Deconstruyendo el American Way of Life y tal

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Reconocida en los Globos de Oro y prácticamente ignorada en las nominaciones a los Oscar, el último trabajo de Sam Mendes es una curiosa reflexión sobre el American Way of Life. Casi podríamos considerarla como la otra cara de American Beauty, el film que hace casi diez años, dio a Mendes la fama como director. Las comparaciones, a priori, son inevitables puesto que, de nuevo, volvemos a encontrarnos con una revisión de la familia como nucleo estructural del modo de vida americano. Sin embargo esta vez Mendes cambia diametralmente de tono y de registro para mostrarnos una agria visión de las relaciones, de la incomunicación y del papel fundamental que juega el egoísmo en la crisis de una pareja.

Quizá el film ha despertado demasiadas expectativas y, realmente, no estamos ante una de las mejores obras de Mendes. Aún así Revolutionary Road supone una inyección de calidad a la paupérrima oferta cinematográfica que nos ofrecen últimamente las carteleras. El film supone, además, un verdadero ejemplo de construcción narrativa puesto que el desarrollo de la historia se plantea y casi se concluye en los primeros diez minutos del film. A partir de ahí lo que el director nos muestra es una auténtica exposición de motivos que justifican le planteamiento de la película.

Sin embargo Revolutionary Road no adolece, en ningún momento de falta de ritmo o de interés. Obviamente hay curvas en la tensión dramática pero no llegan a caer en ningún momento hasta un punto que no se pueda recuperar rápidamente la atención del espectador. Y la verdad es que el gran mérito de este pulso está en la interpretación. Considero a Kate Winslet una actriz excepcional y su papel en Revolutionary Road me da argumentos más que suficientes para reafirmarme en esta tesis. Su compañero de reparto, Leonardo Di Caprio, ya nos demostró gracias a Scorsese que ha madurado mucho como actor y, sin llegar a brillar tanto como su compañera, realiza una interpretación más que solvente en este film.

Otro aspecto que llama la atención del film es su soberbia dirección artística. Mendes se ha caracterizado siempre por un exquisito cuidado de los detalles a la hora de rodar y esta película no es una excepción ni mucho menos.

Realmente Revolutionary Road no es una película excepcional, quizá la estructura que plantea el guión no es la más acertada para lograr una perfecta profundización en los personajes y, en algún momento, un par de situaciones pueden sonar un tanto forzadas. Pero estos desaciertos no lastran en absoluto la que sin duda es una de las mejores opciones de la cartelera en estos momentos.

Publicado también en Dieciséis-Novenos

Sobre turistas, viajeros y navegantes

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Estoy dándole vueltas ya a las vacaiones de verano y eso me ha llevado a plantearme de nuevo la situación del sector turístico en España. Tengo relación familiar y profesional con el sector minorista (mi hermana tiene una agencia de viajes en Valencia de la que soy socio) y llevo mun tiempo planteándome si la intermediación, a medio plazo, tiene sentido. O al menos si lo tiene tal y como funciona hoy en día.

Para todos aquellos que no sepan como va el negocio, el sector de los viajes de siempre, el de las agencias de barrio y los anuncios de Curro se va al Caribe, no ha evolucionado desde los años ochenta. Se juega a la oferta y no a la demanda. Para ellos las grandes mayoristas y agencias anquilosadas pueden seguir tirando pero no el futuro va por otro lado.

El sector está anquilosado y ve la Red como una gran amenaza. Por otro lado,  la gente en la Red también ve spam en todos los comentarios de un agente.

Curiosamente la Red podría beneficiciar al consumidor pero hay que pensar en él. El sector turístico no piensa en el cliente (sobretodo desde el punto de vista de mayoristas y alojamientos, se considera el turista como un borreguito que llega, consume y se va); es cierto que mucha gente se deja aborregar en este sentido y no tiene sentido crítico como para detenerse a pensar y plantarse. En cierto modo consumen viajes como quien consume ropa; en la medida de su disponibilidad y su presupuesto se gasta el dinero en función de las modas y las ofertas sin pararse a pensar muchas veces si es lo que realmente quiere.

Actualización 15/04/2009

En el blog de Territorio Creativo acaban de publicar un artículo sobre el marketing experiencial y el papel que puede jugar la Red 2.0. en el sector turístico.

Érase una vez…

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Tan sólo hace unos meses que descubrí que, entre los miles de archivos que los amables usuarios comparten desinteresadamente en la Red, circulan toneladas de cómics. Esto ha supuesto dos cosas para mi: ha aniquilado el poco tiempo libre que me quedaba y me ha ayudado a repoblar mis estanterías.

Gracias a la Red he ido descubriendo algunas series que hoy considero imprescindibles (y que he comprado religiosamente después de descargar dos o tres álbumes y comprobar que el desembolso valía la pena.

Entre todos estos hallazgos el gran descubrimiento para mi (y para Lu que me los quita de las manos sin esperar a que yo los lea) es Fábulas. Cuando leí la sinópsis me hizo gracia: un grupo de personajes de fábulas y cuentos infantiles – Blancanieves, el Lobo Feroz, Pinocho, los Tres Cerditos – han escapado del reino fantástico de los cuentos expulsados por un misterioso enemigo. Desde entonces habitan escondidos en el centro de Manhattan.

La idea me recordaba a Shrek y, como los dibujos que vi me resultaron atractivos, me bajé los dos primeros Fábulas. Me encantaron. El primer volumen está bien pero el segundo, Rebelión en la Granja, es una auténtica obra maestra. Me parece un gran homenaje a toda la tradición literaria europea de los dos últimos siglos y, al mismo tiempo, una crítica social cargada de ironía. Además creo que Willingham ha logrado revivir los cuentos con los que hemos crecido dándoles una pátina de cinismo e ironía absolutamente geniales. Y eso por no mencionar que los dibujos son una maravilla.

Creo que Fábulas se convertirá en un gran clásico, al mismo nivel que Sandman o Corto Maltés. La profundidad y la fidelidad a la hora de adaptar los personajes de los cuentos, la épica amarga que transmite y la ausencia de hipotecas con lo políticamente correcto han hecho de esta una de mis series de cómic favoritas.

BSO recomendada:

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