Tengo que reconocer que cuando era pequeño yo era más de TENTE. Luego pasaron los años, yo me hice mayor. Y más friki. Lego sacó su línea StarWars y ya no hubo vuelta atrás. Las piececitas de los daneses me molan. Sobre todo ahora que soy padre. En cuanto mis hijas cumplieron la edad reglamentaria les endosé un paquetito de Duplo para probar. El experimento fue un éxito; gracias a él el mobiliario de casa ha sobrevivido a los domingos de invierno sin parque y yo he vuelto a construir cosas que ellas, afanosamente, destruyen.

La verdad es que hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Por eso les tengo simpatía a los daneses de los bloques. Por eso y porque se lo curran. Son una de las empresas  más avanzadas en cuanto a innovación abierta. Además son capaces de darle una vuelta de tuerca a todas las franquicias que adquieren para adaptar. Le echan imaginación a sus acciones y eso se nota. Una de sus últimas campañas, que he descubierto gracias a Puy Trigueros, es un ejemplo genial de lo que se puede hacer con imaginación y unos cuantos bloques. Única y exclusivamente.

Cuando la comunicación se basa en ideas manidas, en mensajes evidentes y creatividades poco creativas, una idea tan simple y tan directa es sencillamente genial. Cuesta un poco pillarla. Quizá por eso tiene todavía más mérito…

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