fantástico despliegue visual que ofrece la película.

El responsable de esa imagen saturada de colores donde se juega tan bien con los planos y los encuadres es responsabilidad de Anthony Dod Mantle y su trabajo mereció un Oscar. En Trance es de nuevo el responsable de fotografía (también lo es de la adaptación televisiva de la serie Wallander, por cierto, donde lo visual se sitúa también al mismo nivel de lo interpretativo) y sólo por su buen trabajo ya merece la pena echarle un vistazo a la cinta: esos interiores saturados que sirven de contrapunto a una ciudad – Londres – armónicamente gris. Como una metáfora de la explosión que puede desencadenarse en cuanto rasquemos cuanto apenas la civilizada superficie.

Pero no es lo único que brilla en Trance. Sin duda el otro gran acierto del film es Rosario Dawson. No es nuevo ver cómo Vincent Cassel ejerce con autoridad despiada como jefe de un grupo de delincuentesMcAvoy no está mal. Pero me sorprende el registro de Dawson. Me la creo.  Y es difícil porque el personaje es a ratos bastante inverosímil. Quizá ese sea el punto más flojo de la película: que se deja ver. Visualmente te desborda. Es capaz de arrastrarte con su historia. Pero, cuando acaba, tienes una ligera sensación de que pese a lo entretenido que ha sido el espectáculo, pese a lo solvente del reparto y lo espectacular de sus imágenes, de alguna manera, te han tomado el pelo. Y aún así la recomiendo. Qué le vamos a hacer… Es una película negra, sobre robos, ladrones y oportunistas. No podíamos pretender salir totalmente de rositas.

El maestro de esgrima

Deja un comentario

Sin glamour, sin portadas de revista, sin un status de estrella, el 2012 se ha llevado a una figura del cine cuya muerte ha pasado algo  desapercibida: Bob Anderson.

¿Y quién es Bob Anderson?

Ya, vale; su muerte ha pasado desapercibida porque prácticamente nadie tenía ni idea de quién era esta buen hombre. Bueno, nadie no, en algunas publicaciones se han hecho eco del deceso pero para el gran público su pérdida va a permanecer  en el más absoluto desconocimiento.

Que sí, que sí ¿pero quién demonios es Bob Anderson?

Podéis echarle un vistazo a su biografía en la Wikipedia (pongo la versión en inglés porque la versión en español es bastante lamentable) o en IMDB. Bob Anderson era el maestro de esgrima de Hollywood. Empezó a coreografiar las peleas con espada del mismísimo Errol Flynn (aunque supongo que no lo hizo desde el principio porque, cuando se filmó ‘El Capitán Blood’, Anderson apenas tendría 13 años…). Desde entonces ha estado metiendo el sable en casi todas las grandes producciones en las que se han cruzado aceros. O láseres porque incluso la saga de Star Wars le debe algunos de sus duelos más memorables. De hecho se dice que quien vestía la máscara de Vader en la pelea final de El Imperio Contraataca era él.

Y si esto no os parece suficiente para elevarlo a la categoría de mito (friki, vale) del celuloide apuntad que el duelo entre Íñigo Montoya y Westley de la Princesa Prometida fue también cosa suya.  Lo último que hizo fue enseñarle a Viggo Mortensen a repartir mandobles como un auténtico heredero de Isildur.

¿Es o no es una lástima tener que decir adiós a una figura semejante?

Los buenos también molan

Deja un comentario

Desde navidades tenía pendientes los tres tomos de la genial integral de Predicador que Planeta publicó el año pasado. La serie de Ennis es un clásico que, junto con Sandman y algún otro título más, aupó a Vértigo al Olimpo del cómic (un Olimpo del que está cayendo en picado, por cierto…). Yo no la conocí hasta bastante tiempo después de su salida al mercado y mi aproximación a la serie había sido siempre fragmentaria e incompleta. Ahora, después de saldar la duda pendiente, puedo decir que me he zampado una auténtica maravilla.

Como creo que todo se ha escrito ya al respecto y cualquier comentario que le pueda dedicar sería redundante sólo voy a apuntar una reflexión sobre la obra: en el fondo los buenos también molan. A Ennis se le llena la boca con sus chicos malos y el gamberrismo de sus obras es palpable pero en el fondo el reverendo Jesse Custer es un pedazo de pan (duro, claro…). Lo grande del personaje es que es un bueno de los de antes pero con todas las complejidades de los tiempos de ahora. Es decir, como Ennis se pasa lo políticamente correcto por el forro de la sobrecubierta, puede poner las cosas en su sitio. Custer es bueno porque hace lo tiene que hacer. Sin importar a qué lado de la ley quede. En palabras del propio personaje “la ley sólo es útil cuando sirve para hacer el bien”.

Cuando los buenos se hicieron aburridos, planos y, lo peor, guapos que te cagas, nos dimos cuenta de que los malos tenían mucho más rollito. ¿A quién no le entran ganas de reventar Alderaan cuando escucha la marcha imperial? Pero con tanto malo guay se nos han olvidado los buenos que molan, los buenos de verdad, los que hacen lo que tienen que hacer pase lo que pase. En la vida real es muy complicado distinguir a los héroes de los fanáticos pero en la ficción es un auténtico placer encontrar encontrar uno de esos tipos de moralidad irreprochable pero de reputación más que dudosa.

Reconozco que el concepto es muy norteamericano (los malditos mitos del revólver y la frontera…). El western – el de verdad, el que sabe a polvo y a fracaso – está lleno de estos tipos. El oficial Will Kane de Sólo ante el peligro, el viejo Rooster Cogburn de Valor de Ley, el pistolero Bill Munny de Sin Perdón… A un lado y a otro de la ley había tipos implacables que, pese a las muescas en la culata y los carteles de Se Busca, se regían por un código moral inflexible. Con las pintas de Cooper, Wayne o Eastwood creo que ellos son el tío que, en el fondo, a todos los hombres nos hubiese gustado ser.

Supongo que por eso el western es un género eminentemente masculino. Y Predicador, desde luego, es un gran western. Uno de esos en los que la ley no suele estar del lado de los buenos y en el que el protagonista hará lo correcto, pase lo que pase. Aunque lo correcto sea ir a patearle el culo al mismísimo Dios por cretino, sádico e irresponsable.

The Badass Vampires!

Deja un comentario

Hace la friolera de 17 años (uf!) aparecieron por la gran pantalla un Tom Cruise rubio (más uf!) y un Brad Pitt de lo más coquetón haciéndose el vampiro. Recuerdo que vi Entrevista con el Vampiro (Neil jordan, 1994) en su estreno y recuerdo también que no me gustó nada. Entonces yo tenía quince añicos y el gusto cinematográfico un poco por civilizar (ese año también vi de estreno Dos Tontos muy tontos…) pero los años, y las revisiones, no han mejorado mucho mi opinión. Es cierto que la peli no está mal. Está considerablemente bien ejecutada y, además, a mi me gustan los vampiros ¿Entonces donde está el problema?

Pues me ha costado pero casi veinte años después lo he encontrado. El problema es el puñetero vampiro guaperas con chorreras. De verdad. Que haya tenido que venir la familia Cullen a despertar mi más absoluto desprecio para darme cuenta… Aunque realmente no han sido los emochupasangres los que me han puesto sobre la pista. Qué va. Quien me ha ayudado a entender que esos vampiros no molaban nada ha sido el Príncipe de las Tinieblas ¿Drácula? No, no. Alguien aún más perverso: Stephen King. Bueno, realmente el culpable ha sido Scott Snyder pero King también andaba por allí y nunca hay que desperdiciar la oportunidad de agradecerle al maestro los escalofríos.

En narrativa es habitual utilizar la antítesis como herramienta para realzar las cualidades de un personaje. Cuando enfrentas a alguien a su némesis esperas que el lector o el espectador entienda lo bueno de un personaje visualizando la maldad de su contrario. Pues bien, en mi caso hay un bicho parido por Scott Snyder, y bendecido por King , que me ha ayudado a ver que los Cullen, Louis, Lestat y el resto de emovampiros son una panda de nenazas.

Drácula, también el de Coppola, es un caballero, es un tipo refinado y sofisticado que, sin embargo, disfrutaba como un cochino en una charca abriendo gaznates. La grandeza de la criaturita de Stoker, de la de Polidori es su brutal naturaleza. La civilización, la pose aristocrática, sólo es un leve camuflaje para los instintos más animales. Por eso molan. Porque son una bestia liberada. Snyder lo entiende. Y lo mangifica. Su vampiro da miedo. Da mucho miedo. Además, en su caso, ni siquiera se molesta en disimularlo con una pátina de civilización.

Me parece que American Vampire es un tomo imprescindible para la biblioteca comiquera de cualquier aficionado al terror. Pero no sólo al terror. Mención a parte del arte (todo un descubrimiento el señor Albuquerque) creo que hará disfrutar como enanos a los que alguna vez echaron una partida de la llamada de Chtulhu o vieron al Grupo Salvaje sembrar el caos en la frontera. He tardado en hacerme con él pero no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Es más, ya estoy esperando que salga más material. Me gusta mucho ese Badass Vampire. Ya era hora de devolverle la dignidad al chupasangres.

American Vampire 6 Cover by *rafaelalbuquerqueart on deviantART

Older Entries

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.004 seguidores