Community o algo….

A raíz de la publicación del White Paper sobre la funciones del Community Manager en España, que se ha currado la gente de Territorio Creativo junto a la AERCO estaba yo pensando si no estamos abusando un poco de un término, en el fondo, un poco forzado.

El Community Management (si, se dice así; lo del managing es otra cosa…) es un concepto que se ha puesto de moda, como el 2.0.  (que ya tiene un lustro) o incluso el SEO. Y creo que la atracción que está ejerciendo nos impide analizarlo en su justa medida. No le quito importancia y, de hecho, me dedico a ello más o menos, lo que me asusta es que estemos etiquetando todo como Community Management y se nos acabe por ir la mano.

Me asusta, por ejemplo, que algunos periódicos llamen Community Manager al becario de la edición digital o que algunas empresas digan que tienen un Community Manager como hace unos meses hablaban de tener un especialista en márketing online y, hace aún más, un técnico en márketing cuando, realmente, siempre han hablado de una persona que se dedica a enviar comunicaciones comerciales y a cerrar citas para los vendedores.

En mi humilde opinión la culpa de todo la tiene ese bonito concepto de ‘comunidad‘. Las empresas más listas se saben de memoria el Cluetrain y ven la conversación como una oportunidad pero de ahí a crear una comunidad con sus clientes potenciales hay un trecho ¿no?

Quizá, si en el ámbito hispano no tuviésemos un término tan poco afortunado para traducir el Public Relations de los anglosajones, podríamos repensar el Community Management eficaz como una versión online de las RRPP corporativas: orientación estratégica, contacto directo con el público, análisis exhaustivo de sus búsquedas, adecuación a estas de los mensajes empresariales y, por supuesto, capacidad para evaluar las acciones en función de la estrategia y los objetivos. Como apunta en parte el documento de la AERCO y Territorio Creativo, para todo eso debería servir el bendito Community Manager, y no sólo para hacer que las empresas tengan miles de fans en Facebook.

ACTUALIZACIÓN 17/11/2009

Qué cosas, resulta que lo mismo que barruntaba yo ya se lo había estado planteando gente más cualificada y mucho más experimentada en el EBE09.

Una lástima no haber ido porque esa sesión sobre Comunicación y Márketing 2.0. debió ser muy, muy interesante.

Hay un mundo aterrador ahí fuera, hoygan!

Me he pasado toda la tarde pegándome con un modelo de negocio que no funciona. No sé si lo he dicho alguna vez pero hace unos años se me ocurrió entrar como socio en una agencia de viajes (era joven e inconsciente…). El caso es que no os descubro las Américas si os digo que las agencias minoristas no son las empresas con las mejores perspectivas de futuro del mundo. Se impone un cambio de rumbo urgente y en esas estamos.

Tenemos algunas ideas de por donde tirar y un buen  nicho en el que centrarnos. Sin embargo, por mucho que quieras focalizar tu negocio, las agencias tienen un sambenito: sobreviven gracias a los hoygan.

Pese a ser un concepto viejo en la red desconocía el término (sí, lo sé, aún me queda muuuuucho por aprender) aunque me hubiese topado en más de una ocasión con su rastro (esas zetas y esas haches…brrrr). Pero, por mucho que hagan imposible la vida (y la cordura) de moderadores, bloggers o community managers, resulta que las peores tropelías no las cometen en la red si no en el vasto mundo que hay fuera. Y hoy lo he sufrido en mis carnes.

A punto de cerrar la agencia, después de llevar toda la tarde revisando planes e ideas, nos encontramos con que una señora mayor entra corriendo y se sienta frente a una de las mesas. Sin dejarnos reaccionar, ha pedido muy seria un billete de avión para las cataratas de Niágara. La agente le ha preguntado si quería hacer un circuito por Canadá, por Estados Unidos o sólo una estancia en Niágara y, que de ser así, si quería entrar por Toronto o por Nueva York. La señora, con cara de desconfianza, ha mirado a la agente y le ha preguntado muy seria que para qué quiere ir ella a Canadá (!). Que ella lo que quiere es un billete para las cataratas esas tan gordas del Niágara y que luego, si acaso, ya irá a ver al Perrito Moreno (sic). La agente, que ya está curtida en estos asuntos, le ha preguntado a la mujer muy delicadamente que para ir a ‘esas cataratas’ tendría que volar desde Buenos Aires. Entonces la señora, toda indignada ha respondido: ’si hombre, con lo mal que está México me voy a ir allí’.

Ya os podéis imaginar la cara que se nos ha quedado. Aunque lo más triste del caso es que, todas las semanas, entran en la agencia dos o tres de este tipo: desde la familia que cancela su viaje a Venecia porque no les ofreces una excursión por el Danubio hasta la señora que hace revisar todos los hoteles de Peñíscola buscando cual tiene ‘bilet’ en la habitación.

Con unos testimonios tan terribles sólo he podido llegar a una conclusión más aterradora: ¿no será que, en el fondo, el mundo es de los hoygan?

 

Soitu y el apocalipsis del periodismo

Esta semana el periodismo digital español se ha quedado sin uno de sus principales actores; el martes por la mañana un tweet de @sindolafuente hacía oficial el final de Soitu. Creo que se trata de un desenlace que nos ha soprendido a casi todos porque, después de casi dos años, considerábamos Soitu como un medio alternativo que aprovechaba bien las posibilidades de Internet. Sin embargo nos equivocamos.

El jueves, en Iniciador Valencia, comentamos un poco el cierre del medio y la principal causa de este desenlace: la inviabilidad económica del proyecto. Y no fuimos los únicos, desde luego. 1001 Medios ha recopilado un buen número de opiniones cualificadas al respecto.

Desde entonces llevo unos días dándole vueltas a la idea. Me preocupaba el caso especialmente porque el fracaso de Soitu parecía significar el fracaso de un modelo periodístico en el que muchos habíamos puesto nuestras esperanzas. Soitu estaba bien hecho (quizá un poco marcado ideológicamente), aprovechaba bien las posibilidades de contextualización y ampliación del hipertexto y el multimedia y jugaba bien con el concepto de comunidad.

Sin embargo embargo empiezo a pensar que el fin de Soitu no hace sino ratificar la crisis que vive el mundo de la prensa. Ayer estuve escuchando el análisis que ha hecho el periodista británico Nick Davis para la universidad de Coventry y cada vez estoy más convencido de que la principal razón que ha llevado a Soitu a cerrar es la herencia recibida del periodismo de toda la vida.

Davis apunta que la crisis actual es la culminación de un proceso que se inició en los sesenta.  La mercantilización de la prensa y la búsqueda del máximo rendimiendo económico fueron el primer paso; la pérdida de lectores que encontraban el espectáculo en otros medios (primero la televisión, después Internet) fue el segundo; el desplome del mercado publicitario ha sido el remate final.

Soitu también ha sido lastrado por este mismo proceso. El medio nació gracias a la participación de un gran grupo que buscaba invertir en Internet y en los medios de comunicación, seguramente buscando replicar el modelo de negocio de los periódicos convencionales. Soitu salvó el segundo eslabón de la crisis. Tenía un buen número de lectores; sus contenidos estaban bien adaptados y la legión de fans que se ha apuntado a la página de Facebook Yo leo Soitu.es demuestra además que era un público bien fidelizado.

Sin embargo no fue suficiente. Personalmente creo que no lo fue porque el display publicitario, el formato heredado de la prensa no ha soportado una estructura de un medio que, pese a ser más dinámica que otras, seguía siendo considerablemente grande (en algunos momentos de hasta 30 personas).

¿Quiere esto decir que Internet no puede soportar una estructura periodística mediana y profesional? Yo creo, y espero, que sí pero el modelo que haga sostenible esta estructura todavía está por definir. Quizá el fallo esté en pensar en grandes medios, en temas nacionales (o internacionales) y en obsesionarse por sustituir a los medios convencionales demasiado rápidamente.

Pienso que la gran ventaja de la Red es su inmediatez y también su capacidad para llegar donde las enormes estructuras y las rígidas rutinas de los grandes medios no llegan. Quizá los periodistas que buscamos un modelo diferente debamos ser humildes y empezar por organizarnos en estructuras más pequeñas, más próximas y, por supuesto, más fácilmente sostenibles con esa publicidad (o, por que no, o buscar otro tipo de publicidad más ajustada a este ecosistema informativo).