The man in the mirror

2 comentarios

Llevaba unos días dándole vueltas a qué escribir cuando volviese de vacaciones; a fin de cuentas, diez días en París entre literatura, gastronomía y cine dan para muchas líneas. Sin embargo creo que el primer post de mi regreso debe ser una nota de duelo para quien, sin duda alguna, ha sido y será uno de los mayores fenómenos de la historia de la música. Quizá uno de los últimos. Creo que ya sabréis todos que hablo de Michael Jackson.

No tengo demasiado aprecio por el pop y nunca fui un gran fan suyo pero al César lo que es del César: Jacko revolucionó el concepto de la música de masas como en su día hicieron los Beatles y estoy convencido de que el mundo no sería hoy igual sin su toque y su desmesura. Y es que esa nota exagerada, histriónica y totalmente desmedida son parte de su mérito y de su leyenda. Jackson supo convertir la música en un auténtico espectáculo sin precedentes. Su sentido cinematográfico de la interpretación logró elevar sus videoclips a la categoría de auténticas piezas fílmicas. Para ello incluso supo convencer al mismísimo Martin Scorsese para que se pusiese tras las cámaras en el video de Bad.

Y desde luego no fue el único director importante con el que contó; Thriller estuvo dirigido por John Landis, Remember the Time por John Singleton y The don´t care about us por Spike Lee. Su relación con el cine fue incluso más lejos, además de hacer sus pinitos como actor – emulando al espantapájaros de el Mago de Oz o haciendo un cameo en los dos MIB – produjo sus propias películas o innovó con técnicas de efectos especiales nunca vistas (como el morphing de Black or White)

Para su música, por supuesto, también era un perfeccionista obsesivo y, como me ha recordado el único uzbeko de la Olivereta que habita en Arizona, Michael Jackson supo buscar a los mejores músicos para dotar a sus trabajos de una ejecución técnica impecable. Por eso, incluso los que no hemos sido grandes seguidores suyos, somos capaces de recitar de carrerilla la letra de más de una docena de canciones; de hecho creo que todos tenemos al menos una entre nuestras favoritas (la mía es Give in to me, con esos fills de Slash que arropan al Rey del Pop aprovechando el último tirón del Glam Metal).

Desde luego, un personaje tan desmedido sólo podía tener un final trágico y triste; era la única manera de no hunidirse en su propia miseria, de no verse arrastrado por escándalos sexuales y deudas vergonzosas. Ha sido el único modo de trascender definitivamente de la normalidad y pasar, para siempre, a formar parte de la leyenda. Bueno pues va por él, va por la leyenda: Gonna Make A Difference / Gonna Make It Right

Vampiros de serie B

2 comentarios

No sé muy bien por qué pero, desde que recuerdo, me han fascinado los vampiros. Incluso cuando era un nano y se supone que los monstruitos debían aterrorizarme, me recuerdo lector voraz de libros como El pequeño vampiro. Luego la fascinación se enriqueció gracias a los cuentos clásicos, las viejas pelis de la Hammer que emitían en La 2, al Salem’s Lot de Stephen King o a los tebeos del CreepShow que leía en el barbero al que me llevaba mi abuelo.

Supongo que, con estos antecedentes (y pese a que mi interés por el mito abarca también revisiones y vueltas de tuerca como el universo de La Mascarada o ese interesante experimiento de marketing que ha sido True Blood), es normal que toda referencia al vampiro clásico – el de la capa y el acento transilvano – capte de inmediato mi interés. Por eso, cuando en Zona Fandom me descubrieron El Príncipe de la Noche, decidí rascarme el bolsillo y pasarme por una tienda de cómics para buscarlo.

Me he pasado el fin de semana dando cuenta de él en la playa y tengo que decir que no me han dolido los 24€. La verdad es que el guión no es una maravilla y contiene un par de escenas con diálogos un poco vergonzantes de puro ridículo (por cierto, a los chicos de Glénat se les han escapado algunas erratas). Aún asi me ha gustado mucho. Swolfs recupera el sabor del vampiro clásico recurriendo a todos los arquetipos de la serie B. La apuesta era arriesgada porque podría haberle quedado un refrito un poco lamentable pero le ha funcionado muy bien. En el cómic esta simpleza de planteamientos da más agilidad y permite crear un relato dinámico.

En el apartado gráfico es una joya. Los dibujos de Swolfs son una pasada pero, además, la reconstrucción de los escenarios históricos y de ese París de los años 30 es soberbia. También me ha sorprendido mucho el uso narrativo que se hace del color: las gamas frías y grisáceas para la soledad de un castillo, el resplandor dorado para las noches en el teatro de la ópera o el rojo y el negro para las veladasde invierno  junto a la hoguera.  En ocasiones es casi cinematográfico.

El Príncipe de la noche no es ni mucho menos original y en ocasiones cae en algún que otro tópico prescindible pero desde luego es una buena obra. La estructura del relato es muy ágil, el dibujo de Swolfes es esmerado y minucioso y la sensación que te queda después de haberla acabado es la de haber disfrutado considerablemente.

BSO recomendada:

The Butcher’s Ballroom, Diablo Swing Orchestra

¿Quién vigila al vigilante?

Deja un comentario

Esta mañana a primera hora, como todos los días, le he echado un ojo a la prensa (en internet) mientras me tomaba el re-desayuno :) y casi le escupo el café a la pobre pantalla: Los editores, en contra del plan de ayudas a la prensa del Gobierno. Llevo varios días (quizá incluso meses) poniendo a caldo los medios de comuniación por lo mal que están encajando la cacareada crisis de la prensa. Me indigna la actitud, la verdad, porque he pasado muchos años dando tumbos por redacciones de prensa, radio y televisión y sé que son ellos los que están cavando su propia tumba. Pero no voy a volver sobre el tema otra vez, sobretodo cuando el periodista Manuel M. Almeida ha hecho uno de los análisis más lúcidos de lo que él llama el fracaso de la prensa.

Lo que me ha parecido ya el colmo de la desfachatez es que la Asociación Española de Editores (AEDE), según cita El Mundo, argumente su crítica diciendo que “las medidas no suponen un plan estructural para un sector que es garante de derechos y libertades y no se acercan ni remotamente a las ayudas de otros países” (la negrita es del original). O sea que, para garantizar la independencia de la prensa, el gobierno debe intervenir en su economía y, de paso, extender un cheque en blanco a los editores para que puedan seguir empleando sus medios para felicitarle el cumpleaños al Pato Donald (otro adalid de los derechos y las libertades, dónde va a parar).

Me parece un planteamiento, cuanto menos egoísta; eso por no decir que es de un cinismo vergonzante. A los medios les (nos) encanta aparecer como adalides de la liberté, la egalité y la fraternité pero la verdad es que hace ya mucho que han perdido el compromiso con la información. Hemos llegado a un punto en el que incluso los intentos de una gran empresa por adoptar una estrategia de comunicación más transparente se considera un ataque a la exclusividad de la prensa como gestor del monopolio de la información.

Los medios de comunicación, como institucion, están ya muy lejos de ejercer ese cuarto poder del que habló Burke. Y no creo que debamos ser los ciudadanos, y los periodistas, de a pie los que les sufraguemos la respiración asistida. Sobre todo cuando otro tipo de prensa es posible.

La tele, los medios y Twitter…

Deja un comentario

Esta mañana he estado en unas jornadas en la Cámara de Comercio de Valencia sobre marketing online en las que hemos podido escuchar a gente de Google, Microsoft, PayPal y Tuenti. Realmente el tema en sí de las jornadas es lo de menos; lo que ocurre es que durante las charlas he ido tomando conciencia de las posibilidades periodísticas de Twitter.

Hace casi una semana me quedé enganchado a la retransmisión que hizo 233 Grados de la presentación de los premios INVI de RTVE. Fui siguiendo el desarrollo de todo el acto a través de los Tweets que enviaba la persona encargada de cubrir el evento y tengo que darle mi enhorabuena porque supo captar mi atención desde el primer momento.

Aunque apenas llevo unos meses usando Twitter pero no es la primera vez que veo un uso de este tipo. Muchos usuarios del pajarico informan a los que los siguen cuando están en un acto interesante y les cuentan como se desarrolla éste.

Periodísticamente el canal ofrece unas posibilidades espectaculares, eso sí, si los profesionales de la información son capaces de adaptarse al código específico de Twitter. No lo digo sólo por los 140 caracterese; hay muchos medios cuya actitud de cara a  este canal consiste en hacer un volcado de titulares (que termina convirtiéndose en otro tipo de spam).

Twitter para mi es una gran conversación en tiempo real y esa es clave de la revolución periodística que ofrece. Se puede narrar un acontecimiento in situ pero, además, permite a quienes lo están siguiendo interaccionar con el informador.

En el caso de las Jornadas de la Cámara de Comercio, Twitter permitió que los compañeros que se habían quedado en la oficina se echasen una risas a costa del representante de Microsoft (que no lograba hacer funcionar su .pptx en un Office 2003). Esa fue la excusa para iniciar la conversación; a partir de ahí ellos participaron incluso y en el acto, nos enviaron algunas dudas y nos plantearon preguntas para los ponentes.

Creo que esa es la clave periodística de Twitter: tiene la capacidad de hacer al público partícipe, a través de los periodistas,de un acontecimiento; los lectores pueden preguntar, realizar peticiones o transmitir sus dudas. En lugar de tomarla con Google, los medios deberían darse cuenta de que no sólo es posible otro periodismo, si no que, además, se puede llevar a cabo sin ellos…

ACTUALIZACIÓN 9/06/2009

Por lo visto Twitter sirve hasta para hacer entrevistas en directo. Brandlife le ha hecho hoy una a Julio Alonso y la verdad es que ha sido muy interesante ir siguiédola mientras estaba en marcha.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.