El discreto encanto de la burguesía [inglesa]

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Después de un año francamente lamentable en lo que a estrenos se refiere, es de agradecer encontrarse con películas como esta, cuya única virtud es, simplemente, estar bien hecha. Sin pretensiones, sin excesos y, sobretodo, sin demasiadas pretensiones. En resultado: una comedia que entretiene, hace reir a ratos y consigue que no lamentes haber pagado el dinero de la entrada. Que ya es mucho.

“Una familia con clase” (Easy Virtue) cuenta la historia de Larita, una flapper norteamericana que, recién casada con un jovencito británico, viaja a la Inglaterra rural para conocer a su familia política. Allí se encuentra con una mansión apolillada, anclada en costumbres victorianas, que contemplan con escandalizado horror todos y cada uno de los movimientos de la recién llegada.

La película se basa en una exitosa obra de teatro de Noel Coward que Hitchcock llevó a la gran pantalla allá por 1928. Sin embargo no estamos ante un remake sino ante una nueva adaptación del texto original; el director Stephan Elliot se esmera por trasladar el texto original el lenguaje audiovisual y el resultado es un filme que no resulta en absoluto teatral. Es cierto que, en algunos momentos, la película adolece de cierta falta de ritmo pero, en general, Elliot ha conseguido imprimirle bastante movimiento al conjunto. Y precisamente lo ha conseguido a través de tres elementos sumamente teatrales: la música, la escenografía y el reparto.

Como ya hiciese en “Priscilla, reina del desierto”, Elliot llena el film de canciones. Prácticamente todas ellas están integradas en el relata y, además, tienen una función narrativa: las melodías de Cole Porter que escucha la pareja protagonista o el tango que baila Larita hacia el final nos ayudan a comprender mejor sus acciones, motivaciones y relaciones. Es especialmente destacable, además, la adaptación de algunas canciones más modernas que, maquilladas en versión jazz y swing, pasan perfectamente por grandes éxitos de la época.

La dirección artística de “Una familia con clase” también es todo un acierto puesto que llama la atención, precisamente, por su discreción. Es curioso que todo en la suntuosa mansión de los Whittaker – la familia protagonista -, sea poco llamativo, anodino, aburrido, gris. Perfectamente victoriano. Se trata del contrapunto ideal para hacer destacar a la deslumbrante norteamericana. Y es que Jessica Biel – quien, a estas alturas de su carrera no se ha destacado, precisamente, por sus interpretaciones brillantes – compone un personaje más que solvente, capaz de lograr la complicidad necesaria por parte del público como para que la película funcione. Frente a ella un peso pesado de la cinematografía inglesa, Kristin Scott Thomas; sin duda la interpretación más destacada del film. El resto del reparto no destaca especialmente. Aunque todos realizan unas interpretaciones correctas, ninguno sobresale excesivamente salvo, quizá, Colin Firth. Su personaje, el señor Whittaker, se mantiene siempre en un segundo plano para no robar protagonismo a Larita aunque, las pinceladas de su pasado que se muestran, nos hacen ver un personaje de lo más completo.

Publicado también en Dieciséis-Novenos

Qué locura, qué locura…

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Año nuevo vida nueva, creo que todos decimos lo mismo todos los años pero esta vez, y por lo que a mi respecta, ni miento ni exagero: ahora si que se acabó la tele. El programa de cine que tanto me ilusionó en un principio no era lo que me esperaba (ni yo ni ninguno del equipo) y desde hace un tiempo me estaban cortejando por otro lado. Ahora ya es oficial y lo puedo decir públicamente. Me acabo de incorporar con cargo (en inglés, jeje, como le gustan a Lu) al nuevo proyecto de Artvisual: se llama Summon Press y pretende crear un nuevo concepto de medios de comunicación o, el menos, pretende ser una plataforma que ponga a disposición de cualquiera las bases para hacerlo.

Para ser sincero todavía no tengo muy claro a dónde vamos a llegar (de hecho parte de mi primer trabajo va a ser definirlo) pero si que tengo claro que el reto es fascinante. Llevo años coqueteando con la Red (desde que terminé aquel lejano Máster en Periodismo Digital que se acababa de inventar El País) pero, salvo los proyectos puntuales y las colaboraciones continuas con un proyecto de contenido u otro, no la había acabado de ver como una opción real para los plumillas de mi calaña.

Craso error. En las últimas cuatro o cinco semanas me he dado cuenta de que el presente, ni siquiera el futuro, de los comunicadores debe ser Internet: el flujo abierto, las barreras de entrada mínimas, la sensación de comunidad,  la dimensión multimedia…

La verdad es que estoy muy verde en algunos aspectos (casi todos) y me queda mucho por aprender todavía pero el reto y la oportunidad son enormes. Además tenemos la oportunidad de experimentar con diferentes portales temáticos, con varios periódicos online y con una red de blogs. Lo que queremos conseguir es crear una consultoría que sea capaz de diseñar cualquier proyecto de medio online con posibilidades 2.0., desde la infraestructura técnica hasta el contenido.

De momento tenemos claro qué es Summon Press y qué queremos que sea. Ahora es cuestión de currar y conseguirlo.

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